viernes, 22 de enero de 2010

Escuchen a México



El lunes 18 de enero, como si no se tuvieran cosas más importantes que hacer, Felipe Calderón anunció el programa de televisión Discutamos México. Acaso una nueva tentativa que desde el gobierno se quiere impulsar en medios electrónicos. Se acuerdan de Fox en vivo, un programa sin pena ni gloria, que se apagó conforme las exigencias le hicieron entender al presidente en turno que nada aportaba su programita radiofónico. Aunque el antecedente que sobrevive es la sempiterna Hora Nacional, que encadena a las radiodifusoras de todo el país desde los tiempos del PRI.

Antes de salir al aire Discutamos México se puede anticipar su inutilidad, no tanto por contenidos o por las personalidades que participen, sino porque se tratará de formar una verdad oficial aunque se niegue de inicio. Sigue existiendo la verdad oficial, lo que no existe es la disposición social a aceptarla. La gente no cree a las autoridades, sean estas federales, estatales o municipales. La gente no pide verdades oficiales, sólo quiere vivir con dignidad. A falta de ello adopta las verdades existenciales de la religión, se sumerge en la industria del entretenimiento, toma el camino de las adicciones o se deprime. Si tiene suerte, el mexicano desarrolla su propia empresa o encuentra un trabajo, o se dedica a robar, el delito más extendido entre la población según la SSPF, pero no quiere saber de verdades oficiales.

Discutamos México como si no existiera el Congreso, las aulas de educación superior, diarios, revistas, libros, internet, que juntos mantienen la discusión sobre México. Una discusión en la que no participan todos, en la que discutirán los de siempre o casi. Por el formato y las ínfulas de “un foro resonante para que el pueblo mexicano conozca, reconozca y confronte diversas ideas sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro” no se encontrarán en la fórmula propuesta el Discutamos México que ocurre sin promoción oficial en el barrio, ejido, comunidad, ranchería, centro de trabajo, transporte público, el lavadero o la cantina.

La propuesta en sí misma evidencia falta de legitimidad de quien lo propone, convencido de que gobernar es levantar una puesta en escena efímera, maniobra de distracción para desviar la atención del sufrimiento real de millones de mexicanos, para ocultar que en julio pasado el voto adverso a su partido lo desplomó y desde entonces el interregno que nadie osa nombrar está ahí.

Discutamos México, sí. Pero bajo condiciones parejas en alimentación, educación y salud. Élites todas, escuchen a México, salgan a la calle, al campo, conozcan al México real que no se reflejan en cifras o indicadores, tampoco con programas televisivos que a pocos atraerán.

domingo, 17 de enero de 2010

El ocaso del Estado Mexicano



Dos informaciones que nos pueden indicar cuando un Estado ha dejado de ejercer su supremacía sobre el territorio que le define un lugar en el mapa y sobre la población a la que le ofrece seguridades garantizándole derechos, de manera soberana, sin someterse o subordinarse a otro Estado de manera indefinida. Una información se refiere al desprecio de la iglesia católica por las leyes del país, la otra información nos remite al papel decisivo que se arroga tener los Estados Unidos en el combate al narcotráfico en México.

Hasta hace bastantes años, en la configuración política del país se tenía claro que el régimen de la revolución mexicana, el Estado social de bienestar que construyó, cedió su lugar a un Estado pretendidamente de mercado. El Estado, también llamado populista, fue abdicando responsabilidades en cuanto a la protección de los sectores o grupos de la sociedad de acuerdo a sus características demandas. Bajo su protección estaban todos, incluidos los empresarios. Empresarios que renegaron de ese Estado e hicieron lo posible por desmantelarlo. El argumento fue que el Estado fracasó en su propósito de beneficiar a la sociedad en su conjunto, los rezagos se iban acumulando y además el régimen era corrupto. Los empresarios ofrecieron generar esa prosperidad siempre y cuando se desmantelara el estado de cosas vigentes. Sus demandas se cumplieron una a una, conclusión de reparto agrario y amilanamiento de los sindicatos en su capacidad para fortalecer las prestaciones de los trabajadores. No quedando satisfechos, los empresarios decidieron impulsar al partido con el que tuvieran mayor afinidad y control. Por algo la alternancia se realizó a favor del Partido Acción Nacional.

Con más de veinte años en los que los grupos más poderosos de los empresarios se han impuesto en la agenda nacional, los resultados no han mejorado respecto al bienestar de la sociedad y, además, la corrupción sigue incontenible. El gobierno de empresarios para empresarios ha quemado con ello los argumentos con los cuales sistemáticamente desprestigió al régimen del PRI. En su proceder no han distinguido la línea que separa entre el cambio de régimen y la anulación de la voluntad soberana del Estado.

El actual titular del Ejecutivo federal, en su obcecación por sentarse y mantenerse en la silla presidencial ha descuidado al Estado del que somos parte. Si la Iglesia se declara en contra de cierta legislación, a través del arzobispo Norberto Rivera, sentenciando que la ley divina está por encima de las leyes que se ha dado la nación mexicana (Desdeñan iglesias leyes humanas; sólo obedecemos a Dios, afirman) No se podría esperar menos de un jefe de Estado mexicano atajar la intromisión política de la Iglesia. Pero no lo hace. Felipe Calderón se calla, deja de actuar y consiente el desacato del orden constitucional. Por qué actúa de esa manera, pues porque en el fondo está de acuerdo con la Iglesia y no con el Estado del cual es el principal representante. Si ése es el camino correcto, que espera Calderón para encargarle a la Iglesia la responsabilidad de enjuiciar, de educar y administrar los servicios de salud dentro de esta provincia Vaticana que llamamos México.

En el combate al narcotráfico las insuficiencias institucionales han dejado ver hasta dónde el crimen organizado ha infiltrado autoridades y policías, así como su papel activador de economías locales como para permitirle formar una base social. Se ha expuesto al Ejército Mexicano y hoy queda bajo la sospecha de violar derechos humanos. Se consigue del Congreso la aprobación de legislación y presupuesto que mejoren la capacidad de combate a la delincuencia para finalmente recurrir a los servicios de Estados Unidos y así lograr golpes espectaculares. La captura de Teodoro García Simental (Capturan a El Teo en el municipio de La Paz ) a quien se le atribuyen cientos de ejecuciones, ha resultado un operativo impecable conducido con la inteligencia proporcionada por la agencia norteamericana antinarcóticos (DEA) poniendo a la intemperie las capacidades del aparato público desplegado contra el crimen organizado. Si ése es el camino correcto, que espera Calderón para declarar la conclusión del ciclo estatal de la nación mexicana.

Y como lo correcto es hablar bien de México, pongámonos de pie y aplaudamos la clausura del Estado Mexicano.


martes, 12 de enero de 2010

Triple desafío



Estado, sociedad y gobierno, están ante tres desafíos que no se pueden visualizar por separado, pues sus vinculaciones hacen que la suerte de unos desafíos vaya con la suerte de los otros. La reforma política, la recuperación económica y el combate al crimen organizado son el quesillo oaxaqueño en el que ha derivado la gestión del Partido Acción Nacional al frente del Ejecutivo federal. Lo que ayer se mostró como salida es hoy auténtico callejón.

A la actual administración no le será suficiente la publicidad o culpar a los adversarios. No tiene propuestas sólidas, apuesta al proverbial aguante del pueblo mexicano para que al final no pase nada. Nada bueno.

Sobre la reforma política la crítica coincide en que la propuesta de Los Pinos no ofrece garantías de que se fortalezca el papel de la ciudadanía. Por su parte, los defensores de la propuesta no la tienen fácil, su posición no se allana el camino para ir más allá del planteamiento oficial, no van a la raíz y se quedan cortos en el ejercicio de amanuenses. Ya el Senado se apresta a realizar otro seminario ¡Otro! Por seminarios no hay límite. Una reforma de fondo, ciudadana en serio, tendría que establecer explícitamente la rendición de cuentas de los partidos y amarrarle las manos a los poderes fácticos, mínimo.

De la recuperación económica se tienen estimaciones diversas que no concurren en el mismo tiempo. Una es la de las cifras macroeconómicas, otra la referida a la recuperación de las empresas y una tercera, que alcanza a todos, se refiere a la economía familiar. De la última se espera que llegue en el 2012. Para la mayoría de las familias mexicanas el sacrificio está garantizado. Para que la recuperación no se detenga y se expanda el bienestar se requiere la recuperación económica de Estados Unidos. Al mismo tiempo, es determinante que los empresarios asuman el rol que les ha asignado idílicamente la globalización –arriesgando sin acudir recurrentemente el paternalismo oficial como es el caso de la deuda del IPAB- que inviertan sin depender de los compromisos con la política, como no. No es casualidad que al grupo Bimbo le haya ido muy bién en esta década perdida cuando notorio ha sido su apoyo al Partido Acción Nacional. El tercer vector de la recuperación es la inversión pública y el ejercicio del gasto que por falta de oficio y transparencia no ha incidido como era de esperarse en la salud de la economía nacional.

El tercer desafío lo constituye el crimen organizado, en buena medida porque desde el mismo gobierno se le ha encumbrado como la principal prioridad al adjetivarlo como guerra al narcotráfico. El gobierno está empantanado y se gratifica con desacreditar a los que sugieren cambiar la estrategia. Un exguerrillero salvadoreño, del cual no se sabe si tiene antecedentes de antropólogo o de arqueólogo o cuando menos historiador de las religiones, ha propuesto un listado de mitos para desautorizar a los que no coinciden con el gobierno. De eso no vale abundar más. Lo que es escalofriante es que el Estado haya apostado tanto en la cacería de uno de los hermanos Beltrán Leyva, alías El Barbas. El operativo de diciembre pasado en el que liquidaron al delincuente referido, prefirió desarrollarse en la brutalidad institucional de aquel decimonónico mátenlos en caliente. Pero el asunto no huele bien desde el momento en el que para ejecutar el operativo una parte del aparato gubernamental que participa en la estrategia fue aislado de la acción. Sólo la Marina de México y la DEA de Estados Unidos unieron esfuerzos para cazar a El Barbas. El Ejército, la PGR, la SSP y el gobierno local fueron marginados. La consecuencia es que hoy en la prensa se pone a esa porción de las instituciones del Estado como presuntos implicados en asociación delictuosa ¿Y luego? Qué no había recursos logísticos, técnicos, de capacidades para asegurar vivo al delincuente ¿Tan infiltradas están las instituciones? Todavía peor, se quiso hacer una demostración de fuerza no sólo para debilitar al crimen organizado, sino para enviar un mensaje del Leviatán que disfruta de la población atemorizada.

Ante estos desafíos no se puede admitir el fracaso, sería como crear las condiciones del tan profetizado estallido social. En esa hipótesis cabe el escenario de un estallido social soportado con los recursos del narcotráfico. Chihuahua, Sinaloa o La Familia en Michoacán están en esa aptitud. ¿Qué piensa al respecto Felipe Calderón y sus amigos?
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