miércoles, 7 de diciembre de 2022

Ave, César

 “Las aclamaciones fueron un dispositivo ideológico para negar la existencia de cualquier tensión entre el emperador y sus súbditos”.

Jerry Toner


La marcha del 27 de noviembre exhibe un rasgo del estilo de gobernar del presidente López Obrador. El esmero por mantener una constante comunicación con el pueblo, la no élite. El presidente no se conformó con la legitimidad ampliamente ganada en 2018, pues todos los días tiene la avidez del refrendo popular, por eso las mañaneras y las giras de fin de semana. Esa tarea de hacerse presente por todos los rincones del país nadie en la oposición la hace. Los recios opositores llegan hasta donde haya un Holiday Inn como mínimo para pernoctar, les da flojera el contacto popular. Costumbre adoptada desde Miguel de la Madrid, gobernar con arreglos en la cúspide entre la autoridad y la élite empresarial y líderes gremiales.

Los ríos de gente del 27N, al inundar las calles de la Ciudad de México para mostrar su apoyo a López Obrador, lo hicieron también como una demostración de su rechazo al estilo tecnócrata de gobernar, higiénicamente distante de las masas. Desde el Gral. Lázaro Cárdenas, México no había tenido un presidente con esa hambre por estar cerca de la gente menos afortunada.

Este rasgo distintivo, propio del cesarismo en tanto estilo de gobernar, no como régimen o gobierno, la comparación que hago aquí no da para más. Cesarismo que por cierto no se resume en el caballo de Calígula, ni en el incendio de Roma a instancias de Nerón, pero que refleja una situación harto compleja. El gobernante hace de la atención al pueblo un asunto de Estado para generar un nuevo equilibrio, que no se limite al gobierno compartido del emperador con la clase patricia agrupada en el senado romano.


Volviendo al 27N considerar lo siguiente. La marcha fue capaz por sí misma de generar una nueva estructura de acuerdo social que asegure derechos humanos, educación, salud, seguridad o fue sólo una explosión de alegría. Digo esto para no confundirnos, pues hay gente convencida de que el cambio ya se dio. Consultando al reloj de la Historia, cuatro años son nada para realizar un cambio (De pasada, juguetear entre una epistemología de la historia basada en los grandes personajes, al estilo Krauze en su producción industrial de las Biografías del Poder y la basada en las estructuras socioeconómicas al estilo Enrique Semo deja mucho que desear).  El cambio enfrenta la negativa desde el Poder Judicial que se negó a reformarse y de las fracciones parlamentarias de los partidos de oposición. Piezas ineludibles para avanzar en el cambio pacífico. Agréguenle los medios de comunicación, enfocados en recrear un ambiente de zozobra generalizada, basado en la violencia del día a día (En la sala de espera de un consultorio vi la metralla de Foro TV).

Cuatro años son pocos y la sucesión presidencial ya tocó las puertas de Palacio Nacional. Esté o no de licencia como militante de MORENA, el presidente ha tomado el proceso para la nominación de la candidatura presidencial de su partido. Con la perspectiva adicional de alcanzar mayorías parlamentarias en el Senado, San Lázaro y Congresos Locales.  

Traslatio imperii, la sucesión ha comenzado y lo repito, es mucho tiempo.

martes, 22 de noviembre de 2022

El tablero se mueve

“Cuán vanas son nuestras ínfulas de astucia y perspicacia política.”

Víktor Shklovski

Con los pies sobre la Tierra, tres son los hechos ajenos a la reforma electoral que quiero destacar de la marcha del 13 de noviembre.

-          Fue una multitud, mucho más de lo que contó una oficina de CDMX.

-          Los partidos de oposición, separados, no condujeron la marcha.

-          La ultraderecha fue la estrella de la marcha, hizo del INE su satélite.

El impacto del 13N lo recibió directamente el presidente López Obrador. Por eso es entendible la convocatoria a una marcha de celebración de los logros de la 4T para el domingo 27 de noviembre. La marcha opositora reprogramó el informe del primero de diciembre y adicionó la agenda del presidente con la convocatoria a la marcha. Eso es una demostración de fuerza.

Si alguien no tiene claro qué es la ultraderecha, revise por favor las proclamas del cónclave realizado la semana pasada en un hotel de Santa Fe, CDMX. El llamado a la patria como sumisión clasista, a la familia como base del fundamentalismo religioso. Reminiscencias de la decimonónica encíclica Rerum novarum. Nada liberal, ni socialdemócrata, tampoco progresista sino todo lo contrario.

Foto de José Antonio López, La Jornada (2020-11-20)

Pero sería un error sobre analizar a los reaccionarios y pasar por alto lo que está ocurriendo en el espectro obradorista.

Es claro que el AMLO pragmático se ha transformado en un político monocromático, acuciado sin duda por la sucesión. Durante este año ha iniciado anticipadamente su despedida, su retiro. Hizo movimientos en el gabinete a manera de cierre de filas. Obedecer y callar.

La sucesión le consume energías al presidente. Se acabó el tiempo de repartir indulgencias, lo que le queda en el portafolios son excomuniones. El caso es despejar la candidatura de MORENA a la presidencia. La persona que la obtenga ¿Tendrá tiempo para desarrollar fuerza propia? Mínimo para agrupar fuerzas como en el 2018. Además, cómo manejar el capital ocioso de un presidente en retiro absoluto si el partido gobernante gana las elecciones. Aunque lo peor sería una oposición triunfante que lo obligue a salir del retiro.

AMLO ha tomado una ruta descarada, una ruta plausible mientras su popularidad se mantenga por lo alto hasta el 2024. La apuesta está hecha. Dentro de dos años se tendrá en México una nueva presidencia en funciones, un nuevo gobierno, difícilmente una calca del actual. Hasta entonces veremos lo acertado de la apuesta. Es mucho tiempo, no para un presidente fajador que alguna vez fue estilista.

lunes, 14 de noviembre de 2022

Industria electoral

Desde 1977, la discusión sobre las normas electorales se mantiene viva en la agenda nacional. Hasta el presente, no se ha dado con la fórmula que asiente instituciones y normas electorales de larga duración. Según la correlación de fuerzas, se establecen acuerdos proclamados como definitivos, para luego cambiarlos. Una nueva propuesta, la del presidente López Obrador, está orientada a cuestionar la industria electoral del sistema de instituciones que se diseñó para trasladar ingentes recursos públicos hacia la burocracia y los partidos de manera directa. Los dineros son articuladores del sistema, para que baile el perro. Poco interés se muestra por la vinculación de las organizaciones políticas con los ciudadanos. La cultura cívica, a fin de cuentas, es una clave presupuestal más en el complejo industrial que parasita la emisión y conteo de votos.

No es casual, los que han vivido de esta lucrativa industria fueron los promotores de la nutrida marcha del domingo 13 de noviembre. Políticos, publicistas, intelectuales, regenteadores de organizaciones civiles, hasta consultores y asesores en la materia. Ellos si saben a qué fueron.  Cosa de ver. Roberto Madrazo se hizo presente, él mismo duramente atacado por Elba Esther Gordillo, ella misma embestida hasta su defenestración por Claudio X. Los tres presentes para defender sus intereses dentro de la industria electoral de la que se sirven para acceder a otros negocios.


Miembros destacados de la industria electoral

A reserva de demostración, además de los participantes que viven de la industria electoral, la marcha integró a descontentos por otras causas. Una muy importante el pago de impuestos. Hay gente molesta porque el fisco hace su trabajo: solicita, revisa y cobra. Esa gente salió a marchar. Pero otros más salieron a marchar porque están molestos de que desde el Palacio Nacional se haga escarnio de sus anhelos de consumo conspicuo (Veblen): automóviles último modelo, ropa de marca, restoranes de lujo. La búsqueda de la diferenciación, el logro de estatus no es algo malo, deplorable, a excepción si se realizan sin importar medios, sin ética.

Por diversas causas, tal vez sin proponérselo, el actual gobierno ha conformado una masa opositora (ajena a los partidos) que se siente culturalmente lastimada. La cual encontró en la marcha su mejor desahogo para expresar su odio al presidente. Masa distinta a los negociantes de la industria electoral, que al grito de “El INE no se toca”, también dicen no toquen con fiscalización efectiva mis ingresos, no toquen mis preferencias de consumo. Un apetitoso platillo para los hambrientos e insaciables partidos de oposición.

Finalmente, la marcha contó con un auspicio inesperado, la disputa dentro de MORENA por la postulación a la candidatura presidencial. El método de la encuesta agriado por las ansias. 

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