jueves, 12 de agosto de 2010

A lo que sigue



Bien, el presidente Calderón ha dialogado con quienes ha considerado pertinente hacerlo. Se confirma el consenso establecido de combatir al crimen organizado que, dicho sea de paso, no requiere de consenso en sí, pues no hay actor que se exprese a favor o defienda a la delincuencia organizada. Las diferencias y las recriminaciones fueron hechas, el llamado a la unidad también.


Ojala se modifique la estrategia hasta ahora seguida, sujeta básicamente a un esquema policiaco militar. Para ello ya no es suficiente simples analogías como aquella del tumor cancerígeno y su obligada extirpación, no más parábolas para zaherir inútilmente a los políticos de oposición. Enterados estamos que en su momento debido no se hizo el ejercicio obligado de consulta, sabemos que las instituciones encargadas de llevar adelante la encomienda de combatir la inseguridad pública no han estado a la altura del reto. Demos vuelta a la página.


Qué es lo que sigue. Sigue un giro para no descansar sólo en la estrategia del uso de la fuerza pública. Más allá de las conclusiones del parloteo del día de hoy con los gobernadores y de las sesiones que antecedieron, considerando desde exigir el control del tráfico de armas a los Estados Unidos y mejorar la efectividad del sistema de aduanas, intervenir los santuarios financieros del narcotráfico y todo el esquema de lavado de dinero, hasta la prevención de adicciones y la erradicación de la colusión de los servidores públicos y un extenso bla-bla-bla.


Esta bien, pero no es el sustento de una estrategia exitosa. Y no encuentro como decirlo de mejor manera. Así es que considerando una anécdota circulada por Julián Andrade en La Razón de México Calderón: The West Wing y la parábola del rey. Según esta anécdota, en la toma de decisiones que se da en Los Pinos, los asesores ofrecen al Presidente situaciones que aparecen en las series de televisión. Pues bien, quiero aquí referirme a otro drama televisivo, Breaking Bad, una serie que borda el tema de la producción y consumo de drogas desde la perspectiva del deterioro de la vida en familia, en una situación crítica en extremo. Los capítulos van narrando el declive de un profesionista, un químico dedicado a la docencia y alcanzado por el empleo malamente remunerado. Por si fuera poca su desgracia, se le ha diagnosticado un cáncer terminal. Además, tiene un hijo adolescente con parálisis cerebral y su mujer está esperando una niña. El mundo se le acaba y sólo encuentra un camino para salvar a su familia del desastre: conseguir dinero a como dé lugar. La inveterada asociación entre el dinero y el delito. El personaje principal Walter White, actuado por Bryan Cranston, aprovecha sus conocimientos y la colaboración de un joven adicto para emprender el negocio de la producción de metanfetaminas. De ahí en adelante se suceden la serie de peripecias escabrosas y sombrías. Se entiende un contexto, donde el individuo rompe su escala de valores y se empuja hacia el mal, en el que no existen los componentes duros de un sistema o red de seguridad social para el futuro de su familia.

Traer a cuento esta serie tiene un propósito: afirmar lo que no ha entendido el grupo gobernante, que es considerar la seguridad social la punta de lanza contra la inseguridad pública. Si nos damos cuenta que la pobreza y la desigualdad social avanza de manera galopante, por qué no usar toda la fuerza del Estado para contrarrestarlas.

Ideológicamente el grupo gobernante no está preparado para dar el giro de la estrategia. Lo social y la familia en particular son asunto de las iglesias, según un parecer atribuible a su mentalidad manifiesta. El otro elemento ideológico es que la distribución de la riqueza le corresponde al mercado. Con estos dos ejes, Felipe Calderón y su equipo creen que hacen lo adecuado. Y tienen que cambiar de parecer, por el bien de todos, como diría su Némesis.

Seguridad social, empleo, salario remunerador, son el cambio de estrategia que la sociedad y algunas fuerzas políticas le exigen a Calderón.

martes, 10 de agosto de 2010

Una parroquia para Felipe



Todos los días, la actual administración nos recuerda que su agenda está dominada por la “guerra” en contra del crimen organizado. Es una cortina de humo y sangre. En los hechos, la agenda oculta de Felipe Calderón es desmantelar lo que queda de la agenda social: de manera específica la seguridad social, los contratos colectivos de trabajo y los sindicatos. Su palabra, la del Presidente, se devalúa día con día. Todo lo que hace él es una pérdida de tiempo y oportunidades que el país no se merece. Cuando tiene oportunidad de fortalecer sus dichos se queda callado, se esconde tras bambalinas, tras la conferencia de un funcionario de jerarquía menor o de escasa visibilidad. Eso se demuestra con los acontecimientos del sábado pasado en Ciudad Juárez, Chihuahua. La policía federal que entró al relevo del ejército en esa localidad no ha hecho mejor las cosas. Nada más llegó ese cuerpo policial y la población fue víctima de extorsiones de tan insigne tira. No pasaron muchas semanas para que se diera el amotinamiento de policías en contra de sus comandos acusándolos de apañar ciudadanos y sembrarles droga, de pedirles mochada a sus subalternos. La gráfica de la prensa fue la viva imagen de la degradación de las supuestas fuerzas del orden. El Presidente no dijo ni pío, ni salió en cadena nacional a mostrar indignación de que sus empleados le jueguen a las contras. En cualquier otro país, donde el rubor alcanza a las autoridades con sentido de la vergüenza, el motín de ciudad Juárez hubiera obligado el cese fulminante de Genaro García Luna. Pero no fue así, estamos en México y los acusadores pasaron inmediatamente a la condición de acusados. Con estos modos, como quieren que la gente denuncie a los criminales.


Felipe Calderón no le concede oportunidad ni a la posibilidad de su propia credibilidad. Ayer lunes 9 de agosto, cuando todos esperábamos una respuesta suya, de su viva persona, respecto a lo sucedido en Juárez, nos salió con el cuento de que la reducción de normas en las dependencias federales constituía una forma de acelerar la transformación de México, con regocijo hueco exclamó: “Estamos transformando al país”. Quien le va a creer que con nueve manuales se mejora el funcionamiento de la administración pública ¿Por qué no se le ocurrió al principio del sexenio? Porque es una ocurrencia más a su larga cadena, como la mentada “guerra” al narcotráfico o su programa del primer empleo. La lógica calderonista es que un desatino saca otro desatino. A qué despacho le encargaron esos manuales, cuál fue el veredicto de la Cofemer. Puros actos mediáticos, sin mayor profundidad que no merecen mayor atención y sí ocasión de ludibrio para este blog.


Hoy martes, el Calderón vuelve a poner el tema del crimen organizado en lo más alto. Ahora convocando a los dirigentes de los partidos políticos al Campo Marte. Mañana lo hará con legisladores. El asunto es que no hay seguridades de que se llegué a un acuerdo. Sigue con su formato bélico de guerra religiosa que tanto le gusta. Bajo ese entretenimiento prosigue su guerra secreta en contra de los derechos sociales.


Una parroquia para Felipe Calderón, donde haga menos estragos al país.

viernes, 6 de agosto de 2010

La soteriología de Felipe Calderón


No estoy borracho, ni pacheco. El título es un esfuerzo por comprender el proceder y la actitud del Presidente frente al crimen organizado que lo ha llevado al abatimiento anímico de su persona. Por qué éste llamado selectivo a la sociedad durante cuatro encerronas consecutivas, las tres primeras en el Campo Marte. Unos dicen que el Presidente se quedó solo, él dice que los políticos no le hacen caso a sus llamados. Cada quien sus decires.

Lo que se deja ver de estas reuniones, de estos llamados, es un peculiar entendimiento de lo que es o qué incluye la sociedad: la sociedad son los dirigentes de empresas, las organizaciones civiles especializadas en el tema de la delincuencia, los medios de comunicación, los intelectuales, los académicos, los periodistas y el clero. Se entiende que no incluya a los obreros pues estamos hablando de un presidente que es antiobrero, pero tampoco incluye a los productores del campo, a los campesinos, ni a los desempleados y la nueva categoría social de los Nini. No se les concede la voz, luego entonces no tienen nada que aportar (Se apunta aquí un sesgo clasista a tomar en cuenta)

Pero volvamos al asunto de comprender entre lo que dicta una cabecita, se hace discurso y la realidad. Así podremos entender porqué no se comunica bien el Presidente y porqué la percepción social no lo acompaña hombro con hombro en su lucha. Lo señalado en el párrafo anterior ya dice mucho.

Empecemos por considerar que la persistentemente llamada "estrategia" por Felipe Calderón no lo es, pues para ello debe tener objetivos alcanzables y plazos. Esto es, no se va a lograr la liquidación del narcotráfico, ni acabar con las adicciones, menos cuando no se le pone término o conclusión a la “estrategia”. Se puede decir que el propósito es recuperar espacios públicos, evitar que las drogas lleguen a nuestros hijos. Sí es así, hasta este momento la “estrategia” es un fracaso, pues lo que era un problema espacialmente confinado a las zonas serranas y ciertos puntos fronterizos en sus orígenes, hoy incluye zonas metropolitanas (Guadalajara, Monterrey, Valle de México) puertos turísticos como Cancún y hasta estados enteros como Michoacán y Morelos. Sobra decir que tampoco se ha detenido el avance de las adicciones.

Entonces, qué es realmente lo que ofrece Calderón para disminuir la inseguridad. A mi parecer, que en lo personal me aclara una ruta hacia la comprensión del incomprendido presidente, es que lo que él nos ha vendido como guerra, combate o estrategia no es otra cosa que una doctrina de salvación, un ordo salutis muy forzado: fe, unión mística, aderezados de acriticismo y denuncia. Yo soy el camino y el que me sigue será salvado de las garras del crimen organizado. Todo esto es muy lógico dentro del campo de la creencia cristiana, pero no es compatible con el orden plural y laico que prevalece en la sociedad, de un orden donde prima la codicia capitalista.

La doctrina de salvación no se ve porque subyace en el diseño del combate al crimen organizado. Sólo queda ligeramente al descubierto cuando afirma el Presidente ante los señores obispos y demás dignatarios de sectas religiosas que:

“Como mexicano y como Presidente de la República reconozco la valiosa aportación que hacen al país las asociaciones religiosas que ustedes encabezan. Su labor contribuye a la construcción de una sociedad responsable y solidaria, basada en los principios de orden y respeto que inculcan a los miembros de sus iglesias.

“La defensa que ustedes hacen de la familia mexicana, de sus valores, que es, sin duda, la base de nuestra sociedad; su amplia experiencia en el apoyo a las comunidades de los más desfavorecidos, son labores fundamentales en la difusión de los valores que nos deben unir como nación.”

Esto aclara mucho el talante de la llamada “estrategia” y algo más. Se entiende que habiendo iglesias no hacen falta sindicatos, izquierdas, ni autodenominados luchadores sociales. Lo que no se explica es como teniendo tan poderosos guardianes numinosos el país se haya degradado tanto en lo social y en lo económico, en una beligerancia que espanta a la paz.

Ahora puedo exclamar con excitación ¡He comprendido al presidente Calderón! Y puedo irme a dormir tranquilo.
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Dos enlaces para abundar en esta interpretación teológica:
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