viernes, 23 de septiembre de 2016

Congelar a México

En contra de la consigna oficial de mover a México, cuando todo sexenio de gobierno en este país comienza su descenso –así ha ocurrido en otras administraciones y no será distinto con la actual- ante la pregunta de uno de los trescientos jóvenes, convocados a excusa de variar el formato del informe presidencial, sobre la iniciativa de matrimonios igualitarios para agregarla al texto de la Constitución. Enrique Peña Nieto bateó la pregunta argumentando que el asunto estaba en el Congreso y ahí se discutirá. La iniciativa se envió a la congeladora y a otra cosa mariposa.

Iniciativa lanzada el 16 de mayo pasado*, suscrita por el Presidente con audacia dados los intereses eclesiásticos que tocaba. En ese momento se sugirió como un proyecto para restarle negativos al gobierno federal. Después de la estrepitosa derrota del PRI en las elecciones del 5 de junio el dicho se invirtió, la iniciativa de ley afectó y mermó el caudal de votos para el PRI. Ambas afirmaciones especulativas no se ha demostrado. Lo demostrable fue el activismo clerical durante ésas elecciones y la contraofensiva posterior de la iglesia católica, quien se mofo de Peña y se adjudicó la manufactura del revés priísta. Humillaron al Presidente y éste reculó: ya no es cosa mía, está en las manos de los diputados.

Una iniciativa audaz vuelta temerosa, los diputados priístas no están dispuestos a llevarla a su conclusión modificatoria de la Constitución. La jerarquía eclesiástica lanzó a las calles en varias ciudades del país a sus feligreses el 10 de septiembre y lo volverá a hacer el próximo sábado 24. El gobierno no puso a disposición el aparato propagandístico que posee para difundir la iniciativa, tal como lo hizo con las reformas estructurales. Tiene en la secretaría de gobernación una cabeza de sector para defender su propuesta y no lo hace.

Un poder fáctico reta al Presidente y éste se hace para atrás, está pasando lo mismo de las leyes anticorrupción, que cuando el sector privado se sintió afectado de inmediato protestó y echó abajo el clausulado que no le convenía. En modo alguno pretendo sugerir que Peña Nieto no sabe hacer uso del poder. Sabe muy bien para que lo quiere: para hacer linajuda a su familia y ponerla a resguardo del contacto con los “proles”, para enriquecer a los leales y para servir a los poderosos.

Qué bonita república. Se entiende por qué le resulta complicado al Presidente entregarse al pueblo en los festejos patrios y tener una convivencia de verdad. Mal signo el distanciamiento entre el gobernante y sus gobernados. Un gobierno desentonado del sentir popular, un equipo de gobierno desafinado, en sentido contrario de la supuesta estrategia “México en Paz”.

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* El texto de la iniciativa de ley sobre matrimonios igualitarios se puede encontrar en el siguiente enlace https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/92616/Sharp_reforma_cjef.gob.mx_20160517_164352.compressed.pdf

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Atrofiada

Nunca un informe presidencial había quedado tan desatendido, pese a la publicidad de su anuncio que se sigue transmitiendo en todos los medios. No obstante, el IV informe del presidente Enrique Peña Nieto no se discute ávidamente en los medios. Desde la presidencia de la república se encargaron de ese abandono respecto al principal acto de rendición de cuentas de un presidente.

Ya sé, todos lo dicen: la visita de Donald Trump en calidad de virtual presidente de los Estados Unidos. Y la justificación inicial, ofrecida por Luis Videgaray, atender a Trump para no despertar inquietudes entre los inversionistas, decirles que con Trump  el entendimiento es posible. El cálculo dogmático de los tecnócratas por estar siempre atentos a las veleidosas señales del mercado. Como si la realidad fuera monocromática, unidireccional. En la reducida consideración económica, capaz de borrar la diplomacia y desconsiderar totalmente la política interna.

La justificación del presidente Peña Nieto, dada posteriormente, no fue mejor: tender puentes de diálogo con los candidatos a la presidencia del “establishment” estadounidense. Pero quién se lo pidió: acaso el Presidente se considera una figura mediadora y de unidad de la política allende El Bravo.

Si las justificaciones no son convincentes habrá que explorar las consecuencias. Una consecuencia posible torpedea la credibilidad de la democracia electoral: se allana el camino para el regreso del PAN a Los Pinos. Entrega anticipada del poder, como ya en su momento y en funesta oportunidad lo hizo Ernesto Zedillo, quien con el rescate financiero ofrecido por Bill Clinton para México rindió la plaza. Así se fraguó la primera alternancia. Con ello se aplastó y ahora se quiere volver aplastar la voluntad de los mexicanos. Es costumbre refractaria al cambio desde abajo, para continuar a modo y capricho de los poderes fácticos constelados en las agrupaciones y corporativos empresariales. A fin de cuentas, Peña Nieto ya les entregó las reformas estructurales que le exigieron. A los dueños del capital les resulta un cartucho quemado Peña Nieto, pese a la investidura presidencial que ostenta.

Hecho consumado, posible afirmación de la Universidad Panamericana si se le pidiera opinión. Estamos ante una institución presidencial atrofiada, esclerotizada, bajo el efecto corrosivo del proceso reformador que ignoró la reforma del Estado. Ya no bastan comisiones y seminarios al respecto de dicha reforma. Construir el Estado incluyente, hasta ahora inalcanzable, correspondiente con una república democrática. Es la aspiración que no está reflejada en las acciones de los partidos: una izquierda acomodada al presupuesto público; una derecha despojada de su piel de oveja cristiana, la que ha mostrado el lobo de la voracidad capitalista. Su real representación; del PRI, qué decir, un instituto “revolucionario” productor de presidentes reaccionarios. El mundo al revés.


Dicho esto, los cambios en el gabinete realizados por la mañana del miércoles 7 de septiembre no sacarán de la atrofia a la institución presidencial. Hay que entenderlo, repetirlo, la atrofia de la institución presidencial no es resultado de la gestión de un solo hombre, es resultado de un proceso de disminución del Estado, de su desistimiento por alentar la promesa mesiánica y entregarle esa vocación al mercado.

viernes, 2 de septiembre de 2016

¿Qué conversación?

“Celosamente protegidos de todo feedback perturbador que pudiera actuar como contrapeso, los reyes nunca aprendían, ni por experiencia propia ni del examen de la historia, que el poder absoluto es enemigo de la vida, que sus métodos eran contraproducentes, sus victorias militares efímeras y sus exaltadas expresiones fraudulentas y absurdas.”
Lewis Mumford

No me refiero a la conversación pública a través de la prensa (Habermas), tampoco a la conversación cortesana (Craveri), ni a la conversación erudita (Fumaroli). Mucho menos a la conversación simulada del presidente Peña Nieto con trescientos jóvenes y que anoche –primero de septiembre- presenciamos en la emisión de la televisión pública hecha al evento. Me refiero a la conversación ausente, la que no se da entre poderes ante el acto de rendición de cuentas que supone el informe de gobierno.


Durante décadas, el informe presidencial discurre en la complacencia de la comunicación vertical, acorde con el presidencialismo de partido casi único. La rendición de cuentas, mero trámite sin escrutinio público. Llegó la movilización estudiantil de 1968 y con ella la publicidad apabullante que acompaña a los informes desgastados en su credibilidad. Así sucedía la ceremonia anual hasta 1988, con el fortalecimiento de la bancada opositora al oficialismo en el Congreso y comenzó la pulverización metódica de la inoperante comunicación vertical, hasta que al presidente Vicente Fox le fue vedada su participación en los inicios de trabajos del Congreso (2006). La comunicación vertical desapareció sin abrir espacio a la verdadera conversación entre poderes que hacen el gobierno. Es un vacío imperdonable que daña la salud de la república y responsables son el Legislativo y el Ejecutivo. Un vacío que no requiere ley o reglamento específico para volver a ocuparse, sino de la voluntad de las partes para darse una conversación respetuosa que vaya al fondo del significado del informe como rendición de cuentas. Lo que vimos ayer en San Lázaro es la historia de los últimos años: un alto funcionario en calidad de repartidor de correspondencia y el posterior bodrio de los llamados posicionamientos partidistas.

En esta ocasión se agrega un contexto, una atmósfera de tormenta sobre la figura presidencial. Para no hacer la cuenta larga empecemos por la participación de la delegación olímpica mexicana en los juegos de Río 2016, opacada por los escasos resultados, las frivolidades del ¿jefe? de la delegación y sus grillas en contra de algunas federaciones deportivas. En el ridículo de afirmarse desde la más importante oficina gubernamental del deporte su calidad de agencia turística. Dicho esto por el protegido del Presidente: Alfredo Castillo; el día de la clausura de la justa olímpica se difundió el reportaje sobre el plagio cometido por Peña Nieto en la redacción de su tesis de licenciatura; enseguida se daba inicio a la publicidad presidencial para promover el informe: “las noticias buenas casi no se cuentan, pero cuentan mucho”; en esas estamos y fallece el popular cantautor Juan Gabriel (28-08-2016) deceso que causó pesar a muchos, menos a los petulantes; y lo peor llegó el 31 de agosto, la deferencia inusitada e injustificable del presidente Peña hacia el candidato republicano a la presidencia de los Estados Unidos Donald Trump, personaje que ha hecho blanco de su odio a los migrantes mexicanos.


Así, en un ambiente de creciente mal humor, el Presidente sigue dándole la vuelta a la rendición de cuentas y no propone un acuerdo para establecer la conversación entre poderes.
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