martes, 13 de julio de 2010

Y la violencia sigue ahí



Terminó el mundial de futbol y las ilusiones promovidas dejaron a un Felipe Calderón derrotado. Ni pío dijo, pues el fracaso del equipo mexicano se traga en solitario. Futbolero presidente no pudo sacar mayor raja, tempraneramente salió de ese tema y se dedicó de tiempo completo, ya en otra grama, a fungir como jefe de campaña de su partido, Acción Nacional, en las elecciones locales de catorce estados ya comentadas. Los resultados mixtos impiden hablar de un ganador absoluto, hecho que no tendría mayor importancia si la competencia por ganar el 4 de julio pasado no hubiera estado cargada de encono y descalificación. El tema no es quién ganó, sino como se van a sentar las fuerzas políticas para remontar la precaria gobernabilidad del país resultado de una estrategia oficial defectuosa en contra del crimen organizado y el descuido de todos al incurrir desde los puestos públicos a mantener campañas permanentes por puestos ejecutivos y cargos de representación popular.


Con la división de las fuerzas políticas el beneficio colateral es para el crimen organizado que no encuentra un bloque de fuerzas políticas que le haga frente. Paralelamente, la economía no ofrece a la mayoría de los jóvenes actividades formales bien remuneradas. Al tiempo que la sociedad por sí misma no logra fortalecer mecanismo de ayuda para contrarrestar el aumento de las adicciones. Si con trabajos se tienen estimaciones periódicas de los decesos violentos que ocurren a diario en el país en la lucha por el control del territorio entre los criminales y las fuerzas del orden, se carece de un conteo público que informe sobre la agregación de individuos al universo de las adicciones.

No basta poner la jeta por el malestar que produce la confrontación de una psique terca y la realidad, cara descompuesta por el arrebato que genera integrar y conducir un equipo de trabajo o adentrarse en el futurismo de querer orientar la sucesión presidencial. El tiempo no alcanza para amalgamar el capricho, dirigir al gabinete y moldear el 2012. No le alcanza a Felipe Calderón y tendrá que decidirse por mostrar públicamente la ruta hacia el restablecimiento de la convivencia del país que quedó rota con su llegada al poder. Que no diga que las cosas están como están porque el sí se decidió a combatir al crimen organizado, sino que tomó esa opción para desenfocar la desarreglada manera de asumir la presidencia. Es el vicio de origen de la actual gestión federal.

La violencia es en el actual tiempo mexicano cotidianidad, no se reducirá con el concurso exclusivo de las llamadas fuerzas del orden. La violencia sigue ahí, colgada de un puente , como lo muestra la gráfica difundida por proceso.com.mx. y que corresponde a la madrugada de hoy.



jueves, 8 de julio de 2010

La conjura de los cínicos



Después del domingo cuatro de julio pasado, donde se verificaron catorce elecciones locales –doce de las cuales pusieron a concurso la obtención de gobiernos estatales- a uno le gustaría afirmar que por los poros de la nación de transpira la democracia y con gozo se olfatea la sudoración democrática. Pero no es así, las excrecencias son insoportablemente apestosas. El paso esbozo de la democracia mexicana ha sido detenido y se hace tan espesa su tramitación que es necesario el operativo de rondines militares para que no se desborden las pasiones, teniendo la presencia de la fuerza pública un ostensible efecto de intimidación. La defectuosa construcción democrática, que sólo puede presumir mayor competencia y qué competencia: abuso de poder e ilegalidad que sólo aspira a asignar cargos públicos desentendiéndose de gobernar.

La constante entre el pasado y el presente es el cinismo. Sigue vivo en la política mexicana la defensa y práctica de acciones vituperables, la impudencia, la afectación de desaseo y grosería en los procesos políticos y electorales. Esa política que puede postular a nivel de imperativo categórico, si se acepta la contradicción o equivoco, de frases célebres del cinismo como: “nadie aguanta un cañonazo de cincuenta mil pesos”, “la moral es un árbol que da moras”, “el orgullo de mi nepotismo” a la circunstancia actual del “haiga sido como haiga sido”. Las instituciones públicas, contando desde los partidos, los organismos electorales autónomos, las fiscalías y tribunales han mostrado su nulidad para anular procesos sucios. No sirven para alimentar la vida democrática.

Las elecciones no son oferta de opciones claras, distinguibles cuando la derecha se colude con la izquierda sin un proyecto, cuando para vencer al adversario no se crea una propuesta y se va por el camino fácil de encontrar al despechado que decidió abandonar las filas de ese adversario. En Oaxaca, Puebla y Sinaloa no hay panistas ganadores. Se vive del resentimiento con el pasado priísta, sin advertir esa derecha gobernante que ya formó un incipiente pasado con los mismos ingredientes de corrupción y autoritarismo, con desigualdad y empobrecimiento ampliados.

Clausurado el camino de la democracia, la militarización avanza con el pretexto de la inseguridad pública que le estalló al actual gobierno federal y que ahora ceba a la población con la habituación al olor de la sangre. Por ese camino la democracia será el pretexto para una mayor intervención de los militares, tal como ocurrió en Sudamérica en el siglo pasado y siempre con el respaldo del Departamento de Estado. Eso sí, con una gran diferencia, la izquierda no será el blanco a reprimier de la militarización porque esa orientación política ha decidido autoliquidarse.

martes, 29 de junio de 2010

Horas difíciles




Después del fatal atentado del lunes 28, en contra del candidato priísta Rodolfo Torre Cantú y su comitiva. Ocurridas las reacciones de conmocionados actores políticos que, ahora sí, claman por un diálogo nacional. El experimento de la modernización excluyente se tiene que despedir de la escena nacional. La hora está marcada para dejar atrás las veleidades de un mercado sin justicia y una democracia de ficción.

Es el momento de enfrentar al crimen organizado con toda la fuerza de la educación y orientar la economía hacia la generación de empleos formales que no castiguen la remuneración ni evadan la vigencia de derechos laborales. Combatir el capitalismo salvaje que ha detonado la proliferación de la delincuencia.

Son demasiados acontecimientos de violencia que escapan a la acción del Estado y no son sometidos. En la pendiente de violencia no se ha alcanzado el punto de quiebre que permita afirmar el control del Estado. El gabinete de seguridad se encuentra rebasado o está a punto de. La gráfica de la prensa es elocuente.

El gabinete económico, por su parte, no tiene nada que aportar. Se agotó la centralidad de la política económica neoliberal. No es casual que en estos momentos difíciles Ernesto Cordero, Gerardo Ruiz Mateos, Juan Molinar Horcasitas y, sobre todo, Javier Lozano Alarcón no encuentren lugar para sus manidas recetas.

El gabinete social es un accesorio que ha servido para ocupar a agencias de publicidad. Si en verdad hubiera tenido un desempeño destacado en la mejora de la vida de los que menos tienen el crimen organizado no hubiera extendido su base social.

Y qué decir de las grandes empresas beneficiarias, sus capitanes Germán Larrea, Emilio Azcárraga Jeán, Roberto Hernández, Lorenzo Servitje y demás. De ellos no vendrá defensa para un gobierno que sale anticipadamente. Ellos recogerán ganancias y negarán al que los favoreció.

Ni la iglesia católica tendrá ánimo para defender a su creyente gobernante, en el límite de su camaleónica capacidad de sobrevivir al presente, sus prejuicios han debilitado su fe. Su doblez ante la conducta pedófila de algunos de sus sacerdotes ha dejado moralmente sin voz a la iglesia.

Por todo esto no son inoportunos los llamados a la unidad, nada más falta que todos entendamos lo mismo acerca de la unidad solicitada.
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