martes, 30 de agosto de 2011

Por amor a México



En El Universal, que fue el primer periódico que estrujé, salió la esplendorosa noticia de que Alonso Lujambio declinaba en su aspiración de buscar la candidatura presidencial a postular por el Partido Acción Nacional para el 2012. Bueno,  el susodicho nos ha quitado un peso de encima, muchos mexicanos no podíamos dormir de pensar en la tentativa de Lujambio. Muchos es un decir, sólo los filósofos. El argumento del todavía secretario de la SEP para declinar, fue el hecho virtual de que no se encontraba bien apreciado en las encuestas. Si eso fuera regla, entonces el PAN sólo tiene dos precandidatos firmes: Josefina Vázquez Mota y Santiago Creel, los demás, por el bien de México, deberían hacerse a un lado.

En el trascurso de la mañana, la versión online del mismo diario, difundía las declaraciones del jefe de Lujambio. Felipe Calderón decía que su todavía colaborador tomó la patriótica decisión de abstenerse de buscar el sacrificio presidencial y que lo hacía por amor a México. Bueno, si Lujambio ha tenido el arrojo de reprimir sus aspiraciones presidenciales pues, una vez encarrilados en el rito sacrificial, estaría bien que de una vez renunciara a la SEP y se fuera a un lugar donde hiciera menos daño. Total, Alonso Lujambio está consciente de que la candidatura presidencial del PAN está condenada al fracaso, pues no se pueden remontar doce años de fracasos blanquiazules a cargo de lo que engoladamente nos repite la voz publicitaria como “el gobierno federal”.

Ese fue el principio de la mañana, enseguida, pero en la página anterior de ese mismo diario, encontré una noticia mejor: FCH cambia de lugar su mensaje. Explico. El evento de acarreados que se tenía programado en el Auditorio Nacional el día 2 de septiembre para hablar de los logros alusivos al Quinto Informe de Gobierno, se trasladó al Museo de Antropología y con la pena para muchos invitados, el presidente tuvo que desinvitarlos. La justificación se dio así: “los hechos en los que perecieron 52 personas víctimas de un atentado en Monterrey”. Prudencia, sensibilidad y sobriedad que exige el luto, que no son precisamente las cualidades de Calderón, demeritaron el fasto programado. Se agradece el esfuerzo, pero mejor sería una cadena nacional desde un refugio a prueba de balas y bombas.

De verdad que estas noticias son para celebrar. Lo que no termina de agradar a muchos es que precisamente por lo sucedido en Monterrey no se ha dado una sacudida en el gobierno, en sus mandos que, la verdad sea dicha, debió ocurrir desde las elecciones intermedias del 2009, pues hizo evidente la influencia disminuida del partido en el poder y fue un mensaje que desautorizaba lo hecho durante la actual administración.

Más sorprendente aún, es que de tantos sucesos criminales que ha padecido México en los últimos años, con lo de Monterrey el colmo colmado es como para detonar una explosión de movilización de la sociedad. Estoy aquí sentado y ni la voz convocante de Javier Sicilia escucho. Por amor a México deberíamos movilizarnos.  

domingo, 28 de agosto de 2011

25/08/11 El pasmo





Jueves 25 de agosto de 2011. Ciudad de Monterrey, Nuevo León. Después de las tres de la tarde, llega al Casino Royale un comando de cuatro vehículos automotores. Los ocupantes bajan de sus vehículos con el propósito de rociar de combustible la casa de juego para incendiarla. La acción duró 2 minutos y medio. Resultado fatal: 52 muertos. ¿Por qué lo hicieron? Porque en este país hace mucho que el Estado se ha dedicado a otros menesteres y a una parte minoritaria de la población se le ha hecho fácil hacer de las actividades delictivas y violentas su modo de vida pues tienen la confianza de que no pasa nada. Así de sencillo.

¿Cómo se ha llegado a esa situación? La historia es larga y aquí seríamos repetitivos al recordar que todo esto es posible cuando los beneficiarios de la reprivatización bancaria reventaron las instituciones financieras de las que se hicieron dueños y trasladaron a la sociedad el costo de su irresponsabilidad. Cuando sin escrúpulos funcionarios de una empresa de radio y televisión se reunieron con representantes del gobierno en algún salón de un hotel de la avenida Reforma y pactaron un nuevo arreglo para el negocio de la radio y la televisión. Cuando las pensiones valieron cacahuate porque al gobierno se le hicieron impagables. Cuando los mineros empezaron a caer como moscas y no existió autoridad que iniciara investigación por los crímenes industriales que siguen ocurriendo. Cuando la negligencia acompañada del influyentismo rostizó a 49 niños en una guardería de Hermosillo en Sonora. Son tantas las desgracias que se pueden apuntar para indicar cuándo se pudrió la fraternidad entre los mexicanos, que se me derretirían las yemas de dedos para describirlas y enumerarlas. Pero se sintetizan en una frase: la impunidad nos hace desiguales.



(Intercalo una anécdota macabra: salgo de una reunión familiar donde festejamos el cumpleaños de uno de mis hijos. Alrededor de las once de la noche del sábado 27, entro a la glorieta de la SCOP por la avenida Dr. Vértiz hacia el sur. Intempestivamente el tráfico se hace lento, hay patrullas, ambulancias y cuerpos regados, nada como para definir una colisión por exceso de alta velocidad en esa vialidad)



Volvamos a lo que aquí se pretende explicar ¿Cuándo se acabó la fraternidad entre mexicanos? Cuando dogmáticamente se consideró que el Estado era muy grande y autoritario, que si se le daba un perfil de mayor protagonismo a la Iniciativa Privada –lo que hoy se quiera entender por la IP- y se abría el juego democrático el país entraría a un estadio de civilización superior. En los hechos la IP no ha estado a la altura de su nuevo protagonismo y la democracia ha resultado la mascarada con la que se ha cubierto el autoritarismo conservador que dizque gobierna.



Pero hay algo que resulta devastador en el proceso de degradación del país: descansar la socialización (adopción de valores) en la industria del entretenimiento y debilitar, hasta el desprestigio, a la educación gratuita, laica y pública. Para ello se ha requerido de la connivencia del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación. Si en este momento se hiciera una encuesta entre adolescentes sobre letras de narcocorridos o de “regueton”, seguro responderían con agilidad deslumbrante. Igual si se les preguntara sobre los jugadores del Barcelona y el Real Madrid. Pero qué trabajo les daría responder sobre las obras literarias que han influido en su manera de ver las cosas. Simplemente no leen, es un fastidio. Y en ese sentido la comunicación digital los ha hechos más perezosos. La paradoja de cómo un avance tecnológico resulta en un retroceso respecto al valor de la fraternidad.



El modelo que se adoptó para derruir al ogro filantrópico ha resultado un fiasco. Ya no se puede insistir en esa alternativa fallida y nefasta. No hay que esperar a que lleguen las elecciones del 20112. Desde ya todos tenemos que movilizarnos en contra del crimen organizado, del neoliberalismo y de Felipe Calderón. Ese es el contenido contestatario de las marchas por venir.


miércoles, 24 de agosto de 2011

En cabeza ajena

 
Lo días de gestión “gubernamental” le han sido y le seguirán siendo persistente tribulación a Felipe Calderón. Como conductor improvisado del país, los guiones que le acomodan para sus presentaciones, ya sean oficiales o para el mundo del espectáculo, no siempre han coincidido con la Constitución. La “ley” del mercado y las “Tablas de la Ley” son convenciones muy poderosas en el magín de Calderón, ante las cuales se somete no importando si traiciona el juramento constitucional que hizo cuando rindió protesta como presidente de México.
 
Para los tiempos políticos que nos rigen, el gobierno y su responsable máximo incursionan en una zona de ambigüedad que no es diferente a la que han tenido todos los presidentes de México en el siglo pasado: afrontar o diferir autoritariamente la sucesión presidencial (es el caso de Porfirio Díaz) y conducir a su feliz término la administración en turno. Esto segundo debería ser el enfoque de tiempo completo de Calderón: asegurarse de que los programas gubernamentales cumplan sus objetivos, que el presupuesto no sea desviado de los fines por los que le fueron autorizados por el Congreso y, lo más importante para todos los gobernados, devolverle la paz a México.
 
Ahora es cuando el presidente debe ofrecer garantías de no intervención en la sucesión presidencial, ya a favor de su partido o a favor de un presidenciable, sea o no de su partido. Él no es cualquier ciudadano y no puede escudarse en su derecho como tal, que se limite a ejercer su voto el día de las elecciones. Equivocarse ignorando las advertencias que ofrece el pasado y disponer la institución presidencial para operar el retroceso por él tan temido no será agradable para nadie.

Para señalar las últimas sucesiones: Un mal manejo de la sucesión la padecimos en 1994. Otro mal manejo en el 2000 nos trajo la alternancia pero se perdió el dinamismo económico del país. Y en el 2006 qué decir, un mal manejo de la sucesión polarizó al país. Está dispuesto Calderón, por su capricho, a llevar a México a la repetición combinada de magnicidio, sin crecimiento económico requerido y polarización social.

No vale aquí la bravuconada que mantiene FCH frente al crimen organizado, en la que afirma que él no se deja. No están las cosas como para consentir actitudes machistas. Desgracia para la ciudadanía y la democracia en México es que la fuente de la actuación valentona del presidente está pautada por los poderes fácticos, internos y externos, que en este siglo XXI han sido los verdaderos tomadores de decisiones.

Sé, que como Rosita Alvírez, el presidente no entiende de razones. Eso no me impide denunciar su creencia de que la ley del mercado está demostrada cabalmente y es eje inconmovible  del orden social. Es una convención que justifica el libre mercado, pero no está en la naturaleza de la economía, sus imperfecciones nos dicen mucho acerca de que el mercado, dicho vernáculamente, es también la pinche transa. No existe un mercado sin fraudes  tolerados, información privilegiada, concesiones a modo, concentración monopólica, exento de subsidios, empresas informales, competencia desleal que tira por los suelos la perfección de la puja entre la oferta y la demanda (El Fobaproa es demostración palmaria de que el mercado es asistido por el Estado, consintiendo la utilización perversa de los ahorros del público) El Estado Social está ahí para eso –nuestra Constitución lo postula- para contener los abusos del mercado. De otra manera, afirmar que el mercado obedece a una ley natural es dar rienda suelta a la delincuencia y se promociona la revuelta social que, dicho sea de paso, no son lo mismo.

Ojalá que los ricos mexicanos fueran como Warren Buffet, quien propone en los Estados Unidos que le cobren más impuestos a los que más tienen.
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