martes, 26 de noviembre de 2019

Guion para desarrollar


Este domingo primero de diciembre se cumple un año de la entrada en funciones del gobierno de Andrés Manuel López Obrador. El aniversario es motivo de fervorín entusiasta de millones, para otros en la derecha, el aniversario será como un gancho al hígado. El júbilo es consentido, bienvenido y no proviene de la casualidad. Si uno se atiene a lo que se ha manifestado como el fenómeno del obradorismo, lo que se muestra a la luz de los ojos, evitando la chapuza del balance entre lo bueno y lo malo del gobierno, el esbozo de un apunte de lo que se muestra palmariamente con guiño de incontrovertible se plantea así.

López Obrador, una fuerza en ascenso con la forma de movimiento cívico-político. Redondeando cifras, AMLO no dejó de acumular simpatías en cada justa electoral federal: en las elecciones de 2006 con catorce millones de votos; en 2012 agregó un millón para alcanzar los quince; lo espectacular ocurrió en 2018 ¡Duplicó las preferencias a su favor! Treinta millones de votos. La cifra se dio en la confluencia, por un lado, de un estilo de que hacer político cercano a la gente, nada más recorrer todos los municipios del país, privilegiando el contacto cara a cara, sin la mediación de organizaciones corporativas. Todo un ejercicio ciudadano en el cual la ciudadanía es el medio, la que divulga de boca en boca. Los medios tradicionales no sustituyeron la participación ciudadana, fueron complemento. A esta explosión de ciudadanía se unió el desprestigio de la clase dirigente.

Por otra parte, el voto masivo no dejó duda de a quién se le concedía el poder para ejercerlo a plenitud, sin el lastre del gobierno dividido, para de este modo operar cambios puntuales y acomodar las fichas del nuevo gobierno. Ese voto apabullante se manifestó para fortalecer desde las instituciones, como si fuera una palanca de doble propósito. Esto es, contener el modelo depredador promotor de la desigualdad. En seguida, dar un giro en la dirección del país. El servicio público tiene en el foco de su atención a los que menos tienen y el año 2020 contará con una orientación presupuestaria acorde con el mandato popular.


Los treinta millones de votos cimbraron el ecosistema político, a los partidos en especial. Las tres fuerzas que negociaban y mangoneaban vieron reducidos sus espacios. La alta burocracia, los entes autónomos diseñados para los expertos, líderes de las corporaciones de masas, las organizaciones que se arrogaron la representación de la sociedad civil (incluyendo despachos de servicios varios y empresas de comunicación)

Con treinta millones de votos, la suma del respaldo popular, López Obrador ha construido tres líneas que confluyen en el conjunto de la política del actual gobierno: una inesperada convivencia proactiva con el gobierno de Estados Unidos encabezado por Donald Trump. Consolidación del apoyo de las fuerzas armadas en una serie de servicios más allá de los estrictamente militares y con la reducción de su función como fuerza letal, al tiempo que se incorporan legalmente al combate de la delincuencia. La tercera línea son los acuerdos con la iniciativa privada, el corporativismo empresarial en el barco de la cuarta transformación.

martes, 19 de noviembre de 2019

Los abandonados


En la víspera del 109 aniversario de la Revolución Mexicana. En la coincidencia con una presidencia de la república que reivindica la justicia social. Tercera transformación le llama López Obrador. Después de varios lustros de deslavamiento simbólico de la gesta de 1910, ocurrido bajo la dictadura del pensamiento único del consenso de Washington, que acomodó las fichas para crear a nivel mundial una mínima base social, es decir excluyente. Siguiendo a Pareto, parafraseándolo, si el gobierno no puede satisfacer a todos, que al menos lo haga con un porcentaje de la población que no sea igual, ni mayor al cincuenta por ciento. Pongámoslo así, que se satisfaga a los que tengan educación superior y que no realicen trabajo manual, bajo el convencimiento de que la desigualdad social es una necesidad. Por eso les irrita el modelo de austeridad republicana que no es otra cosa que priorizar los recursos públicos para, de manera lo más directa posible, enfocarse en los que menos tienen. Se les acabó la piñata, se sienten abandonados.

Adoración, de Alfred Kubin

Una porción de estos abandonados de nuevo cuño se considera “progres”, “liberales”, “demócratas”, de “izquierda”. Dos sucesos han sacado a relucir de lo profundo de su corazón sus sentimientos clasistas y racistas, su proclividad a defender actos represivos, su incredulidad sobre el combate a la corrupción. El nombramiento de una activista social al frente de la CNDH, así como la concesión del asilo político al depuesto presidente de Bolivia, Evo Morales, son dos acontecimientos que sacaron a flote el fascista que llevan dentro supuestos demócratas. Tuvieron más tolerancia con los dislates de Fox, con las acciones represoras de Calderón bajo el eufemismo de daños colaterales, hasta la corrupción del gobierno de Peña la toleraron a cambio de un sistema nacional anticorrupción que se pasmó en su gobierno. Uno tras otro, los tres expresidentes mencionados destruyeron, hasta donde pudieron, la riqueza nacional petrolera. Estos tres utilizaron al Ejército fuera de su mandato constitucional. Eso sí, la minúscula y excluyente sociedad civil de los que ahora se sienten abandonados de la gracia presidencial, no le toleran nada al presidente Andrés Manuel. Bueno, digamos que defienden sus intereses, es lógico.

Más lógica es la rabia si procede del Partido Acción Nacional, partido que en los últimos años conoció lo que es vivir dentro del presupuesto, de cómo el servicio público se conectaba directamente con el enriquecimiento de su patrimonio. Nunca habían tenido tanto dinero en sus manos y jamás recapacitaron en el costo para el país que ha resultado el sostener a los mantenidos de la política. Por eso también se sienten abandonados, están desesperados.

A todo ello no contaron con que la ciudadanía ordenaría un mandato fuerte para López Obrador. Su peor pesadilla es que en las próximas elecciones federales el presidente salga más fortalecido. Les duele que grupos de interés ya no capturen instituciones. Les gustaría un escenario golpista como el que promovió la renuncia de Evo Morales. Son los principales interesados en debilitar las instituciones con el propósito de garantizar injusticias y mantener desigualdades sociales, más allá y en contra de lo que significa una amplia formación de ciudadanía.

Esto apenas ha comenzado.

martes, 12 de noviembre de 2019

Caja vacía



Rosario Piedra Ibarra tiene toda una vida como defensora civil de los derechos humanos, mucho antes de que se pusiera de moda en la hipocresía de gobernantes tecnócratas y autonombrados líderes de la sociedad civil. A Rosario le ha correspondido, por amor filial, acompañar y participar en la lucha de su madre (Rosario Ibarra de Piedra - Medalla Belisario Domínguez 2019) por la libertad de los presos y desaparecidos políticos desde la década de los setentas del siglo pasado (el caso de su hermano Jesús es un ícono de esta lucha) De darse el arribo de Rosario a la Comisión Nacional de Derechos Humanos, llegarían vientos frescos a ese organismo autónomo.

La CNDH ha sido coto de los togados académicos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. De llegar al cargo, Piedra Ibarra sería la primera persona en representar a las víctimas y darles voz, para así sacarlas del silencio obligado que les impuso el antiguo régimen.

Por eso la rabiosa oposición del Partido Acción Nacional y sus senadores a esta real luchadora. La angustia los acucia. Responsabilidades negligidas que dieron lugar a la violación de derechos en San Mateo Atenco, Edomex; Pasta de Conchos en Coahuila; Guardería ABC de Hermosillo, Sonora; los dos estudiantes asesinados por la policía de Felipe Calderón en las instalaciones del Tecnológico de Monterrey, en Nuevo León, son algunos de los casos que la nomenclatura panista no quiere que vuelvan a la conversación pública y se renueve su ventilación en las instituciones de justicia.

Entretanto, debería formarse un consenso sobre las reformas a la CNDH. Tal como ha venido funcionando esa Comisión es una caja vacía, caja que promete maravillas y no se ve nada, como aquella del Entremés Cervantino. Se ha dicho hasta el cansancio que la CNDH no tiene dientes, ello para justificar sus magros o nulos resultados en la defensoría de los Derechos Humanos. Es una instancia gris, sin capacidades judiciaria y de ministerio público. Solo hace recomendaciones a las autoridades bajo sospecha y sin mayores consecuencias.

Castrada de origen, la Comisión se ha plegado a los sucesivos gobiernos desde su fundación. Será por eso por lo que el reconocimiento social no le llega, habituada a una onerosa subordinación. Onerosa en doble sentido, por lo costosa y por el bajo rendimiento en la prosecución de los Derechos Humanos.

Y sí es vital para la democracia fortalecer a la CNDH como la institución de contención y reversión de acciones autoritarias, golpistas, que cancelan de facto los Derechos Humanos. Posiciones que toman aliento y promoción desde el Partido Acción Nacional.

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