miércoles, 16 de mayo de 2018

Corporativismo desplazado

“Cuando el poder económico que no se presenta a las elecciones, pero que gobierna a lo largo del año y es reelegido sistemáticamente todos los días, coloniza por completo la política, la democracia está secuestrada.”
“Desmontar lo anterior para sustituirlo, no por algo mejor para el común de la gente, sino aprovechando la oportunidad de llevar a cabo todo lo que las elites deseaban, pero no podían hacer hasta ahora: alisar todo el espacio a la especulación y la explotación capitalista.”
Jorge Moruno

Las organizaciones empresariales, sus dirigentes, han monopolizado la interlocución con el gobierno de turno. Son consultadas, tienen opinión de peso y pesos que imponen en conversaciones privadas con los funcionarios del Estado. Conversaciones de cuyo tono y contenido la ciudadanía jamás es enterada. Las otras corporaciones, las encuadradas en los sectores campesino y obrero del PRI, han quedado al margen de las decisiones públicas, su papel histriónico es el de acatar sin chistar.

En estos días de campaña por la presidencia de la república y a lo largo del año electoral, la voz de las empresas ocupa el espacio acallando la diversidad de la sociedad civil. Se dificulta llevar la cuenta de cuántos foros han convocado distintas figuras de la empresa privada para calar a los candidatos. En contraste, foros auspiciados por campesinos, obreros y de gremios profesionales, si ocurrieron ya no me acuerdo. Nada más consideremos el cambio de circunstancia histórica de los sectores mencionados, pilares del viejo PRI.



El sector agrario está arrinconado desde que se promulgó la reforma al artículo 27 constitucional en enero de 1992. Sin líderes de alta exposición que encabecen las propuestas campesinas, no hay uno que tenga mayor relevancia mediática o en la opinión publicada. No desapareció el ejido, tampoco descollaron empresas ejidales. Más bien, el ejido se convirtió en una zona de refugio, lo que en otro tiempo el antropólogo Gonzalo Aguirre Beltrán, conceptuó como característica de las comunidades indígenas. La propiedad social sigue y bajo acoso de compañías mineras, de desarrolladores turísticos e inmobiliarios. Las inversiones no han contribuido a fortalecer a la población rural con una mejor distribución del ingreso. Las comunidades agrarias, para no desaparecer, tienen que recurrir a la emigración de sus integrantes o coexistir con las empresas criminales surgidas a partir del comercio de estupefacientes. El pacto del Estado con los campesinos está muerto.

Y qué nos dicen los corporativos de medios acerca de los sindicatos. Principalmente y cuando llegan a abordar el tema, se refieren a la corrupción de los líderes sindicales. La voz del sector obrero en esos medios es inexistente, se apagó con el fallecimiento de Fidel Velázquez a fines del siglo pasado. Acceso a un trabajo estable para alcanzar una jubilación decente son cosa del pasado. Empleo temporal y mal remunerado es lo de hoy. Todo ha sido embates en contra del sector, de manera destacada con el gobierno de Peña Nieto: reforma educativa, reforma energética y reforma laboral que pasan por encima de los derechos de los trabajadores. El colmo, hacer del primero de mayo -día internacional del trabajo- un elogio a los empresarios. El pacto del Estado con los trabajadores está muerto.

En nombre de las inversiones y de la competitividad se ha destruido la institucionalidad que hilaba el tejido social. Al final del serial de reformas, México enfrenta tres crisis que han catapultado la candidatura de Andrés Manuel López Obrador. La crisis de representación sectorial, sólo las corporaciones empresariales influyen y hasta dictan las decisiones del poder político; la crisis de autoridad, la gente no se identifica con los representantes del Estado, al contrario, puede suceder que los vea como enemigos por diversas causas: la corrupción, la impunidad, la inseguridad que convergen en un déficit de justicia; la tercera crisis es social. Con el absolutismo de mercado se ha profundizado la desigualdad social y no se ha contenido el deterioro del medio ambiente.


Amén de considerar perfiles, encuestas, hay que leer la realidad.

martes, 8 de mayo de 2018

Corporativismo único

El debate es entre la cúpula empresarial y Andrés Manuel López Obrador. Se han puesto los reflectores sobre estos actores, sin caer en la consigna tremendista de una confrontación, tal como ha aparecido en los medios impresos.

El diferendo tiene historia y la coyuntura es insuficiente para comprenderlo. La mirada diacrónica invoca.

En otro tiempo y sus tiempos, cuando el entonces presidente Luis Echeverría reactivó el reparto agrario, junto con el impulso al sector paraestatal de la economía, llevó a una discusión ríspida entre las cúpulas empresariales y el poder político. De ahí el origen del Consejo Coordinador Empresarial en 1976; llegó el relevo presidencial, José López Portillo siguió fortaleciendo al sector paraestatal, al extremo de “nacionalizar” la banca privada en los últimos días de su mandato. Esa sí fue una confrontación con el sector privado.


Desde 1983, ya con Miguel De la Madrid, la consulta con los llamados “cúpulos” se hizo obligada. El inicio de la construcción de la hegemonía empresarial fue desmantelando las bases del poder político fundado por la Revolución Mexicana. Para empezar, comenzó el trabajo de desincorporación de los bancos para reintegrarlos al sector privado. El cambio de rumbo trajo la incorporación de la tecnocracia para encargarla de una nueva conducción del ajuste económico y desmantelamiento del Estado del bienestar. Sobrevino la fractura del régimen de partido único. La clase política priísta se partió en dos y en 1988 se dio la gran competición electoral entre Carlos Salinas de Gortari y Cuauhtémoc Cárdenas.

Se cayó el sistema de computo electoral y Salinas fue investido como presidente de la república. Se creó el Sistema de Ahorro para el Retiro, se concluyó la reprivatización de los bancos junto con la polémica figura del Fobaproa. Se desinstituyó la alianza histórica entre el poder público y el sector agrario; su sucesor, Ernesto Zedillo, sin lograr grandes reformas, sí consolidó la conducción tecnocrática especializada en la política económica, para continuar con las privatizaciones y el proceso de apertura comercial.

El año 2000 trajo algo más que la alternancia: la hegemonía de apariencia incontestable del corporativismo empresarial. Del 2000 al año 2018, bajo el supuesto bipartidismo PAN-PRI, se cerró la transición: la plutocracia se adueño de la democracia. Enrique Peña Nieto completó el ciclo reformador y dio por inoperante otra alianza histórica, la que se tenía con el sector obrero. Tanto la reforma educativa, como la energética y la laboral son capítulos de esa ruptura.


Así observado, desde este enfoque diacrónico, es que se puede entender la exitosa campaña de López Obrador, quien ha logrado descifrar el hartazgo de 18 años de régimen plutocrático y partidos que lo han consentido. De manera espectacular el PRI, que borró su identidad multiclasista para travestirse con una nueva identidad, la del corporativismo empresarial. Se entiende porque ha sido un fracaso dar forma a una candidatura ciudadana, la de Meade, ahora pretendidamente rectificada con la marea roja. El partidazo ya no es lo que fue.

jueves, 3 de mayo de 2018

La devastación "neoliberal" y el miedo al autoritarismo

“Los liberales más fanáticos suelen venir del marxismo, es decir, han cambiado de religión.”
Bernard Maris

Dentro del spin desplegado en la opinión publicada en contra del autoritarismo, llama la atención lo mencionado por Francisco Valdés en El Universal 29-04-2018 (Cesarismo). Su referencia al cesarismo como la matriz originaria del gobierno de un solo hombre y sin contrapesos, del fiel intérprete de sus gobernados. Valdés no tiene necesidad de recurrir a la muletilla de mentar n veces al populismo. Signo de mesura que se agradece. Si bien el cesarismo ha tenido diversas decantaciones según la época, la intención del artículo es nada despreciable: plantearnos la disyuntiva entre autoritarismo y democracia. La resolución es difícil en medio de la confusión reinante, en un país como México, que vive la catástrofe de la delincuencia criminal con sus vasos comunicantes con la política, los negocios y los poblados. En un país donde todos los políticos son demócratas, ajá. Para medida el relevo del dirigente del Partido Revolucionario Institucional.

Eso del cesarismo es complicado explicar pues su generalización queda en entredicho por los casos que se pudieren considerar. Por ejemplo, Luis Napoleón Bonaparte III a mediados del siglo XIX en Francia, entre 1848-1870, dio pie a la expresión de bonapartismo para una modalidad de cesarismo. Un gobernante liberal electo, que después dio un golpe de Estado para proclamarse como emperador y perpetuarse en el poder. Sí, es el gobernante que mandó invadir México para quitar al gobierno liberal de Benito Juárez e imponer al emperador liberal Maximiliano de Habsburgo. Lo que, para empezar, deja la pregunta ¿Qué batidillo liberal fue eso? Bonaparte III encantador de las masas y así se le fueron de las manos. Siguiendo la versión de Siegfried Kracauer, al parecer, la profundización de la liberalización del mercado fue lo que movió el péndulo de la democracia al autoritarismo.


En otro tiempo de exposición para otras modalidades de cesarismo, en la primera mitad del siglo XX, se podría adjudicar, según Adam Tooze, al desarreglo que dejó la Gran Guerra en 1917 y que encumbró a Adolfo Hitler y a Benito Mussolini. La dubitación sobre el libre comercio o el restablecimiento del proteccionismo, la inflación o el ajuste de austeridad, el desorden financiero o “asumir la ingrata tarea de poner fin a la locura de seguir pagando.” Años convulsos, que Eric Hobsbawm denominaría la caída del liberalismo promocionado por la catástrofe económica. Tiempos en los que ya no se le veía futuro a la democracia. Eso no ocurrió. Concluida la Segunda Guerra Mundial se fortaleció la democracia, de 1950 a 1990, al menos en lo que se llamó sociedades industriales avanzadas. El periodo del Estado del bienestar.



Repeticiones y variaciones, el cesarismo no siempre es el mismo, se puede alojar en diversas presentaciones, pero siempre es catapultado por la catástrofe. Por eso creo que el principal enemigo del liberalismo político es el liberalismo económico a ultranza, pues es desde ese radicalismo de mercado de donde se crean condiciones para el autoritarismo financiero, claro está. Ese equilibrio macroeconómico ha sido muy costoso para la población, pero les gusta espantar con ya sabes quién. Mientras, la narrativa que impusieron la Thatcher y Reagan sigue intocable. El horror económico del presente se escamotea con el miedo al futuro asequible de una democracia con bienestar y seguridad.
Powered By Blogger