viernes, 26 de mayo de 2023

¿Qué derecha?

Érase una vez, el principal instituto político de la derecha (PAN) sobrevivía en la inclemencia del partido de Estado (PRI). La intransigencia como sello distintivo puso a la derecha electoral en condición desvalida. En ciertas esquinas, durante los setenta, promovía la rifa de vochos. Orgullosa de su identidad católica y proempresarial, se ofrecía como el partido de la decencia para contrastarse con los desvíos del partido gobernante, el de la corrupción y el control vertical de las elecciones.

Las confrontaciones de los gobiernos de Echeverría y López Portillo con los empresarios dieron la pauta para que las organizaciones gremiales del empresariado volteasen a mirar hacia el PAN con el fin de utilizarlo como instrumento gestor de sus intereses en el campo de la política. En ese entonces los líderes de las corporaciones se declaraban apolíticos y comenzaron a migrar hacia el PAN. El neopanismo despegaba en el Norte del país.

La refundación de ese partido se dio en 1988 tras controvertida, por fraudulenta, elección presidencial. El pacto fáustico con Carlos Salinas de Gortari y la primera generación de reformas estructurales. Los blanquiazules las presumieron como propias, los tricolores se plegaron a su programa. El nacionalismo revolucionario se convirtió en pieza de museo, el libre comercio ocupó su lugar como guía de los destinos de la nación.

En diciembre de 1994, la confrontación Salinas-Zedillo adquirió la nota de leyenda urbana. Lo efectivo, la continuidad del proyecto económico liberalizador extremo estaba fuera de toda duda. La consolidación del poder económico sin marcha atrás era la certidumbre compartida por las élites. A las gubernaturas que el PAN comenzaba a sumar, avanzó en su alianza con el PRI al recibir la concesión de la PGR. En seguida, la aprobación del rescate bancario que convirtió deudas privadas en públicas. fue prueba de su lealtad al régimen de cohabitación. 

Dando y dando, en aprecio a su labor de legitimación, se dio el acceso panista a la presidencia de la república confirmando al incontestable poder económico. La alternancia una puesta en escena. Con Vicente Fox al frente, éste y la nomenklatura panista mostraron su pragmatismo rapaz. Su hora de robar les había llegado, el secretario de Hacienda les allanó el camino. Lo fundamental fue afianzar el poder económico costeado por el Estado. Libre comercio de dientes para afuera. Para el 2006, la oligarquía defendió con todo a un candidato proclive a ejercer la violencia. Con Felipe Calderón el PAN se superó, le agregó su alianza con el crimen organizado disfrazada con la declaración de guerra al narcotráfico.



Para el 2012, los panistas le devolvieron el favor al PRI, Enrique Peña presidente. Fuego fatuo para continuar el servicio de los poderes públicos a grupos empresariales insaciables. En esas promisorias condiciones se operó la segunda generación de reformas estructurales. Pero se distanciaron a la hora de compartir el pastel en el 2018. De nada sirvió el destape de José Antonio Meade por parte de Claudio X. González Laporte en el 2017. A los magnates se les salió de control la sucesión y en esa fisura se encumbró Andrés Manuel López Obrador. Será por eso, que de manera temprana Claudio X. Jr. ha tomado el control de la oposición de derecha por encima de las estructuras partidistas. Líderes de grandes empresas, no son todas, se aprestan a jugar al margen de la ley. Les da igual cualquier candidato opositor, en el fondo los desprecian, no están a su altura. Preparan su plan B: la asonada.

A la élite de derecha no le interesa la democracia, ni el libre comercio. La víscera y los prejuicios les gana. Profundizar desigualdades es su verdadero propósito.

viernes, 19 de mayo de 2023

¿Qué izquierda?

El proceso de la sucesión presidencial pone a prueba al partido en el poder. Las elucubraciones y escupitajos empañan el ventanal de transparencia de las mañaneras. Quién es la persona auténtica, fiel, pura y digna de suceder a Andrés Manuel. Se olvida algo elemental. El poder no se hereda, se gana si se cuenta con el ánimo popular. A eso apunta el requerimiento de una encuesta.

Lo que llamamos izquierda ha tenido dos* o tres corrientes de dirección: la izquierda reformista, la radical y la ultra (socialdemócrata, comunista y anarquista) De las tres la primera sobrevive en diversas presentaciones. El comunismo arreó banderas antes de la caída del Muro de Berlín con el Eurocomunismo. El anarquismo prácticamente desapareció con su derrota en la Guerra Civil española.

Para no confundirse, pues sucede cotidianamente, es imperioso aclarar: MORENA no es invención excepcional que funda a la izquierda mexicana y sí se encuentra adscrito a la corriente reformista. El reformismo por lo general se carga al centro y se propone la nivelación social sin desaparecer al capital privado, tampoco pretende destruir al Estado. Aunque no se presuma, esa adscripción le ha concedido a MORENA el apoyo de clases medias y de empresarios.

En el gobierno de López Obrador se nota el abrevadero del laborismo inglés (reformas sociales) y del no menos inglés keynesianismo (participación económica del Estado y equilibrios macroeconómicos) cortesía de su amigo Jeremy Corbyn.

Andrés Manuel on Twitter

En el presente, esa es la izquierda con posibilidades de acceder, mantenerse o salir del poder dentro de la democracia electoral. Es lo que hay.

Aceptando sin conceder, los dirigentes, militantes y simpatizantes del movimiento están conscientes de la naturaleza reformista del partido. Esa es la izquierda que les define y aspiran a representar. El problema comienza cuando se trata de ganar simpatías y, sobre todo, distribuir influencias. Entonces la puerca tuerce el rabo. Es aquí donde la adscripción a grupos y el reclamo meritocrático desequilibra la supuesta congruencia del movimiento. Se convierte en un palenque de apuestas por el gallo favorito con argumentaciones que nada tienen que ver con el proyecto de izquierda.

A esto se añade la conducción carismática del movimiento que funciona como un paraguas que cubre a todos los obradoristas, en primera instancia. Ese estilo neotestamentario de prodigar alabanzas y anatemas, de recomendar humildad y arrogancia, que su propio camino a Damasco le reveló. El carisma penumbra el proyecto de manera indefectible si AMLO se retira de la política. El carisma no se adquiere en la botica, ni se trasmite de mano en mano. Por eso más vale que se allane la ruta de la encuesta para darle certidumbre a la continuidad de un gobierno reformista. Más aún si se considera que falta mucho por hacer en materia de educación y salud, de justicia ni hablar.

*Para los jóvenes, acerca de esta clasificación revisen, si les viene en gana, el texto Crítica del Programa de Gotha (Karl Marx, 1875)

viernes, 12 de mayo de 2023

El pueblo o la militancia

Para no sentirse confundidos, peor aún, engañados, MORENA debe a la ciudadanía una clarificación sobre los pasos a seguir en la definición de la candidatura a la presidencia.

La sugerencia de López Obrador es practicar una encuesta en la que se capte el sentir del pueblo. Que sea el pueblo la avanzada, no las vanguardias, corrientes o facciones del partido. El pueblo bueno, sabio, mayor de edad tiene la capacidad de orientar el camino para la continuidad de la 4T. además, se ahorraría el costeo de elecciones primarias con la encuesta.

Desde que comenzaron a alzar la mano, quienes se creen con las aptitudes y merecimientos para darle un segundo aire a la transformación, también iniciaron los pronunciamientos de seguidores. Tales pronunciamientos han dado lugar a una catarata de descalificaciones ante la mirada huidiza de la cúpula de MORENA. Dicha directiva parece no tener autoridad para aclarar el camino, será porque su autoridad quedó mediada por la intervención del Poder Judicial.


Hay fieles obradoristas que ahora desafían a AMLO -lo que no precisamente es malo- reclamando la ejecución a pie juntillas la aplicación de los estatutos. Esto los lleva a desestimar la encuesta y dejar en la militancia la decisión sobre la candidatura, las candidaturas por extensión a los cargos que entrarán en disputa en el 2024.

La sugerencia que pretendía ahorrar costos, al no exponerse con contundencia, comienza a generar desgaste adicional a López Obrador y a su partido, con lo cual el bono de contar con una oposición moralmente derrotada podría no rendir lo esperado a la hora de conseguir la mayoría calificada en el Congreso y poner en ejecución el Plan C.

No se olvide que la 4T está detenida en la Corte. Pero si las decisiones pasan por definir quién es más izquierdista, por lo menos deben comunicar a la ciudadanía como estiman eso. Dónde está el pedigrí de la izquierda mexicana actual. Sus genes son tan variados como los de un perrito callejero. Una aristocracia de izquierda no tiene sentido dentro de un proyecto que se reclama del pueblo.

En un sentido estricto, la izquierda que hoy gobierna México es una izquierda reformista, retoma el vigor de la inversión pública como “palanca de desarrollo”, al tiempo que ofrece condiciones auspiciosas de la inversión privada. El rasgo distintivo aportado por André Manuel es su cariz moralista frente al México flagelado por la corrupción, la delincuencia y una justicia que desprotege las más de las veces al débil.

Por eso la disyuntiva: el pueblo o la militancia.

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