jueves, 8 de julio de 2010

La conjura de los cínicos



Después del domingo cuatro de julio pasado, donde se verificaron catorce elecciones locales –doce de las cuales pusieron a concurso la obtención de gobiernos estatales- a uno le gustaría afirmar que por los poros de la nación de transpira la democracia y con gozo se olfatea la sudoración democrática. Pero no es así, las excrecencias son insoportablemente apestosas. El paso esbozo de la democracia mexicana ha sido detenido y se hace tan espesa su tramitación que es necesario el operativo de rondines militares para que no se desborden las pasiones, teniendo la presencia de la fuerza pública un ostensible efecto de intimidación. La defectuosa construcción democrática, que sólo puede presumir mayor competencia y qué competencia: abuso de poder e ilegalidad que sólo aspira a asignar cargos públicos desentendiéndose de gobernar.

La constante entre el pasado y el presente es el cinismo. Sigue vivo en la política mexicana la defensa y práctica de acciones vituperables, la impudencia, la afectación de desaseo y grosería en los procesos políticos y electorales. Esa política que puede postular a nivel de imperativo categórico, si se acepta la contradicción o equivoco, de frases célebres del cinismo como: “nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos”, “la moral es un árbol que da moras”, “el orgullo de mi nepotismo” a la circunstancia actual del “haiga sido como haiga sido”. Las instituciones públicas, contando desde los partidos, los organismos electorales autónomos, las fiscalías y tribunales han mostrado su nulidad para anular procesos sucios. No sirven para alimentar la vida democrática.

Las elecciones no son oferta de opciones claras, distinguibles cuando la derecha se colude con la izquierda sin un proyecto, cuando para vencer al adversario no se crea una propuesta y se va por el camino fácil de encontrar al despechado que decidió abandonar las filas de ese adversario. En Oaxaca, Puebla y Sinaloa no hay panistas ganadores. Se vive del resentimiento con el pasado priísta, sin advertir esa derecha gobernante que ya formó un incipiente pasado con los mismos ingredientes de corrupción y autoritarismo, con desigualdad y empobrecimiento ampliados.

Clausurado el camino de la democracia, la militarización avanza con el pretexto de la inseguridad pública que le estalló al actual gobierno federal y que ahora ceba a la población con la habituación al olor de la sangre. Por ese camino la democracia será el pretexto para una mayor intervención de los militares, tal como ocurrió en Sudamérica en el siglo pasado y siempre con el respaldo del Departamento de Estado. Eso sí, con una gran diferencia, la izquierda no será el blanco a reprimier de la militarización porque esa orientación política ha decidido autoliquidarse.

martes, 29 de junio de 2010

Horas difíciles




Después del fatal atentado del lunes 28, en contra del candidato priísta Rodolfo Torre Cantú y su comitiva. Ocurridas las reacciones de conmocionados actores políticos que, ahora sí, claman por un diálogo nacional. El experimento de la modernización excluyente se tiene que despedir de la escena nacional. La hora está marcada para dejar atrás las veleidades de un mercado sin justicia y una democracia de ficción.

Es el momento de enfrentar al crimen organizado con toda la fuerza de la educación y orientar la economía hacia la generación de empleos formales que no castiguen la remuneración ni evadan la vigencia de derechos laborales. Combatir el capitalismo salvaje que ha detonado la proliferación de la delincuencia.

Son demasiados acontecimientos de violencia que escapan a la acción del Estado y no son sometidos. En la pendiente de violencia no se ha alcanzado el punto de quiebre que permita afirmar el control del Estado. El gabinete de seguridad se encuentra rebasado o está a punto de. La gráfica de la prensa es elocuente.

El gabinete económico, por su parte, no tiene nada que aportar. Se agotó la centralidad de la política económica neoliberal. No es casual que en estos momentos difíciles Ernesto Cordero, Gerardo Ruiz Mateos, Juan Molinar Horcasitas y, sobre todo, Javier Lozano Alarcón no encuentren lugar para sus manidas recetas.

El gabinete social es un accesorio que ha servido para ocupar a agencias de publicidad. Si en verdad hubiera tenido un desempeño destacado en la mejora de la vida de los que menos tienen el crimen organizado no hubiera extendido su base social.

Y qué decir de las grandes empresas beneficiarias, sus capitanes Germán Larrea, Emilio Azcárraga Jeán, Roberto Hernández, Lorenzo Servitje y demás. De ellos no vendrá defensa para un gobierno que sale anticipadamente. Ellos recogerán ganancias y negarán al que los favoreció.

Ni la iglesia católica tendrá ánimo para defender a su creyente gobernante, en el límite de su camaleónica capacidad de sobrevivir al presente, sus prejuicios han debilitado su fe. Su doblez ante la conducta pedófila de algunos de sus sacerdotes ha dejado moralmente sin voz a la iglesia.

Por todo esto no son inoportunos los llamados a la unidad, nada más falta que todos entendamos lo mismo acerca de la unidad solicitada.

lunes, 28 de junio de 2010

Duelo



No conocí, como muchos, a Rodolfo Torre Cantú, malogrado candidato del PRI a la gubernatura de Tamaulipas. Ello me exime de hablar aquí sobre su vida pública y privada, de una semblanza. Lo menciono porque su asesinato por la mañana de hoy confirma el temor advertido, que la violencia alcanzara la disputa política. Se ha dejado correr la sangre como si la autoridad fuera estatua de sal. Como en este país la mayoría de los asesinatos no son atendidos por una investigación puntual, todo se vale.

Adoptando la lectura que no sigue la letra, tampoco el hecho concreto, sino que se remite directo al contexto (Contextualizar ha pedido Fernando Gómez Mont a los medios) Este asesinato es suceso legible al calce del contexto de la vida nacional.

El contexto se compone, simplificando no sin disculparme antes con Umberto Eco, por el conjunto de acontecimientos que acompañan al texto escrito ¿Cuáles son esos acontecimientos en el caso del México actual?

La no contención de la ilegalidad en los procesos electorales. Por sobre los elogios sobre nuestro sistema electoral el desvío de la ley sigue siendo decisivo. Sigue siendo incierto el veredicto ciudadano.

La ampliación de la desigualdad social. Por sobre los baños de pureza librecambista el mercado no se ha mostrado como un mecanismo que deje contentos a todos con el reparto de la riqueza.

La inseguridad que se ha extendido desde el momento en el que se disminuyó la intervención del Estado. Ahora se lamentan del deterioro del tejido social, pero no se preguntan qué lo sostenía.

La liberación de los poderes fácticos. La iglesia, el ejército y los empresarios están desatados (No se incluyen a los trabajadores porque ellos siguen sometidos) Estos poderes se han puesto por encima de la autoridad civil.

El deterioro de la educación, cuyo engranaje sirve para apoyar causas electorales pero no hace mejores ciudadanos.

El descontrol de la información del Estado que se subordina a las disputas en el gabinete de seguridad, a incidir en los procesos electorales, a las sugerencias de Washington, a la publicidad estupidizante que no distingue entre la comida chatarra, las bebidas o los servicios bancarios y los símbolos nacionales.

La utilización de eventos deportivos para encubrir la falta de legitimidad de las decisiones políticas (recordar a Hítler o a Rafael Videla) El futbol es el elemento conspicuo de esta afirmación y concluye el contexto que quiero sobresaltar. En el futbol se ha querido sublimar las carencias de todo el país, exigiéndole a un equipo que juegue bien, cargue la bandera nacional y haga sándwiches al mismo tiempo. Las tres cosas no se pueden hacer al mismo tiempo.

Ése es el contexto.

Estamos de duelo, con la esperanza de que pronto estaremos de revuelo con un país mejor.

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