domingo, 5 de octubre de 2014

Detalles de una movilización en curso

Acostumbrados a una ciudadanía desmovilizada, la movilización de los politécnicos agita intereses que, o se sienten amenazados, o bien ven la oportunidad de ganar influencia. Tampoco falta la picaresca que decodifique la avanzada de la sucesión presidencial.

De esto último no viene al caso hablar del “destape” de Miguel Ángel Osorio Chong o decir que es un “superstar”. Son opiniones ociosas frente a los retos de una institución, el Instituto Politécnico Nacional, que se exige una mejor gestión de sus asuntos internos. Eso es lo importante.

Por lo que se refiere a quienes se sienten amenazados por el movimiento, la oligarquía, se dedica a provocar y no vale la pena hacerle el juego. En el control de los medios dispone de testaferros –tiradores o sicarios- en posición de descalificar el movimiento politécnico. La oligarquía, sus miembros en lo individual también, considera ser la única en tener interlocución cara a cara con el gobierno. Una interlocución siempre en lo oscurito. A esa oligarquía le aterra que el gobierno se abra al diálogo público con una movilización social. Sépanlo que cuando eso llega a ocurrir es porque los mecanismos institucionales fallaron.

Desde otra perspectiva están los colectivos radicales, con otra manera de ver las cosas. Para ellos es la oportunidad de impulsar su propia agenda política, abiertamente antigobiernista y de escasa difusión.

Bajo estas condiciones que se superponen al movimiento y lo distorsionan, aparecen pugnas palaciegas que no ven más allá de la sucesión presidencial; pone en alerta a la oligarquía -la gran ganadora de las reformas estructurales- pues considera que los poderes públicos sólo están ahí para su servicio y cuidan mantener esa ventajosa posición que mantiene la exclusión social; por su parte, los colectivos que no están reconocidos dentro de la comunidad politécnica, se aprestan a darle una dirección política al movimiento.

Sin perder la atención sobre estos detalles vale hacer una recapitulación breve del movimiento:

El jueves 25 de septiembre se da la monumental movilización politécnica, de rechazo al nuevo reglamento del IPN y a la modificación del plan de estudios.

El martes 30 de septiembre ya se tiene un pliego de 10 puntos, entre los cuales ya destaca la petición de la renuncia de la directora Yoloxóchitl Bustamante Díez. El movimiento es reconocido como interlocutor válido por el gobierno.

El viernes 3 de octubre, el gobierno ofrece a los manifestantes la respuesta oficial a considerar. Dentro de ella se incluye la cancelación del nuevo reglamento y del nuevo plan de estudios, así como la aceptación de la renuncia de la Directora.

Hasta este momento es clara la victoria del movimiento, para la cual la acción directa fue una estrategia eficiente. Dentro del movimiento se inicia una discusión entre quienes se consideran satisfechos con lo conseguido y es hora de regresar a clases. Mientras, hay otro sector que llama a no confiarse y proveerle más puntos al pliego original (Como la investigación y castigo de los que atacaron la manifestación de los normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero, el 26 de septiembre. Hechos que tienen como presuntos implicados al gobierno local del PRD y el crimen organizado)

Si no hay conciliación entre los puntos, las asambleas estudiantiles se van a polarizar hasta dejar de ser representativas pues el encono merma la participación.

Aquí la disyuntiva es crucial para la comunidad politécnica. Mantenerse como un movimiento con justificación académica y que le ha valido ganar la primera etapa de esta lucha. Ahora le corresponde organizar, en la medida que tiene la iniciativa, la segunda etapa de la movilización, centrada en cuestiones internas como lo pueden ser: pugnar por una nueva ley orgánica y alcanzar el estatuto autónomo para el IPN.

La otra opción es dar un giro al movimiento, dotarlo de una agenda política (de disputa por el poder) en la que el pliego de peticiones va creciendo y nunca es suficiente. En esta opción la acción directa perderá eficacia. Le exige apoyos, de alianzas externas pues la comunidad politécnica no es suficiente, con el riesgo de disolver la fuerza interna y aislar al movimiento si no construye pronto esas alianzas.


A qué están dispuestos los politécnicos, de qué medidas estarán dispuestos a echar mano para calcular una decisión mayoritaria: la unanimidad, la mayoría calificada o la mitad más uno. Lo peor sería rehuir las decisiones de consenso y zanjar las diferencias abandonando el movimiento o liándose a golpes.

jueves, 2 de octubre de 2014

Se movieron


Es esta una historia de sociedad en movimiento. El jueves 25 de septiembre, el portal Reforma.com mostraba la fotografía de una monumental e inesperada manifestación de la comunidad del Instituto Politécnico Nacional. La causa, el nuevo reglamento interno y cambios en el plan de estudios. Así de lacónica la nota acompañante de la foto. Después de mi sorpresa no le di mayor importancia a la marcha, pues carecía de mayor información.

Por la noche, Once Noticias entrevistó a la directora del IPN, Yoloxóchilt Bustamante Díez. Sus declaraciones despertaron mi interés. La Doctora afirmó con ninguneo: la manifestación estuvo infiltrada. Su declaración no se correspondía con la magnífica movilización. Lo dicho por la funcionaria tenía un sentido descalificatorio de su propia comunidad.

Me dije, aquí se está formando una buena historia, distinta de la calamitosa inseguridad o la referida a la corrupción.

Efectivamente, la movilización politécnica continuó en dos acciones: tomar la calle y para escuelas. Desde su inicio, el movimiento fue acosado por las autoridades del IPN, éstas no tuvieron la capacidad de detenerlo. Para el lunes 29, la Dra. Yoloxóchitl salió de la escena. Ya estaba rebasada.


La causa del malestar fue la mutilación del reglamento anterior (2004) y la reducción del plan de estudios. Lo que se operó si promover genuinamente la participación de la comunidad politécnica. La directora se confió en el servilismo de la mayoría de los consejeros que forman parte del Consejo Técnico Consultivo de la institución.

Yoloxóchitl no actuó sola, ni por cuenta propia, tiene superiores con los que está obligada a acordar e informar. Nada se ha dicho de sus acuerdos o conciliábulos con los subsecretarios de educación media-superior y superior, ni con el secretario de la SEP. Seguro que estaban enterados del proyecto y le dieron luz verde. Es una parte de la historia que permanece velada. En algún momento esos funcionarios tendrán que dejar la poltrona y dar la cara.

El instante no es la historia. Esta historia no se resume en la espontaneidad. Para el martes 29 de septiembre, entrevistado por Carmen Aristegui en MVS Noticias, el exdirector del Politécnico –Miguel Ángel Correa Jasso- puso en perspectiva histórica el movimiento, habló de anteriores esfuerzos por dotar al Instituto de una nueva ley orgánica y de autonomía. Vicente Fox congeló el proyecto.

Contra rumores surgidos al calor de la movilización y ataques de algunos medios, el día martes pasado la comunidad politécnica organizó otra gran marcha. Su objetivo: apersonar a la masa con el titular de gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, para de frente y sin intermediarios, construir un diálogo benéfico para el Politécnico y para el país. Es el primer peldaño para alcanzar metas superiores.

Así, el movimiento quedó formalmente reconocido. En menos de una semana se avanzó más que a través de los laberintos de la burocracia. Es destacable la coordinación entre el gobierno de la Ciudad de México y Gobernación, inhibiendo provocaciones que desvirtuaran los fines de la movilización. Enderezar los entuertos que, de nuevo, produjo la SEP.


Esta historia continuará.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Barbarie a la vuelta

Cuesta trabajo hacer conclusiones con el acceso a la información instantánea. Por ejemplo, soy renuente a considerar al Dr. Mireles un luchador social. El que se haya enemistado con el gobierno, sin conocer la causa de fondo, me genera suspicacia ¿Qué pasó en esa ruptura?

Así, en todo el capítulo de la inseguridad que nos agobia, las cifras oficiales que indican su disminución no alteran mi estado de alerta, pues la percepción se fortalece cuando los enfrentamientos entre bandas delictivas dejan ejecutados en su disputa (Uruapan), cuando a través de videos un delincuente hace ostentación de impunidad, como para preguntarse ¿De quién aprendió Servando Gómez? Pues no muestra improvisación, sino cálculo y dominio sobre su entorno. Conoce a todos y todos lo conocen a él.

El mensaje “tranquilizador” se desmorona cuando uno ve la manera en cómo un diputado federal, Gabriel Gómez Michel, del partido en el gobierno, es secuestrado para horas después ser eliminado junto a su acompañante. Ahora sí, en el PRI claman porque se haga justicia. Acaso sólo el crimen de alto impacto, así le dicen, merece el beneficio de la justicia.

Pero lo que ha terminado por destrozar el esfuerzo de “comunicación” gubernamental, su estrategia de baja exposición de los hechos delictivos, es la divulgación periodística sobre la ejecución de veintidós jóvenes, ocurrida el 30 de junio en el municipio de Tlatlaya, estado de México, a manos del Ejército. Más de dos meses después, cuando en un principio la autoridad ocultó la verdad de lo sucedido asimilando como una justa reacción a un ataque, el caso ha tomado el giro que pone contra la pared a los soldados.

Tampoco las autoridades locales ayudan mucho. Entre el 26 y 27 de septiembre, estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, fueron reprimidos en Iguala por la policía, con un saldo de seis muertos, 25 heridos y más de cincuenta desaparecidos. Lo que habla de una policía sin capacidad de someter, pero sí de aniquilar.

Por más que se diga que las cosas van mejor nadie lo cree. Lo preocupante hasta la exasperación, por esta visibilidad mediática de la inseguridad, es el fondo de falta de justicia que hay en todos estos hechos. La promesa de procurar justicia, de empezar desde cero, caiga quien caiga o hasta topar con pared, lo que ocurra primero. Y lo peor, la sensación de futilidad del Estado. Un anarquista no lo habría logrado también.

Desde el gobierno sólo se quiere minimizar y, a cambio, el mito del “Nuevo México”, cargado de un lenguaje semiótico, de señales y poses, a través de los cuales se repiten obscenamente las palabras inversión, inversionistas, reforma, transformación. Cuántas veces se ha esmerado en la justicia la propaganda oficial. O díganme si no, cuántos discursos memorables, de elaborado empeño semántico de esta y las últimas administraciones, se pueden contar ¡Uhm! ¿?

En este universo de afirmaciones y gestos, se acabaron los principios, pues se considera que con la “actitud” es suficiente. Con ello se arrasa el orden si la actitud no se soporta en sólidos principios, entre ellos, el de la justicia, que languidece difuminada y sin certeza, sin poderse abrir paso en medio de la inseguridad.

Cuando la animalidad de comunicar a través de señales se impone sobre la civilidad del discurso  eso quiere decir que la barbarie está tocando a la puerta.


Para forzar el manejo interpretativo de este artículo, remito a Giorgio Agamben en la glosa que hace a la obra de Émile Benveniste y Claude Lévi-Strauss, en su ensayo Infancia e historia.


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