martes, 2 de septiembre de 2008

Disminuido


El domingo 31 de agosto, visiblemente disminuido, el presidente Calderón atendió en Los Pinos a los promotores de la marcha en contra de la inseguridad del día anterior. Sin capacidad para mover de manera natural su brazo izquierdo, sujeto a cabestrillo, Felipe Calderón recibió las propuestas de los ciudadanos promotores, como si no existiera un acuerdo previo y sus setenta y cinco compromisos signados en ceremoniosa reunión en días pasados. ¿Qué quieren esos ciudadanos? Algo distinto a lo ya acordado o qué. Pedirle la creación de un espacio burocrático o compartir responsabilidades. Nada de eso es bueno para un gobierno que con trabajos pudo reunir a las autoridades civiles. Que no se confunda la autoridad y la responsabilidad con el acopio y valoración de opiniones. Pues si así lo hiciere, el gobierno estará obligado a actuar en consecuencia ante cualquier marcha y solicitud ciudadana, hasta diluirse como tal.

Lo que se aprecia, desde los tiempos de Vicente Fox, es la falta de preparación del PAN para asumir las responsabilidades del Ejecutivo Federal. Una institución que despreciaron y ahora que la tienen en sus manos no saben que hacer con ella. Esto por la sencilla razón de que no se encargaron de formular un proyecto de régimen, se engolosinaron con la diatriba hacia el régimen presidencial documentada literariamente, y una vez alcanzaron la Presidencia se encuentran enredados y perplejos.

Desde la oposición, ese mismo domingo Andrés Manuel López Obrador hace una grave acusación desde la plaza pública sobre malos manejos en PEMEX (La Jornada). El tabasqueño utiliza información de la Auditoría Superior de la Federación y con ella involucra al presidente Calderón. No se encuentra hasta el momento una respuesta oficial, si acaso una densa cortina de humo sobre la acusación. El encargado de la política interior no le ayuda a prevenir o anticipar estas situaciones.

Una cosa es reformar los poderes públicos y otra debilitarlos, al extremo de que en las columnas periodísticas, en buena parte de ellas, se sugiera la debilidad política del presidente Calderón. Y no es algo personal, salvo para aquellos que piensan que con su dinero impusieron al actual inquilino de Los Pinos y se sienten con derecho a reclamar. Lo cierto es que la falta de un proyecto de nuevo régimen ha traído por consecuencia operar con el existente que sólo tiene enmiendas, lo cual lleva a la simulación que a final de cuentas conduce a la reedición de la impunidad y la corrupción. Simulación que se recrea en la publicidad y en las encuestas oficiales.

Todavía peor, la actual administración insiste en utilizar el mapa de ruta impuesto por la tecnocracia, mapa que ha producido un malestar social que crece día a día. Los que salieron el día de ayer lunes a protestar ¿serán recibidos por el Presidente en la residencia oficial?

Ante la desaparición del Día del Presidente, de la ceremonia de recepción del informe anual del Ejecutivo por parte del Legislativo y el discurso presidencial que se daba cada primero de septiembre, a los estrategas de Calderón se les ocurrió profuso despliegue de publicidad. No parece la decisión más acertada, tampoco lo es la serie de entrevistas en distintos noticiarios. Lo que se percibe es un Presidente disminuido por su propio entorno de operadores, distante de la sociedad y que busca desesperadamente en los medios el reflejo de sí mismo. Un atisbo de reflexión le dice a Felipe Calderón que las cosas no son como las pensó, ni tampoco como se las platicaron. Los recursos de la mercadotecnia no sustituyen a la preparación, ni hacen un proyecto sostenible. Esa es la lección.

domingo, 31 de agosto de 2008

Contrariado


Así se ha de sentir el gobernante que, apostando a una acción de gobierno, los resultados se oponen a sus deseos. En el albor del sexenio de Felipe Calderón, la “guerra” contra el crimen organizado fue la carta que ofreció a los mexicanos el Presidente. La delincuencia se ha encargado de agujerear esa carta de buenas intenciones y el sábado 30 de agosto, ayer, miles de ciudadanos salieron a las calles a reclamarle al gobierno seguridad. Y muchos de esos miles, por no decir exageradamente que la mayoría, votaron por Calderón.

Miles que no saben realmente lo que pasa, simplifican para apurar una respuesta de consuelo o de autoayuda y no quieren dejar a su gobernante solo, nada más le piden que se radicalice. Si hay malos químicamente puros se tiene que acabar con ellos para salvar a los cien por ciento buenos. El maniqueísmo se instala con naturalidad sin que el manifestante ingenuo se dé por enterado de la barbarie que profetiza. Hasta hoy en día no se ha encontrado hijo de puta que en el fondo no se conciba como un hombre bueno, pero si se ha encontrado bueno que dé lástima por imbécil. Por eso el maniqueísmo no es recurso para dar cuenta de la complejidad de lo que pasa.

Cuando la gente sale a la calle protestar algo está fallando en el edificio de las instituciones, diría Perogrullo. Es la tercera megamarcha contra la inseguridad, la primera en 1997, la segunda en 2004 y la de ayer. Tres presidentes: Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Calderón. Los tres con elementos en común: escasa formación de Estado, subordinados al empresariado e irremediablemente débiles frente a los Estados Unidos. Desde esa comunidad mental no tienen aptitud para atender a la comunidad nacional.

Personajes globales extremos, deshacedores de lo público y campeones de lo privado que han roto el saco de la ambición. Si todo se resuelve con dinero y el gobierno con ello prescinde de su función niveladora de la vida de los ciudadanos qué se le está diciendo a la sociedad: emigra, roba, estafa, busca un puesto de elección popular, en una palabra, compite y ponte encima de tu semejante. Nada que llame realmente a la convivencia, a la colaboración, a la solidaridad. Que cooperen los tontos.

Si eso se puede decir de quienes han gobernado en los últimos años, qué más se puede decir de la iglesia católica que cuenta con la mayor membresía de creyentes. Algo ha dejado de hacer la iglesia pues el credo no amilana a la criminalidad que se ha extendido contra la fe o, más bien, desde la fe. Y no es la primera vez que pasa, las guerras de religión son el mejor ejemplo.

Pero los más responsables de la actual situación de inseguridad han sido los grandes empresarios, quienes impusieron el modelo de abolición de lo público, quienes ignoraron la complementariedad entre lo público y lo privado, quienes se despreocuparon por definir equilibrios mínimos más allá de la filantropía y campañas hipócritas de valores. Y son ellos los que más ladran y ahora salen a la calle. No salen desnudos, no salen encapuchados. Salen a la calle pudorosamente de blanco.

jueves, 28 de agosto de 2008

PRI


El fin de semana pasado, el Partido Revolucionario Institucional celebró su XX asamblea. La opinión patética, enfermiza más bien, dispuesta a no digerir nada de lo que ofrezca el viejo partido expresó su retahíla de descalificaciones. La distancia y la mesura para observar la reunión priísta es difícil de encontrar pero se llega a dar. Por ejemplo, María Amparo Casar en Reforma (25-08-08).

Más allá de lo comentado, lo que se destaca es una absorción de la actual coyuntura que en términos prácticos sitúa al PRI más allá de su autocaracterización de partido socialdemócrata, que por cierto desde hace décadas venía coqueteando. El PRI ha visto la oportunidad de distinguirse de sus adversarios y de aprovechar sus debilidades. Con el sistema PAN gobierno, semanas antes se había notado un distanciamiento del PRI, sus principales líderes empezaron a pintar su raya y hasta el más reacio, Emilio Gamboa Patrón, terminó por sumarse declarativamente al distanciamiento de la cúpula priísta respecto del actual gobierno federal. Por qué lo hace, por oportunismo político, como lo haría cualquier otro partido (así lo hizo el PAN durante los sexenios de Carlos Salinas y Ernesto Zedillo, explotó las debilidades del PRI hasta que lo desplazó del poder)

Por otro lado, la situación de la izquierda está en los límites de su enésima ruptura, por lo que el giro izquierdista del PRI tiene el sentido de construir para el futuro inmediato un bloque político y cultural capaz de regresar a la derecha a sus tiempos de oposición testimonial.

Todo esto son cálculos que aspiran a convertirse en realidad y los resultados electorales a nivel local de los últimos meses acarician esa posibilidad, el regreso del PRI en la conducción del gobierno federal.

En realidad no es tan sencillo. En primer lugar tiene que congraciarse con sus bases tradicionales, sindicalistas y centrales campesinas, que han pagado su cuota del llamado “cambio estructural” y poco han recibido.

En segundo lugar, el contingente empresarial le ha invertido mucho al PAN y no muy fácilmente estaría dispuesto a reconocer que fue una mala inversión para el país. Pues aunque México haya perdido respecto a los números del crecimiento económico esperado y se ha incrementado la violencia del crimen organizado –al grado que ya tocan las inmediaciones del Rancho de San Cristóbal del ex presidente Vicente Fox- en el fondo los empresarios han disfrutado de un gobierno entregado a sus intereses. La víscera antipriísta no ha desaparecido de su imaginario.

En tercer lugar, no menos importante es el factor Estados Unidos, que de tiempo atrás ha incidido en la conducción del país de manera más abierta. Se sienten a gusto con un panismo solícito a sus dictados. Conocen su capacidad de intervención velada, como en la elección del estado de Baja California del año pasado.

En cuarto lugar, no se ve una orientación respecto a la segmentación del electorado, en la capa de jóvenes y mujeres. Finalmente no se le aprecia al PRI una definición frente al tema global y apocalíptico del siglo XXI, el medio ambiente, un espectro de la demanda ciudadana que bien a bien el partido llamado verde es incapaz de ocupar a plenitud.
Powered By Blogger