martes, 9 de julio de 2013

Democracia estéril


Domingo 7 de julio, día de jornada electoral en 14 estados de la república mexicana. La de Baja California, la elección más atractiva pues se votó para gobernador, gobiernos municipales y representantes al congreso local. Una elección apreciada con morbo pues desde semanas atrás se le marcó como una elección concertada a la vigencia del Pacto por México. Cierto o no, la demostración de lo que se divulga no resulta contundente para efectos legales. Al final, todo se remitió a la leyenda de 1989, a un Dejà Vu.

De las otras elecciones también se han mencionado malversaciones del voto, las cuales con mayor o menor vigor o descaro se imponen a la ley. En los hechos, el veredicto de las urnas pasa por el cedazo de las oligarquías locales o regionales y la operación de los gobiernos locales, asistiendo con pericia o torpeza la actividad de los partidos. Ningún partido se confía en la fuerza propia y la organización que así lo hace es un pobre partido.

El caso es que se hace mucho ruido y poco importan las consecuencias de los resultados, más allá de saber quién ganó y quienes perdieron. Se desatiende la evaluación de los que salen, que hicieron y qué dejaron de hacer. Poco importa lo que harán los que llegan, al fin y al cabo la política se ha vuelto una actividad privatizada. Sea cual sea el ámbito y nivel de gobierno, el rendimiento de sus acciones no se pone en la vitrina, se prefiere difundir tal o cual acto sin aclarar la proporción del universo a atender o del problema que se está atacando. La parte sustituye y encumbre al todo. Demostrar qué avances hay en la educación o hasta dónde el crecimiento económico ha superado el límite de la mediocridad, o si la paz y la prosperidad son tangibles, no sólo propósitos.

Es en este sentido que significo, adjetivo a la democracia como estéril en tanto le falta alcanzar mejores ejercicios de gobierno. Hasta ahora la competencia electoral no realiza esa mejoría, sólo reyerta que divide, dejando escaso margen para la construcción espiritual y social, sin limitarse a lo material, la infraestructura inútil, dispendiosa o dañina al medio ambiente. Son temas que no interesan en la lucha por el poder.

Lo que viene es la lectura pragmática de los comicios ocurridos en 14 estados. Lo que viene es identificar cómo estás definiciones locales se agregan o se restan a las acciones del gobierno federal. Saber si el resultado, los resultados, le dan un nuevo impulso al gobierno de Enrique Pela Nieto.

Es evidente, el Pacto por México ya rindió, dependerá cada vez más de lo que hagan las instituciones gubernamentales, por no hablar del contexto de la economía global, un gobierno por encima de los gobiernos nacionales.

jueves, 27 de junio de 2013

El abuso institucionalizado


Leo la prensa y quedo con la sensación de no estar informado. De seguro que me ocurre y no estoy para generalizar, es cuestión de imaginación o de esrado de ánimo. Es el hastío de enterarse acerca de tanto abuso y no encontrar autoridad, de cualquier nivel, capaz de poner un hasta aquí. El abuso se vuelve rutinario.

Hay de abusos a abusos. Uno es el institucionalizado dentro de la ley y ejemplo que estimula el abuso extendido, tolerado hasta configurar el delito.

La especulación financiera es abuso institucionalizado, la condonación de impuestos a las grandes empresas también. Las partidas presupuestales para las organizaciones políticas y fracciones parlamentarias en los congresos entran en el juego del abuso. Las reasignaciones presupuestales y otras ingeniosas salidas para practicar el peculado. Los permisos y autorizaciones, estudios y proyectos, también son campo fértil para el abuso, donde caben desde antros, guarderías, hasta explotaciones mineras y desarrollos turísticos e inmobiliarios. Todo dentro de la ley, la cosa es darle la vuelta.

A este festín entran pocos y maneras hay de entrarle al abuso por vías no institucionales: de la economía informal al crimen organizado.

El abuso se convierte en avalancha arrasando con todo. Cómo remediar la situación, ya sé, haciendo nuevas leyes. A los dirigentes políticos se les quema el coco proponiendo y haciendo más leyes, mientras la situación sigue igual o más complicada. La transformación es formal, el gene del abuso se mantiene intacto.

Se tiene un orden económico y político que premia el abuso, desenfocado de la generación del empleo/ingreso, sustentado en la especulación y el cambio tecnológico dilapida recursos humanos y termina en contra de la gente. No es con reformas sectoriales y cruzadas de contentillo con lo que se podrá cambiar la situación prevaleciente, sino desmontando el orden actual. De eso se dice poco y de soslayo. Se hace menos.

Entre el no pasa nada y se los dije, no se ve élite que encare la situación y llame a las cosas por su nombre, pavor lingüístico. El letrero nombra al restaurant bar “Bicentenario” pero los medios se hacen eco de los bajos fondos y le llaman Heaven. La disociación es endémica.

martes, 25 de junio de 2013

Sin paradigma propio


Qué se puede esperar de la vida pública, que durante más de dos semanas, se ha entretenido en la exhibición del conflicto interno en el Partido Acción Nacional ¿Se les paga para eso? Lamentablemente sí. Al fin servidores de sus particulares intereses, disfrutan del abuso legalmente establecido. La rendición de cuentas les es ajena.

La agenda pública bien gracias, arrinconada por un chantaje tumultuario de capitales, políticos y delincuencia organizada.

La nueva administración federal camina en la inercia de los vicios heredados, como la Ley del Servicio Profesional de Carrera que ya dio de sí, hace rato que liquidó su principal virtud: la confianza. Uno hubiera pensado, considerando el decreto de austeridad y la reforma a la Ley de la Administración Pública Federal con la que se estrenó el gobierno de Peña Nieto, en las bases para la creación de un nuevo paradigma del quehacer público. No hay tal. Están atascados y no han aclarado el destino final de la secretaría de la función pública.

Se encomia el espíritu reformador, se llama a mover a México, cuando ni siquiera se tiene capacidad de sanear el desastre administrativo que dejó el PAN. No se pone atención al manejo de la administración pues es considerado menor, visto en comparación a lo que prometen las reformas. Ignorando que el remedio y el trapito está, a fin de cuentas, en la realización de una buena administración.

Locos como el monje Medardo, entre lo que obliga el deber y lo que propone el querer, no hay conexión en la ejecución de las políticas gubernamentales. Permanece una mentalidad blanquiazul que construyó una generación de burócratas volcados de tiempo completo a la satisfacción de sus intereses personales por sobre el rendimiento de los bienes y servicios públicos ofrecidos, sin correspondencia al gobierno eficaz prometido. Qué decir de la presidencia democrática en un sistema descentrado, pues la constelación de la presidencia autoritaria era un sol que surtía una creíble alineación de planetas.

No es nostalgia autoritaria, es el horror ante el vacío que se le hace a la agenda pública que se pergeña en el listado del hambre, la educación y la inseguridad, por citar sólo tres temas. Agenda que se desarticula en procesos como el de la licitación de contratos y en las salidas que colmen el imperativo de la corrupción sin infringir la ley. Tenemos un sector público privatizado para decirlo pronto y rápido.

Falta el paradigma de un quehacer público que revolucione rutinas burocráticas y las ocurrencias siguen tan campantes. El concepto de Estado, en su devaluación, sale sobrando. Y qué decir de la modernización, en su retahíla nos podemos ir a los tiempos del dictador Porfirio Díaz y como si nada. Eso sin considerar que previamente con la palabra moderno la humanidad ha venido jugando desde hace siglos y no hay el mínimo detenimiento para ilustrar a la audiencia sobre tal belleza léxica. Bueno qué, dirán los políticos, si no somos filólogos.

No se arregla la casa y la especulación económica ya contribuye a su desorden.  
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