domingo, 26 de abril de 2015

A dónde vamos

“Nunca una época ha estado tan dispuesta a soportarlo todo y a la vez encontrar todo intolerable”
G. Agamben

Ya en campañas ¿Ahora sí? Cuál es la diferencia para optar por un voto informado frente a la uniformidad desinformada de la clase política. Cuál es el efecto del voto nulo o de la abstención, no es evidente, se trate de un malestar o de indiferencia, contra y hacia los políticos y los partidos. Qué decir del voto de castigo el cual resulta en premio mayor para los ineptos.

En la pasada elección federal (2012) tuvo significación directiva la emisión del voto como una condena a la guerra de Calderón –no tanto por “combatir” al crimen organizado- sino por las medidas de excepción que dañaron los derechos humanos: Miles de muertos, de heridos y desaparecidos. Devastación por goteo.

Las elecciones 2015 enfrentan una situación similar pese a que no se juega la presidencia de la república. Tlatlaya, Ayotzinapa y Apatzingán –sonoridad infausta de la a y la t- son una réplica del estado de excepción instrumentado por Felipe Calderón. La fuerza pública se lanzó al vacío jurídico. La operación policíaca situada fuera de la norma jurídica. O sea, el estado de excepción significado por la suspensión temporal del orden jurídico. Es el núcleo por investigar de los casos de la a y la t.



De Ayotzinapa al menos se tiene la exposición de la verdad histórica a la que llegó la PGR: el despliegue de la policía municipal de Iguala pasando por encima de la ley dejó muertos, heridos y desaparecidos, los normalistas de Ayotzinapa.

De Tlatlaya se tiene una torpe investigación en curso, encubierta en un principio y hasta la fecha por el gobierno del estado de México: la acción de un patrullaje militar que concluye en la privación de la vida de presuntos delincuentes por encima del orden jurídico.

De Apatzingán, el enredo sin límites. Paramilitares (autodefensas) que primero fueron reconocidos como fuerza rural y luego destituidos, quienes iniciaron un plantón en el palacio municipal para después ser desalojados por la policía federal y horas después se convirtió en un baño de sangre atribuido a una disputa entre autodefensas. De nuevo el orden jurídico quedó suspendido.



Tres acontecimientos sangrientos que, a querer o no, están en la mente de los ciudadanos. Tres acontecimientos en posibilidad de orientar el voto como repudio al estado de excepción. Votos que se perfilan en contra de la administración de Peña Nieto. Lo deseable, ver al gobierno con valor para exponer la verdad. Si en el caso de Iguala la investigación se ha podido llegar a una verdad histórica, en parte debido a que se trata de un gobierno municipal en el cual no se encuentra directamente vinculado el partido en el poder. La investigación ha contado con ese espacio de maniobra. Pero Tlatlaya involucra directamente al secretario de la defensa, al gobernador mexiquense y, por extensión, al PRI. En el caso de Apatzingán el ajusticiamiento le quema las manos al ex comisionado, Alfredo Castillo, a la policía federal, a la Segob y, por extensión, al PRI. Por eso el Presidente se encuentra limitado para enfrentar la verdad de éstos dos casos. Quién dentro de su entorno tiene los arrestos para presentar una información creíble: el secretario de gobernación, el subsecretario de derechos humanos, la procuradora, el asesor jurídico de la presidencia.

La magnitud del problema se encuentra más allá de las versiones periodísticas. Se requiere de la experiencia, la pericia y la sabiduría de un jurisconsulto probado, en este caso para salvar a un Estado debilitado. Un Estado cuyos políticos han dejado de conducirse de acuerdo a las coordenadas de la realidad y el pensamiento, entregados todos a la virtualidad de la imagen y de las encuestas, así como al modo de sustituir el pensamiento con cifras.


Y cuando se habla de estado de excepción se evoca a Auschwitz, al estadio nacional de Santiago de Chile. Digo, para que nos andemos con cuidado a la hora de votar.

martes, 21 de abril de 2015

La democracia criolla

“Las transiciones falsas son un procedimiento de superficie muy favorecido”
S. Kracauer

Algo está podrido en Dinamarca, consigna la sentencia hamletiana. Lo que se puede ver en nuestra democracia criolla. Los dirigentes de los partidos convocados por el INE para inaugurar un foro de “ideas” itinerante a desarrollarse en paralelo con las campañas en curso. Es el colmo y al mismo tiempo entendible la convocatoria. Pues que no se supone que estos marbetes políticos, en su calidad de entes públicos sustentan ideas y están obligados por ley. De qué se trata ¿No han cumplido? Es entendible porque son escasas las ideas en los partidos o ya no se entiende qué entienden por ideas. Ahí están los memes triunfalistas de César Camacho o las campañas negras de los panistas.

En el foro acondicionado por el INE se vio un consejero presidente disminuido, al grado de convocar a su tutor para poner orden y llamar a la civilidad. Buenas intenciones que no le quitan lo penoso a este performance, según me dejó ver Once Noticias.

Más de nuestro criollismo. El lunes empezaron las campañas, de veras, no es broma. Lo de antes fueron propaganda pegada y pagada para después bajarla. De multas que se impusieron, del Verde y Morena en frenética campaña, pero apenas iniciaron el lunes. Los tiempos, como la ley, son flexibles.

Mucha gente está enojada con el Verde, y con razón, por infringir la ley reiteradamente a la luz pública. Lo inquietante, por quienes suponen una contienda de ideas –es mi caso y de otros ingenuos más- es el porcentaje de intención del voto o aceptación que tiene el PVEM entre la “ciudadanía”, el cual ronda el 9 % ¿Cómo es eso? La pregunta que no se han hecho los enojados. Ése porcentaje tiene sus causas. La primera, desde que ése partido se hizo a la convicción de que su destino es ser fauna de acompañamiento, primero con el PAN, ahora con el PRI. La segunda y no menos importante, poner su franquicia al servicio de las televisoras, junto con ellas ha desarrollado la propaganda de micro telenovelas, muy parecidas a la campaña contra la piratería y hoy otros partidos imitan. No es un partido que se repute por sus “ideas”, es el reflejo de la falta de cultura cívica de la ciudadanía aletargada por la sociedad del entretenimiento.

Del lado de la izquierda tenemos dos presentaciones ayunas de ideas. Al PRD por sus actuales dirigentes lo conoceréis, es la actualización del partido paraestatal, de oposición fingida, de donde provienen sus dirigentes conspicuos. De Morena, lo que difunden sus activistas de a pie es informar que se trata del partido de Andrés Manuel López Obrador y con ello quieren que a uno se le caiga la baba. Si las ideas menguan, para eso está el caudillo.

Lo sorprendente de esta farsa –eco del pasado- es el hecho de regresar al punto en el que se estaba: la falta de credibilidad y la desconfianza previos a la reforma de 1977. Evidentemente algo se está haciendo mal. Para nada se han gastado energías, recursos, tiempo, tinta y saliva. Parece que el encanto de la incertidumbre se ha evaporado, eso si se toma al pie de la letra lo que se escribe en artículos y columnas de los diarios.


El desbarajuste está hecho y algunos empresarios despistados por el riesgo del populismo no se dan cuenta que el fascismo está tocando la puerta. Las cosas están tan tensas como para que alguien dentro o fuera del gobierno tire el tablero, se quede con el juego para él y sus leales. Las ejecuciones extrajudiciales, el paramilitarismo, son hechos ominosos, el derrumbe de nuestra democracia criolla.
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De la mano del amigable Diccionario de Retórica y Poética que nos legó Helena Beristáin:
““ETHOS” (y “pathos”).
Ethos” es un estado afectivo (estado de ánimo) que se manifiesta como cierto grado de satisfacción estética. Es el deleite (“delectatio”) que produce la poesía. Es también la emoción que pretende suscitar el orador en el público, durante el exordio*, para granjearse su benevolencia y aplauso. Se opone a “pathos”.
Pathos” es un estado afectivo más intenso. Es la conmoción que sacude al espectador de la tragedia*, al lector de la epopeya o al público que escucha la peroración* del orador; la conmoción que hace llorar u horrorizarse, que obliga al juz a emitir un fallo favorable.”

O sea estamos en ethos, en pathos o nos hacemos patos y democráticamente somos patológicos.

domingo, 19 de abril de 2015

Para componer

Retomando la alegoría, donde se da una rotura es dable una compostura. Siguiendo lo mencionado al pie en la anterior entrega, de nuevo me hago eco de lo que versa Scholem acerca del rabino Luria. A las vasijas que han reventado le sigue la restitución, el ticún, en el que se pone énfasis a la acción del hombre asumiendo la carga de la responsabilidad del hacer, Dios deja obrar y el Mesías es un símbolo, no un hacedor. Sin duda un pensamiento revolucionario para su tiempo, sin atenerse a la comodidad de la mano invisible que postularía siglos después la economía política.



Pero también hay que retomar la dinámica de los cambios no como coyuntura sino como tiempo largo (Braudel). Es una creencia sin sustento difundida por la propaganda oficial el hecho de que cambiar leyes transforma la realidad de cabo a rabo, como si operara un soplo taumatúrgico. A lo más y dentro de lo posible, la ley reproduce lo que ya está en la realidad, modificándola hasta cierto punto y en el tiempo. La parte más difícil que viene es el proceso de conversión de la ley en praxis.

Las Leyes de Reforma del siglo XIX fundaron al Estado laico, su afirmación llevó tiempo, incluso ya en el porfiriato la Iglesia tenía la seguridad de haber anulado dichas leyes a las que consideraba leños quemados. La gente seguía dando fe de nacimientos y defunciones al cura que tenía más cercano. Todavía en el siglo XX la costumbre se imponía. Ni el conflicto abierto por Plutarco Elías Calles en 1926 fue suficiente, fue más eficaz la creación de un partido de Estado (PNR) y todo el conjunto de políticas que se dispusieron en lo agrario, educativo y laboral. Con la idea de Emilio Portes Gil y la ejecutividad de Lázaro Cárdenas el laicismo se hizo efectivo pilar del Estado. Además, el Estado construyó una base social para acabar con la autoridad dual  Iglesia-Estado. Historia de la que no quiere ni acordarse el neopriísmo tecnocrático y mochila.

En el nivel de las consecuencias de cualquier curso transformador, las Leyes de Reforma aquí mencionadas también ilustran al respecto: la afectación de la propiedad de las comunidades indígenas, un régimen fuera del esquema liberal que para los reformadores no tenía razón de ser. Lo que vino después fue la explosión de una revolución social agraria que finalmente logró ser conducida con la Constitución de 1917, también lo ya mencionado: el partido de la revolución y su menú de políticas sociales.

En las últimas décadas el reformismo liberal cobró auge y ha tenido persistencia, concluyendo con un serial de reformas en la administración de Peña Nieto. Pero este reformismo, a diferencia del decimonónico, no está en el eje de discusión Iglesia-Estado. La discusión central del liberalismo de hogaño se da sobre el reacomodo de influencias entre el mercado y el Estado.

Han sido reformas de ruptura y vendrán reformas de compostura, si nos da tiempo y en la medida de la viabilidad como país. Para ello se tendrá que abrir una política sin opacidad, ni impunidad, de una gestión empresarial sin abusos, ni depredación. Lo más importante, que la agente asuma sus responsabilidades, que no se deje al abandono al que la confina la élite por considerar lo irremediable, la vida si carácter digno en la que está postrada la mayoría de la gente.


Pero estamos en el presente mexicano de campañas políticas, en el marco de una democracia electoral, de contaduría y administración. Lo dejo para la próxima y aquí concluyo una visión de la complejidad del cambio que nos escamotea la propaganda.
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