martes, 26 de septiembre de 2017

La breve solidaridad

Hace una semana afirmé: la solidaridad producida por el movimiento telúrico de 1985 quedó sin continuidad. Por el contrario, todo el proceso de reformas posteriores a ese año se dio en sentido contrario a la solidaridad. Se le dio prioridad a la codicia, por aquello de las reformas que México necesitaba.

Lo que publiqué en este espacio cinco horas antes del temblor https://www.blogger.com/blogger.g?blogID=8251921317178057992#editor/target=post;postID=7674945726872283133;onPublishedMenu=allposts;onClosedMenu=allposts;postNum=1;src=postname ¿Fue desmentido por el terremoto del 19 de septiembre de 2017? Veamos.

Antes de ahuecar la palabra solidaridad como se está haciendo a través de la política, las empresas y los medios, tomemos un modelo ilustrativo, significativo y presente de lo que es la solidaridad. Me refiero a Las Patronas, ese grupo de mujeres que dan agua y alimento a los migrantes centroamericanos que viajan temerariamente en trenes de carga rumbo a la frontera norte de México https://www.youtube.com/watch?v=DWcRz9AaT4U. Estas mujeres hacen su labor sin percibir un salario, ni ponerle precio a los productos que ofrecen a cambio de nada, ni siquiera por obtener una ganancia o lucro.

Lo que hemos visto desde la hora posterior a la una de la tarde del martes pasado son cientos de voluntarios removiendo escombros sin exigir salario de por medio. Miles de personas llevando lo necesario, sin ponerle precio, para ayudar a los que se quedaron sin casa. Algunos hospitales privados pusieron a disposición de los rescatados heridos, instalaciones y personal médico sin esperar ganancia por el servicio específico que ofrecen. Esto es, la solidaridad efectiva suspende componentes del mercado como el salario, el precio y la ganancia. El mercado desaparece, emerge entonces la sociedad desplegando sus reflejos comunitarios hasta ese momento adormecidos. De eso hemos sido testigos.

Salvo en casos aislados, esta solidaridad está lejos de convertirse en estructura social, cuestión de meses para volver a la normalidad del mercado. Todos estaremos de regreso al molino satánico.



Qué se puede esperar del Estado, nada más que ejerza sus capacidades redistributivas para atender la catástrofe. El Estado no hace la solidaridad.

Qué se ha hecho del Estado en las últimas décadas, precisamente reducir sus capacidades redistributivas para fortalecer la estructura del mercado. Además, los principales representantes del Estado, los gobernantes, sin importar el poder que ocupen, se encuentran en su gran mayoría aplastados por el desprestigio ¿Se le confiaría la reconstrucción de la infraestructura carretera a Gerardo Ruiz Esparza? ¿Se le confiaría a Rosario Robles la reconstrucción de viviendas?

Un Estado que cuenta con la confianza de la sociedad a la que “sirve”, sin propensiones al autoritarismo y a la corrupción de sus representantes, podría hacer muchas cosas. Pero un Estado como el actual está impedido moralmente de recurrir al Estado de Excepción para coordinar los trabajos impuestos por el desastre. Tampoco tiene el humor de realizar requisas de alimentos y medicinas. Ni siquiera ha dispuesto contratar albañiles para remover los escombros. El albañil sí sabe manejar concreto.

Como en 1985, el gobierno volvió a quedar rebasado y no parece preocuparle. Por sus antecedentes, al actual gobierno federal le queda poco más de un año para hacer jugosos negocios a expensas de la reconstrucción.


Por eso considero que la solidaridad será breve y quiero equivocarme.


martes, 19 de septiembre de 2017

Diecinueve de septiembre 1985/Siete de septiembre 2017

“En toda coyuntura importante, volvemos a incurrir en las vicios racionalizaciones, según las cuáles el hombre no es sino un átomo utilitario;”
Karl Polanyi




Pero cuando se insiste en el error coyuntural este se convierte en estructura, la conciencia se estrecha, el horizonte se agota en la epidermis del individuo y la solidaridad no fluye.

Simbólicamente, el diecinueve de septiembre de 1985 y el siete de septiembre de 2017 son un corte histórico, dos fechas, dos terremotos del México que nos ha tocado vivir. Entre las dos fechas han transcurridos treinta y dos años. Del primero se presume la solidaridad como una forma de relacionarnos y de fortalecernos como sociedad. Del segundo hemos constatado el egotismo como la tipología social extendida, asumida y creída, de la metáfora del átomo mencionada en el epígrafe.

Se ha restringido el principio de solidaridad y en ello han contribuido las reformas estructurales que pusieron al margen ese principio. Toda la palabrería economicista lo ignora. Desde su inicio, las reformas económicas sólo tuvieron un objetivo no escrito, no publicitado: la CODICIA. 

Cómo batalla la solidaridad para expresarse en el México de hoy. El año electoral, la sucesión presidencial, la corrupción, los homicidios, confluyen para invisibilizar la magnitud de la desgracia provocada por el terremoto en los estados de Chiapas y Oaxaca. Más de noventa muertos, 300 mil casas destruidas según las estimaciones oficiales.

La solidaridad quedó arrinconada porque la sociedad dejó de ser una constelación de influencias mutuas, se convirtió en polvo de átomos en busca de su valencia distintiva. En treinta y dos años esos átomos se destruyen entre sí. La renovación moral de la sociedad claudicó ante la corrupción. El reconocimiento de las iglesias por parte del Estado nada significó para fortalecer el mandamiento “no matarás”, por el contrario, el homicidio se ha naturalizado, provenga del crimen organizado, del fuero común o de la operación del mismo Estado.

Esos átomos programados para colisionarse por efecto de la machacona publicidad que ya no procura vender utilidad, su afán es endiosar a cada persona. Por las series violentas de la pantalla y el ocaso de las telenovelas sensibleras. Por los videojuegos que borraron del mapa las rondas infantiles y el llamado humorismo blanco.

En treinta y dos años ha sucedido demasiado. Se reformó para liberalizar, pero sin dar forma a una sociedad liberal. La justicia no es universal, totalmente diferenciada, según se tenga acceso al poder o al dinero. La igualdad ante la ley palidece ante la reinserción de privilegios. La libertad, entendida como la ley del más fuerte, para institucionalizar el atropello ¿Es esto una sociedad liberal?

Para completar, se han generado resistencias a toda acción que signifique hacer por los demás: colaborar, cooperar, solidarizarse, pues existe la sospecha fundada de un aprovechamiento indebido del resultado de esas acciones, ya sea político electoral o económico material.

El espacio para la solidaridad se ha reducido. Lamentable retroceso.


lunes, 11 de septiembre de 2017

La estafa interminable

Se sumó una semana, más, al desprestigió de la política. La disputa al interior del Partido Acción Nacional por la candidatura presidencial. “Anayistas” y “calderonistas” ponen en aprietos al Congreso. Con todo, la normalidad ha regresado, para lo que pueda servir si los rijosos siguen ahí; en otras latitudes, la ciudad de Oaxaca, manifestaciones de repudio por la visita del presidente Peña Nieto. Día de barricadas cortesía de la sección 22 de la CNTE el jueves 7 de septiembre.

Pero un terremoto dobló la página al acercarse la medianoche del mismo jueves y todas las noticias anteriores pasaron a la penumbra. Con epicentro en la costa de Chiapas, el movimiento ya telúrico causó destrucción y muerte.

Mal fario para un reportaje del portal de noticias Animal Político, que informa sobre el perol en el que se cuecen la malversación de los recursos públicos. Evito repetir los detalles ya divulgados y se pueden encontrar en este enlace: http://www.animalpolitico.com/estafa-maestra/

Recogiendo información proporcionada de varias anualidades de la cuenta pública ya presentadas por la Auditoría Superior de la Federación, en un ejercicio proactivo, los periodistas se dispusieron a trabajar sobre la identidad de empresas nombradas en las muestras auditadas por la ASF. Empresas que son el eslabón unido a dependencias federales varias y universidades afincadas en los estados de México y Tabasco. Si así están las muestras, como estarán el resto de los convenios.

El convenio es un mecanismo de transferencia de recursos de una entidad pública a otra. No es un contrato, por lo tanto, no requiere de licitación. Una dependencia tiene necesidad de algún bien o servicio y encuentra que otra entidad pública se lo puede proporcionar. Mediante el convenio se obvian ciertos trámites pues opera como asignación directa, de lo que no se escapan es de las auditorías. Lo que encontró la ASF fue un acto reiterado, consistente. Las universidades en convenio, señaladas por el reportaje, no tenían capacidad absoluta para ofrecer lo convenido. Esa incapacidad fue sustituida mediante contratos que se hicieron a empresas fantasmas o en franca ilegalidad. Por este mecanismo se esfumaron 3 mil 453 millones de pesos.


El auditor Juan Manuel Portal afirma que se han levantado las denuncias ante la PGR, desconoce si hay un avance y se resigna. La ASF tiene límites, es como un león sin garras, como los pollos, no tiene dientes. La PGR está habilitada para investigar a las unidades administrativas involucradas, para convocar a la Función Pública y Hacienda pues mucho pueden aportar. En los funcionarios intervinientes de los convenios y en los contratos, también en el fárrago procedimental, debieron quedar huellas para encontrar el dinero fugado. Pero si Arely Gómez y José Antonio Meade se postran en la apatía de la espiral de silencio o se entretienen demás en la sucesión presidencial. El mensaje es ominoso, van por seis años más de corrupción. La estafa es interminable.

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