lunes, 7 de septiembre de 2009

Redundancia



Se trata de una función de la comunicación que mediante la repetición del mensaje lo fija en la mente del destinatario. En estos días la ciudadanía ha sido sometida a la reiteración inclemente del mensaje presidencial con motivo del tercer informe de gobierno de Felipe Calderón. Desde el monólogo de Palacio Nacional del 2 de septiembre, que a diferencia de otras alocuciones no incurrió en coloquialismo o improvisaciones de mal gusto. Esa fue la diferencia. Le antecedieron la serie de spots –que todavía siguen en el aire- por radio y televisión, le sucedieron las entrevistas en una estrategia selectiva de comunicadores para interrogar al Presidente, demasiado calculada y controlada, como para dejar en Joaquín López Dóriga, Javier Alatorre, Ciro Gómez Leyva, y los demás seleccionados, un tatuaje en su frente con la imagen de Calderón.

Uno de los efectos posibles del despliegue de esta artillería presidencial de medios, que ha bombardeado a toda la sociedad, se podrá apreciar con claridad cuando llegue la propuesta de la miscelánea fiscal y el presupuesto de egresos de la federación al Congreso, para que ahí se discuta, modifique y apruebe. Sólo entonces se podrá aquilatar si hay un acuerdo sólido entre la presidencia de la república, los representantes populares y los gobernadores. Mientras tanto, queda en claro que lo que el Presidente quiso decir con todas sus letras en Palacio Nacional fue la exclamación: ¡Que venga el PRI! Ya veremos bajo qué condiciones se atiende ese llamado por parte de los priístas, pues según Francisco Rojas, quieren regresar a Los Pinos pero no para administrar un tiradero.

Otro signo del acuerdo lo constituyen los cambios en el gabinete. Los relevos de hoy lunes en la Secretaría de Agricultura y en la paraestatal PEMEX y la propuesta de nuevo Procurador General de la República que ratificará el Senado nos dirá si va cuajando el entendimiento entre el gobierno de Felipe Calderón y el PRI ¿Será suficiente? Depende de la respuesta de la sociedad, si se siente incluida o considera que lo que venga del gobierno le es ajeno, distante, que no responde a sus acuciantes necesidades. Por algo Felipe Calderón sigue proyectándose para decirnos que quiere estar cerca de la gente. El problema es que son ejercicios mediáticos donde lo que falta es la espontaneidad de los ciudadanos, no son verdaderos acercamientos. Tanto el inicio oficial de la conmemoración de Bicententenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, como el diálogo con cien ciudadanos del domingo pasado, dejaron ver un Presidente aislado, en actos de plástico, sin entusiasmo colectivo. Actos hechos para redundar el 2 de septiembre y que la prensa sólo mencionó por cortesía o por pena ajena.

Un tercer signo será el concerniente a la reorientación del combate al narcotráfico, si cambia la pendiente de la exhibición de violencia que la magnifica o simplemente la refleja, pero que asusta y requiere de un compromiso de todas las fuerza políticas.

Ya basta de gobernar con los medios electrónicos en exclusiva, que a base de repetir se pretende encontrar la afirmación positiva de la sociedad. Lo cual se dificulta si responde con tanta lentitud a la demanda específica de casos excepcionales, unos dolorosos como las exigencias de los padres de los niños muertos en el incendio de la guardería ABC de Hermosillo. Tres meses se han cumplido y se siguen deslindando responsabilidades. Otros casos inadmisiblemente tortuosos, como la toma de nota de los dirigentes del Sindicato Mexicano de Electricistas. Es entonces que la intervención mediática de Felipe Calderón se hace polvo y no lleva a ningún lado distinto que no sea la exasperación.

jueves, 3 de septiembre de 2009

Tiempo revuelto



Para el presidente Calderón es la hora del cambio. Suponemos entonces que el año dos mil no fue del cambio y hasta después de nueve años el cambio vuelve a ser consigna. El mensaje a la clase política y distinguidos invitados propuso un cambio pero en realidad se retomaron las propuestas ya trilladas de la presente administración. No se trata de una propuesta para cambiar el modelo económico, tampoco de cambiar el régimen político, eso sí, por el orden de exposición hay un cambio en el orden de prioridades.

El decálogo no aborda el tema ambiental que en el Plan Nacional de Desarrollo postuló como uno de los ejes de la política pública. Eso sí, los primeros tres puntos se concentran en la política social. Otros tres puntos nos hablan más bien de una reforma administrativa que incluye a las empresas públicas. Un apartado a las telecomunicaciones, otro a la reforma laboral, otro a la política y el infaltable tema de la seguridad. Los mismos temas del inicio de la actual administración que no han tenido la orientación que quisiera el Presidente. Nada nuevo, salvo las circunstancias de deterioro del país que Calderón eufemísticamente llamó “un año diferente”.

Hay otro aspecto de las circunstancias, decisivo para el futuro de la propuesta gubernamental: el fortalecimiento del Partido Revolucionario Institucional que hoy cuenta con el conjunto de legisladores más numeroso en la Cámara de Diputados y un líder en el Senado que dicta la agenda pública. Así lo mostró Manlio Fabio Beltrones al ser entrevistado después del mensaje presidencial (A manera de digresión: si el sonorense quiere jugar por la Presidencia de la República tendrá que sobreponerse a la campaña de desprestigio como no lo hizo Roberto Madrazo, asegurarse de que Beatriz Paredes no sea su Elba Esther Gordillo y que los gobernadores de su partido se la jueguen con él) Con ellos, con los priístas tendrá que negociar Felipe Calderón, de manera clara y si es abierta mejor. Por lo pronto, el PRI ya plantó como eje de la gestión gubernamental a la economía, desde el cual se propone la consecución del crecimiento, el empleo y el combate a la pobreza, teniendo como instrumentos el fortalecimiento de las finanzas públicas y la regulación del sistema financiero.

Lo irreconciliable para el presidente Calderón está a la izquierda. Desde la tribuna de San Lázaro, un día anterior al mensaje de Palacio Nacional, el diputado Muñoz Ledo planteó el cambio de régimen, que se adopte el sentido de la realidad que nos dirige hacia el parlamentarismo. El neopetista fue más lejos: propuso “la dimisión formal de quien ostenta la investidura presidencial”

Por lo que respecta al desayuno y la foto que se dispensaron Jesús Ortega y César Nava al día siguente, hay que verlo como parte del anecdotario, sin peso en el debate real. Porque ni Ortega es el representante non de la izquierda, ni Nava es el jefe verdadero de Acción Nacional.

Y lo último sobre el evento que congregó el Ejecutivo el día de ayer: ver a los miembros de la cúpula empresarial en calidad de borregada, a excepción de Carlos Slim Helú, que si le fue tomada la voz para la de ocho en La Jornada.

miércoles, 2 de septiembre de 2009

Rendición de cuentas



De qué se trata en el fondo el informe presidencial, de un ejercicio de rendición de cuentas por parte de la máxima autoridad del país ante el Congreso y para los gobernados. En los hechos no ha sido tal o no del todo, pues la ocasión se utilizaba para formar expectativas sobre el rumbo del país en el marco del nacionalismo revolucionario. Desde hace más de veinte años el informe comenzó hacer cuestionado severamente por su ceremonial, su ritualización, su besamanos y lo que después se condensó en la condena del día del Presidente.

Desde la sociedad y desde la oposición parlamentaria la descalificación del informe terminó por acorralar a la institución Presidencial, al grado de impedir la exposición del Ejecutivo ante el pleno del Palacio Legislativo, hasta acordar un acto austero de entrega – recepción, cancelando el monólogo y el falso diálogo entre Poderes que más bien degeneró en diatriba. A lo largo de estos años, el debate sigue enganchado al ceremonial, al formato del informe, descuidándose lo fundamental: la rendición de cuentas.

El tema no parece tener la mayor importancia para la clase política, como que no le es inherente, salvo que se utilice para desprestigiar al adversario. Existe un pacto tácito entre los políticos como para no hacer olas. La rendición de cuentas es un tema de salud pública que no es de obvia y urgente resolución, como diría el habla parlamentaria.

Sin embargo, uno de los beneficios inmediatos de la rendición de cuentas redundaría en el aprovechamiento virtuoso de los recursos públicos, nulificando la economía subterránea de la corrupción y hasta serían innecesarias reformas fiscales. Los políticos alcanzarían la autoridad suficiente que les serviría para resistir el chantaje o la intimidación de delincuentes, empresarios y movimientos sociales.

Lo que se ha hecho en los últimos años para institucionalizar la rendición de cuentas, significa tantos esfuerzos como maneras de darle la vuelta para desviarse del propósito. Se ha creado una secretaría que responde al Ejecutivo, existe una Auditoría Superior de la Federación que responde al Congreso, las dependencias tienen órganos internos de control y auditorías externas realizadas por despachos privados. Nada de eso le sirve a la sociedad y, por tanto, no le importa.

Desde la Constitución y en diversas disposiciones legales la rendición de cuentas está enunciada, pero no hay un trabajo consistente, ni voluntad para construir un sistema de rendición de cuentas que articule el arsenal de disposiciones jurídicas. Está la Ley de la Administración Pública Federal, la de Responsabilidades de los Servidores Públicos, la de Procedimientos Administrativos, la del Servicio Público de Carrera, la de Transparencia y Acceso a la Información, la de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria y la que el año que entra tendrá vigor, la Ley de Contabilidad Gubernamental, así como todas las que en este momento no vienen a la memoria. Además, se instituyen reglamentos que son verdaderas ganzúas para abrir a la manipulación el espíritu de la ley.

En conclusión, no hay un sistema efectivo y confiable de rendición de cuentas, ni se vislumbra acuerdo entre Poderes y niveles de gobierno para el ejercicio de la rendición de cuentas. Esta falta o vacío es por negligencia o desinterés de los partidos, de todos. Esta carencia no es atendible con spots que aludan a la actividad gubernamental o con encuestas de popularidad de los gobernantes, ni con la retórica de Porfirio Muñoz Ledo lanzada desde su biografía política que es un galimatías. Hay que hacer algo y los Poderes tienen la palabra.

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