martes, 26 de abril de 2016

Procuración de justicia

Las dificultades para dar con los 43 normalistas de Ayotzinapa son el modelo cotidiano de la procuración de justicia en México. Los ricos tienen con qué, los políticos gozan de fuero, los demás somos ciudadanos de segunda, simplemente no se nos reconoce como ciudadanos con acceso a la justicia, somos una lista nominal de potenciales votantes.

El Grupo de Investigación de Expertos Internacionales se topó con esa roca de granito de nuestra procuración de justicia a la mexicana. Si en algo no son expertos los del GIEI es en la elaboración el queso Oaxaca. De ahí su gran frustración frente a la formalidad y la burocracia del sistema penal mexicano y su fragmentación de los procesos de investigación judicial. Les aplicaron el diferencial de competencias entre niveles de gobierno (Informe Ayotzinapa II en Aristegui Noticias)

En efecto, la investigación del caso Ayotzinapa se extravió en el laberinto burocrático que no lograron desentrañar los Expertos, se embaucaron en una investigación de “hechos” predigeridos, “manoseados” dirán algunos.

Es desde la burocracia, de sus representantes depositarios de las más altas responsabilidades, que si se lo proponen, pueden desenredar la investigación y constituir un hito hacia una efectiva procuración de justicia. De paso, resolver los misterios de la corrupción y la impunidad; hay otra alternativa en circulación, sólo instancias internacionales podrán enderezar al país.

Los del GIEI se agobiaron con la montaña de papeles a revisar y sin hilo de Ariadna. Hicieron de la formalidad legal su enemigo y se entramparon. Esa veta no queda bien explotada en el informe Ayotzinapa II, se limitaron a señalarla como un obstáculo, digno de piadosas recomendaciones.

Una examinación minuciosa de las estructuras gubernamentales de seguridad, sus competencias, procedimientos y esquemas de coordinación les hubieran reportado hallazgos de discrecionalidad, impunidad y simulación, hasta llegar a comprender y explicarse cómo colapsó el mecanismo de seguridad y el desvió de su operación en contra de los fines que los instituyeron.


Los Expertos deploran la fragmentación de procesos, cuando desde la atracción del caso por parte de la PGR se estableció un proceso primo del fuero federal, por eso la Fiscalía de Guerrero trasladó su expediente pues ya existía un mando único de investigación. A los Expertos los traían hechos locos. Eso ahora tiene su costo y alguien tiene que pagar. Un nuevo llamado para que el gobierno encare la investigación hasta dar con el paradero de los normalistas. De no ser así, las voces que claman por la intervención internacional en la resolución del caso crecerán, ahora con el respaldo abierto del Departamento de Estado, de Obama y Biden, para ser precisos.

lunes, 18 de abril de 2016

Noche sin fin

“De mis frágiles hipótesis, no mantengo ninguna.”
Roger Caillois

Pese a todo, el encuentro con la verdad no se ha hecho indeseable. Es más, dar con la verdad es opción para reconstituirnos como Estado y sociedad, creíbles y respetados. Pensar que la noche de Iguala del 26 de septiembre de 2014 sigue abierta al tiempo es una tortura colectiva, como de una noche sin fin.

Hemos ido del estupor inicial a una indignación que se apaga o simplemente está adormecida. Lo que desde la más alta autoridad del país se vio como un asunto local se transformó en un asunto federal, por la implicación del crimen organizado en los hechos de horror. Se elaboró y sigue en construcción, un expediente para dar con el paradero de 43 estudiantes normalistas desaparecidos ésa noche. La PGR se hizo cargo y ofreció la verdad histórica –que antes de hacerse pública fue puesta a consideración del presidente Peña Nieto y el gabinete de seguridad, quiero suponer- concentrada en el basurero de Cocula, Guerrero, y la sugerida incineración de los “43” en ése lugar. Se contrató a un equipo de antropología forense argentino para recuperar los restos, la búsqueda se extendió al río San Juan. Los hallazgos fueron trasladados a la Universidad de Innsbruck, en Austria, para efectos de su identificación genética. Sólo un estudiante fue identificado.

En seguida, se solicitó la colaboración de la CIDH a través del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes. Su trabajo sacudió la verdad histórica: no hubo incendio en el basurero de Cocula, no de la magnitud para pulverizar 43 cuerpos. Se formó un segundo grupo de expertos, el cual concluyó recién el mes pasado, que si hubo incendio en Cocula, al menos para hacer cenizas a 17 cuerpos. De nuevo, la Universidad de Innsbruck recién presentó resultados sin poder confirmar la identidad de los hallazgos.

En el ínterin, los expedientes sobre el caso hechos públicos han facilitado la intervención periodística de esos materiales. Lo revelado por distintos periodistas vuelve a sacudir la verdad histórica, por si hacía falta. Los expedientes expurgados exhiben un cúmulo de contradicciones no contemplados en el informe de conclusiones de la PGR. Para completar, el reciente informe de la CNDH sobre Ayotzinapa sugiere enfocar la investigación en la actuación de la policía de Huitzuco, Guerrero, al menos para dar con 15 de los desaparecidos.

Durante este año de 2016, diversas especies periodísticas han derivado en algo parecido a una guerra sucia informativa, que superan mi capacidad de análisis. Punto y aparte, de destacar son los señalamientos sobre la situación de los derechos humanos en México por parte de los Estados Unidos en un principio, después Alemania, Dinamarca y los mismos Estados Unidos la semana pasada.


Ya es tiempo de que se haga de día en Iguala. El presidente Peña Nieto tiene la palabra.

lunes, 11 de abril de 2016

Preguntadle al ecosistema

Desde que la calidad del aire de la Ciudad de México comenzó a rebasar los índices de los sanamente respirable el mes de marzo pasado, hasta alcanzar los límites de lo insalubre, algo grande sacudió a las autoridades, federales y capitalinas. Tuvieron que apechugar una medida que iba a escandalizar a la clase media vociferante: Poner en descanso su automóvil por al menos un día a la semana.

En este espacio propuse el requerimiento cívico de fundar las bases de una discusión racional, integradora del mayor número de perspectivas para una solución de cara a la contingencia ambiental (Contingencia ambiental y perversión ciudadana.) Pero no hay civismo y sí hay una racionalidad dogmática, utilitarista.

Siendo el eje del debate el medio ambiente, éste ha sido ignorado. Se prescinde de una categoría de análisis fundamental, el ecosistema, lo mismo se hace con el concepto de lo antropogénico. Que para algunos son meras externalidades frente a la abstracción y la ley irrevocable del mercado. Otros insisten en la anulación de la libertad, como si el Hoy no circula fuera un arresto domiciliario, nada más falso.

Si las autoridades se vieron obligadas –no lo hicieron por gusto- a tomar la aplicación de una medida restrictiva fue por los ingentes deterioros a la salud generados por la contaminación atmosférica. Ya pasó la curva epidémica estacional y sigue la cauda de tosigosos y similares. Cierto, puso en evidencia las omisiones de las autoridades, sus erradas políticas de vialidad promoviendo el uso de auto particular y sus ridículas acciones para generar una oferta de transporte público de acuerdo a las dimensiones del problema.

Y lo contradictorio es que siendo un mexicano, merecedor del premio nobel por sus investigaciones sobre la química atmosférica, como los es el Dr. Mario Molina, sigamos discutiendo el deterioro de la calidad del aire en el tenor del golpeteo político, de los economistas y  ultraliberales obsesos, ignorando olímpicamente el trabajo del Nobel mencionado.

(Parte de la aberración, también, es la institucionalización de un partido supuestamente ambientalista ausente totalmente en el debate, movidos exclusivamente sus dirigentes por su acceso a la nómina pública y a la promoción de sus intereses personales. La contingencia ha demostrado, una vez más, que el Partido Verde es un fraude a la ley)


Retomando el título de este artículo, empecemos por preguntarle al ecosistema ¿Cuántos vehículos automotores es capaz de soportar el Valle de México? De acuerdo a las preguntas se encontrarán las mejores respuestas efectivas para disminuir la contaminación que ensucia nuestro aire. Entonces quedará claro y tendremos  una mejor calidad de aire. Para ello la sociedad capitalina tendrá que imponerse sobre ambiciones políticas y la voracidad empresarial que se han beneficiado del enrarecimiento atmosférico.
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