sábado, 24 de mayo de 2008

¿Por qué México?

El viernes fue entrevistado por Joaquín López Dóriga Eduardo Medina Mora, procurador de la república, el abogado de la nación, se diría pomposamente en el pasado. Y se despachó con la siguiente declaración: son más de cuatro mil muertos el resultado de la lucha contra el crimen organizado emprendida por Felipe Calderón y su gabinete de seguridad.

Un día antes se incautaba en el aeropuerto internacional de la ciudad de México un cargamento de cocaína procedente de Bogotá, Colombia. El miércoles, legisladores de Estados Unidos aprobaban la iniciativa Mérida que consiste en una aportación de 350 millones de dólares a cambio de incidir, vigilar, auditar el combate al narcotráfico que realizan las fuerzas del orden.

En tres informaciones tenemos una composición de la guerra contra la mafia: Colombia pone la droga, no hace lo suficiente por evitar su producción y exportación, la empaca y desde su territorio se envía para que llegue a México; Estados Unidos pone las armas, las produce y desde su territorio surte a la delincuencia organizada y al gobierno mexicano. México pone el territorio de la lucha, pone los muertos.

Por qué el gobierno mexicano no lanza un ya basta a Colombia, por qué no lanza un ya basta a los Estados Unidos. Son preguntas que la sensatez se plantea y que se condensa en una interrogante brutal. ¿Por qué México pone la cuota de sangre mayor?

Además, la voluntad del Estado se ve disminuida al pactar una ayuda extranjera, la iniciativa Mérida, que sin acuerdo firmado el presidente Calderón conviene de palabra la propuesta de George W. Bush, la que posteriormente el Congreso norteamericano aprobaría. Un ayuda que en términos prácticos poco remediará, baste comparar los millones de dólares condicionados con los miles millones de dólares que mueve el tráfico de drogas para darnos cuenta del tamaño del problema y la desproporción de la ayuda.

Pero Felipe Calderón optó por una guerra legítima pero carente de bases materiales para sostenerla, la que se construye desde el crecimiento económico, el empleo y el bienestar social. Elementos que no se tienen en suficiencia y de la insuficiencia se ha nutrido la hidra del narcotráfico.

¿Por qué México? Para vivir mejor o para debilitar al país y subastarlo. No está claro. Todavía peor, desde el rumor ya se está enfermando al presidente Calderón y se ve obligado su jefe de prensa a mostrarlo ante los reporteros: mírenlo, está trabajando en sus oficinas.

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De pasada, el Instituto Federal Electoral reconoció la validez de la designación de Guadalupe Acosta Naranjo como presidente del PRD, será suficiente para que ese partido deje de ser un instituto de caudillos o se inicia la era del dominio de los burócratas. Qué partido veremos en la próxima concentración de masas del PRD. Entonces se verá el tamaño de la fractura.

miércoles, 21 de mayo de 2008

Centralidad

La lucha contra el crimen organizado cuenta con la centralidad que le ha conferido el Poder Ejecutivo. Si el presidente Felipe Calderón lo ha hecho conscientemente es otra cosa, el hecho es que la guerra contra las bandas criminales ha adquirido la centralidad suficiente como para convertir el resto de las políticas del gobierno federal en algo periférico o complementario. A saber si ésa era la intención deliberada, si se consideró la implicación de la decisión tomada, más allá de las balas regadas y la sangre derramada. Y lo que está por verse, pues la clausura de la guerra no está a la vuelta de la esquina.

Para efectos mediáticos, la agenda de la guerra es la prioridad que el gobierno ha decidido, como lo fue en Colombia en los ochentas y noventas del siglo pasado, y es el reflejo de país que ofrecemos al extranjero. La pena es que se trata de un asunto global en el que sólo México queda exhibido porque se le ha asumido con localidad extrema, como si no hubiera mafias en otras latitudes: Miami, Moscú o San Pablo y Río de Janeiro en Brasil. En esa vitrina se ha puesto al país, lejos de los escaparates de la ciencia y la tecnología, por dar un ejemplo.

El país se ha convertido en solista de una partitura cuya batuta está a cargo de los Estados Unidos. Gobierno norteamericano que mete la mano sin ordenar su casa, ofrece cuatrocientos millones de dólares para que se compongan las cosas y además pone condiciones (Iniciativa Mérida). El asunto es que México se queda solo y azuzado, como perrito sin dueño, en esta guerra contra el narcotráfico que no parece una prioridad global. El mundo está en otros temas, en el de la desaceleración de la economía de la sociedad más consumista del planeta, en el de la crisis alimentaria que ha disparado los precios de los alimentos hacia arriba y alentado el proteccionismo en Asia. Y aquí nosotros, echando bala.

En conferencia de prensa conjunta, con la Canciller alemana Angela Merkel, el presidente Calderón refiriéndose a la crisis, “informó que hay una inversión de 20 mil millones de dólares para apoyar a las zonas rurales del país.” Además dijo: “Mi Gobierno no sólo no se quedará cruzado de brazos ante este problema, sino que vamos a multiplicar e intensificar las acciones para ayudar a la población más pobre de México ante este súbito aumento de precios”. De esos recursos no dice cuales están etiquetados bajo el programa Vivir Mejor, cuáles pertenecen a la producción de alimentos y a combatir el hambre.

Para esperarse que pronto, en los próximos días, se reúna con las organizaciones campesinas y de productores, también con los gobernadores, y plantee un acuerdo, un pacto, para que los recursos públicos dirigidos al campo tengan acompañamiento de compromisos de las organizaciones y otros niveles de gobierno, que no se pierdan en el subejercicio de la burocracia centralista.

Este es un asunto que palidece ante la exposición del combate al narcotráfico y sus consecuencias que acaparan las primeras planas. No hay tiempo que perder para la consecución de un acuerdo, a menos que se espere que las organizaciones del campo designen una comisión de mediación como ya lo hizo el EPR. No obstante, el presidente Calderón insiste en poner todas las políticas públicas en una canasta. Ya insiste, exige se apruebe su propuesta de reforma energética. No se tiene una definición clara entre lo que es central y lo que complementa.

sábado, 17 de mayo de 2008

Hacer para creer

El 28 de diciembre del 2006, aquí se comentaba la ardua legitimación que le deparaba el destino al Presidente investido ese mismo mes. Una expresión de la compleja tarea lo constituyó la declaratoria de guerra al narcotráfico que se inició con el Operativo Michoacán. Ha pasado año y medio y el presidente Calderón ha lanzado un desesperado ya basta. Siente que el Poder Judicial, los legisladores y la sociedad no lo acompañan ahora que el fuego del crimen organizado se ha recrudecido y ya alcanza a altos mandos de la seguridad pública.

Se suponía que el presidente disponía de toda la información para emprender la guerra, ahora sabemos que no cuenta con toda la información, ni con toda la lealtad. El aparato de seguridad está infiltrado y la fractura de las lealtades han sido la caja de resonancia para lanzar un llamado desesperado. Esto no quiere decir que la sociedad y los otros Poderes estén en contra de la decisión del presidente y del lado del narcotráfico, lo que pasa es que todo México estaba esperando los milagros del presidente del empleo. Lo que pasa es que no se ha informado desde la presidencia, no se han dado explicaciones, lo que tenemos es publicidad gubernamental frente a nutrida nota roja. ¿Quién conduce la lucha? ¿Cuántas redes financieras, de empresarios y políticos al servicio del crimen organizado han sido puestas a la sombra de una cárcel de máxima seguridad?

También desde la sociedad hay un ya basta al cascareo gubernamental, hacen como si jugaran un partido en regla pero todos saben que no es así. Una muestra del cascareo se deja ver en la información de Reforma sobre las cifras falsas que se dieron sobre el empleo en México durante todos estos meses de calderonismo gobernante. El director del IMSS sale tarde a dar la cara y su error no merece la mínima reprensión de su jefe, por decir lo menos. En un gobierno de profesionales a Juan Molinar Horcasitas ya lo hubieran cesado. A cascarear al llano.

En qué país que ha entrado en Estado de Guerra están dadas las condiciones para impulsar un proceso reformador. Lo uno no va con lo otro. Un Estado de Guerra se acompaña de medidas de excepción que provisionalmente suspenden la vida democrática, o alguno de sus componentes, para salvaguardar al Estado. Pero Felipe Calderón no lo dice, tal vez porque no se lo ha planteado. Pero el orden de las prioridades es lo de menos cuando se trata sólo de abrir frentes. Ahí tenemos el de la mesa que se abrió para los productores del campo, su condición actual es de estancamiento. Ni Alberto Cárdenas, ni Javier Lozano han podido dar una conclusión productiva al diálogo abierto después del 31 de enero. ¿Qué sabemos de las negociaciones? No hay información de los avances que merezca la atención mediática, seguro ha de ser que no hay avances. Se ha diferido el estallido de un conflicto ¿está preparado el gobierno para contener la ira de los productores rurales? Si la dilación obedece al prurito de no hacerle concesiones a la Confederación Nacional Campesina, pues que estrechez de miras.

Bueno, el gobierno es pragmático de contentillo. Ahí está el caso de la relación con el SNTE. Y está bien que el gobierno acuerde con Elba Esther, aunque no hay garantías plenas de una mejora en la educación. En un Estado de Guerra no tiene caso hacerse de más enemigos.
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