domingo, 8 de septiembre de 2013

¿Qué Estado?


En estos meses de “mover a México”, en estos días de movilización magisterial disidente, más los años que ha llevado el propósito de incorporar al país a las procelosas aguas de la economía global. En todo este tiempo agregado poco se ha ventilado el tema del Estado, no con el énfasis y la difusión ameritada. Extraña que a pesar de esa omisión, aquí y allá se frasea en forma de reclamo por la instalación de políticas de Estado (el plural ya es muestra de ignorancia) para atender demandas específicas de algún grupo de interés o gremio.

El punto es que el proceso reformador, que no nació con el actual presidente Enrique Peña Nieto, ha realizado una rehabilitación del Estado liberal oligárquico, burgués le dirán unos, que se enseñoreó en tiempos de Porfirio Díaz. Particularmente en la línea de presentar al Estado como garante y promotor de la inversión privada, sin interés y acción deliberada por instituir derechos sociales.

La actual versión del Estado liberal oligárquico se ha construido sobre el despojo de otro modelo histórico que hemos tenido, el Estado autoritario del bienestar, populista dirán otros. Estado éste que instituyó derechos sociales al tiempo que se sirvió del pacto corporativo para hacer viables sus iniciativas, donde empresarios, trabajadores y campesinos disponían sus intereses en la posibilidad de ser arbitrados eficazmente por el Presidente de la república, posibilidad efectiva mientras que se contó con un entorno mundial favorable que lo hacía manejable, verosímil como modelo. Ese entorno fue el conflicto Este - Oeste o la “Guerra Fría”.

En este dilema entre del Estado burgués o el Estado populista, la opción de un Estado liberal del bienestar no ha prosperado, ni siquiera como una discusión amplia y persistente, ha habido una discusión esporádica y recurrente cuando hay jaloneo político para obtener posiciones. Plantear la posibilidad real de establecer un Estado liberal del bienestar sí que apuntaría hacia una gran transformación. A cambio, lo que se nos da son las reformas de “gran calado” que afirman al Estado liberal oligárquico.

Éste Estado es de y para los empresarios, en el fondo no le interesa la educación de calidad pues omite definirla. De manera más amplia tampoco le apremia la política social, es un placebo, un instrumento para legitimar más que para transformar. La reforma educativa ha sido el pretexto para, entre otras cosas, repudiar el derecho de manifestación. El Estado que hoy se impone es tolerante con las deficiencias actuales de la educación, deficiencias afloradas precisamente cuando se echó a andar la segunda versión debidamente ajustada en sus inicios por el pacto con el magisterio ¿Se olvidan como llegó Elba Esther Gordillo?

Los modelos de Estado referidos, considerados como aproximaciones y no esquemas cerrados, se han implantado no sin conflicto o sin contradicciones. Cómo desde el Partido Revolucionario Institucional se fueron quitando las bases de su sustentación ideológica y Constitucional. Sólo hasta Ernesto Zedillo el presidente de plano ya no recurrió a la Revolución Mexicana para justificarse y prescindió del partido que lo llevó al poder.

El Estado actual tiene "alternativas" a la educación y parece disfrutar de su devaluación. Las aulas son avasalladas. Un reality show, una pauta publicitaria, una telenovela, dejan más mensajes actitudinales que una jornada de enseñanza aprendizaje dentro de la escuela. La apología de la violencia y el culto a las armas de fuego se han vuelto de lo más común en la televisión. La educación ha sido despojada de sus poderes salvíficos. Eso lo saben hasta los mismos profesores.

Por eso digo yo, si se quiere avanzar y transformar hay que empezar por definir qué Estado queremos.

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