miércoles, 28 de abril de 2010

Expresión del México Bronco



Quién nos iba a decir que el México Bronco por fin despertaría. No precisamente como violencia política de grupos sociales inconformes, sino como resultado de un combate mal llamado guerra al narcotráfico. Lo que generaciones de mexicanos posteriores a la guerra cristera no vieron, ahora les toca ser testigos del salvajismo de la guerra, donde el verbo que más se práctica es el de matar. Nada nos garantiza que en el desarrollo de este combate se vayan acomodando elementos de naturaleza política que no han aparecido suficientemente claros, que detrás de la criminalidad se escondan intereses políticos. Es una hipótesis expuesta por el grupo político en el poder, que el mismo presidente Calderón ha vuelto a sugerir, ahora en Nuevo León. Este año electoral puede ser el catalizador para confirmar la especulación oficial.

Otro catalizador es la creciente influencia de los poderes fácticos, que al ir desplazando a los poderes formales terminen por hacer más revueltas las aguas del río, debilitando a las instituciones que dan forma a los poderes constitucionalmente establecidos. Ayer martes, por ejemplo, los poderes fácticos ganaron dos batallas en el campo del Poder legislativo. Se contuvo la desaparición del fuero militar para casos de agresión de la milicia en contra de los civiles y se detuvo la reforma llamada Ley de Medios. Las Televisoras y el Ejército se impusieron. Se vistieron de gloria ¡Ajá!

No basta la acción policíaca en contra del crimen organizado, se requiere la acción deliberada y eficaz del Estado para atenuar desigualdades sociales y contribuir a la formación del mercado interno. Se tienen los presupuestos, faltan los resultados, se tiene publicidad oficial, faltan las realidades que la validen.

No basta con abrir el club del optimismo y con el tratar de cambiar las negativas percepciones extendidas entre la población. Que no vengan a decir que la crítica al gobierno detiene el desarrollo. Que la democracia es nada más un método de deliberación El exceso de crítica al gobierno puede dañar el desarrollo del país: Lujambio ¿Y qué delibera la política? El estado del tiempo o sobre la regulación para el acceso a los recursos públicos y privados. Por favor.

Hasta el día de hoy el formato de la violencia se simplifica en una contienda entre policías y delincuentes. En cualquier momento la violencia puede adquirir un perfil político. El asesinato de Rey Hernández García, quien era dirigente estatal del Partido del Trabajo en el estado de Guerrero es el aviso de que se ha tocado el límite. Sostener que lo mataron porque quería una alianza de su partido con el PRD y el PAN es una provocación.

lunes, 26 de abril de 2010

Estado diluido



Es cosa nada más de preguntarse ¿Qué tipo de Estado hemos perfilado en México en los últimos veintiocho años? Un Estado más ligero en su intervención material, ausente de su papel mediador de los conflictos, que reduce sus compromisos en las pensiones de los asalariados, que desconoce el carácter de ley de los contratos colectivos de trabajo, un Estado dispuesto a perder el monopolio de los recursos naturales, que les da menos restricciones formales a los pobladores del campo para finalmente migrar o incorporarse a las bandas criminales, a facilitar los flujos comerciales como si estos realmente se desplegaran en un juego limpio (sin fraudes o sin información privilegiada provista por la corrupción) que por su propia lógica generan prosperidad para la mayoría de la población –no para todos. Lo que tenemos ante nuestros ojos es un Estado diluido en sus capacidades.

Se dice que un Estado de estas características está en mejor disposición de integrarse al proceso de globalización, lo cierto es que económicamente la estructura de nuestro intercambio comercial y de recepción de inversiones sigue siendo capturada por nuestra relación con un país: los Estados Unidos, el cual se ha servido del Estado diluido mexicano para imponer más condiciones favorables a su expansión. Por el contrario, México poco o nada puede imponer a su socio y vecino. Que cuando quiere impone embargos comerciales, no se hace responsable de deterioros ambientales que son de su factura y permanente mantiene bajo amenaza a los trabajadores que migran ilegalmente, pero que contribuyen a la generación de la riqueza en aquella nación sin que se haga mayor publicidad de su aportación. Eso impone los Estados Unidos generando la falsa conciencia de que les debemos la existencia pues ellos invariablemente hacen las cosas bien y nosotros perseveramos en el fracaso.

El Estado diluido ha sido el medio idóneo para el desarrollo del crimen organizado, pues retirado el Estado y siendo incapaz el mercado de sustituir sus aportaciones, se ha allanado el camino para que los delincuentes organizados penetren estructuras gubernamentales, empresas, a la iglesia y a la sociedad. Está condición ha sido ocasión para la intervención perversa de los Estados Unidos pues provisiona con armas y un apetitoso mercado a las bandas criminales. Ayudan a formar el problema y proponen la solución, más militarización. Solución que obedientemente ha seguido el gobierno. Por eso el embajador Carlos Pascual aplaude los actos de cacería del gobierno mexicano al margen del procedimiento judicial.

La guerra contra el narcotráfico ha sido una puesta en escena para fortalecer la intervención de los Estados Unidos y hacer prevalecer el Estado diluido mexicano. Por eso no se quiere dejar nada al azar, esto es, nada que retroceda lo ya ganado para los intereses norteamericanos por el empeño de personajes o fuerzas políticas que osen cuestionar el estado de cosas. Pues lo que no quieren los Estados Unidos es un gobierno popular sustentado en las urnas y respaldado por una sociedad movilizada en la defensa de sus recursos y por una mejor distribución de la riqueza, ese sostén de la democracia que se les niega a los mexicanos.

No es suficiente la danza de las reformas, se requiere articular la construcción del Estado pues el actual está desvencijado (La construcción del Estado es un tema que ocupa a los actuales gobernantes bolivianos Teoría y Práctica. Extractos de la exposición de Álvaro García Linera. No es cuestión de emularlos, pero si da envidia que aquí nuestra burocracia política no tenga una noción de Estado que trascienda el liberalismo económico)

miércoles, 21 de abril de 2010

De allá viene



En la llamada guerra contra del narcotráfico ha quedado atrapado el Ejército Mexicano, la Marina y la Fuerza Aérea. Desde el principio se supo, se advirtió el derramamiento de sangre. Se hizo énfasis de que no se trataba de una guerra relámpago y que, por lo tanto, trascendería temporalmente los términos del actual sexenio. También se sabía que no existía el marco jurídico para cubrir la acción del Ejército, se atenía el Ejecutivo a las facultades metaconstitucionales de la Presidencia, tan socorridas en circunstancias en las que se pasa por encima de la ley con el pretexto de defenderla.

Terrible paradoja que tiene a los militares en el ojo del huracán, pues saben que los caídos a manos de los militares y que son muertos en la doble calidad de civiles y no delincuentes (inocentes) son fuente inocultable de desprestigio para las fuerzas armadas.

No se privilegió la forma y se prefirió el atajo de los hechos consumados. A contracorriente se quiere apresurar una legislación que cubra la operación de los militares sin cuestionarse que esa cobertura legal mañana se puede establecer como una dictadura institucionalizada.

Esa ha sido la estrategia de Felipe Calderón que todos piden modificar, salvo la conspicua excepción de los Estados Unidos. Es de preguntarse si esta “guerra” fue concebida e implementada desde las capacidades estratégicas del Presidente y sus colaboradores íntimos. Es de dudarse, pues quien cosecha a lo largo de su gestión proyectos truncos escasa mente estratégica se le puede atribuir.

Aquí asiste una génesis de la estrategia que no encaja en el perfil del gabinete de gobierno, parece como si el gabinete de seguridad se dedicara a acatar instrucciones provenientes de otro Estado, de ahí que se pudiera entender el malestar de un sector de los militares mejor estructurados en cuanto a disciplina estratégica se refiere. Si esto es así, de nada sirve que se legisle sobre seguridad y se le den todas las coberturas al Ejército, pues de origen en esta “guerra” el gobierno está siendo conducido por quienes tienen la patente de la estrategia.

El país está inmerso dentro de un proceso de cesión de la toma de decisiones a la voluntad de Washington, proceso que de manera clara inicio con Ernesto Zedillo bajo la batuta de Bill Clinton y que con Felipe Calderón está por concluirse, ya sea por su aceptación definitiva o por el rechazo que provenga de la sociedad y de las fuerzas políticas que se opongan a la desaparición del imaginario llamado soberanía. Esto último se ve más difícil pues la estrategia ha servido para minar el otrora orgullo de los mexicanos. En estos tiempos ese orgullo queda al resguardo del balompié nacional, para maldita la cosa.

Los Estados Unidos si saben lo que no quieren, a López Obrador y al PRI. En este juego el presidente Calderón es lo de menos. Felipe está en lo suyo, la trova:

“La juma de ayer/ ya se me pasó
Estas es otra juma/ la que traigo hoy”

¡Salud!
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