miércoles, 27 de enero de 2010

Carnavalesca



Es contra natura, es un engendro, es perverso. Estas son expresiones que se podrían atribuir al arzobispo de México Norberto Rivera o a la publicación Desde la Fe, en asociación directa a su obstinada posición contraria a los matrimonios entre personas del mismo sexo. No es el caso. Se trata de expresiones de la cúpula priísta en contra de las alianzas electorales entre el PAN y el PRD que se pretenden armar este año en distintas entidades del país. De ahí en adelante es cuestión de seguir poniendo piedras en el camino para darle mas aliento a la polarización del país, al parecer el deporte predilecto de la clase política. El asunto es que las alianzas electorales son un mecanismo reconocido en el Cofipe y por tanto jurídicamente válidas. La cuestión es para qué se hacen este tipo de alianzas, si se quedan en el plano electorero y no trascienden en la gestión gubernamental, se trata de puro oportunismo para conseguir posiciones de poder. Tal como ha ocurrido y tiene su caso emblemático en la electoral que catapultó a Vicente Fox hacia la Presidencia de la república. Para qué la alianza es un punto que aborda Mauricio Merino (Una alianza aberrante) en su colaboración para El Universal. Una alianza para revertir el avance del PRI resulta de mira corta, como la ya mencionada que se conformó con sacar al PRI de Los Pinos.

Para mi, la posible alianza entre el PAN y el PRD sería una alianza carnavalesca si entendemos al carnaval como el mundo al revés. Eso es lo que plantea dicha alianza entre los que son escuderos del capital y los que se proclaman defensores de los pobres. Alianzas así nublan el espectro partidista y terminan establecer gobiernos fallidos si no cuentan con un programa común para la conducción del Estado que es lo que esencialmente eligen los ciudadanos –al menos en teoría.

En este tipo de discusiones maniqueas, sin opción de sublimarse dialécticamente, termina por perderse la cordura. Es el caso del abogado de barandilla encargado de la secretaría de gobernación, más dispuesto para la bravata que para la conciliación. Al señor Gómez Mont se le ocurre decir que las alianzas son un fraude ¿Lo dijo en serio? Si tuviera una argumentación consistente en su dicho se atrevería a concluir que las alianzas panistas de los dos últimos procesos para elegir Presidente fueron un fraude. Claro que no y pronto matizó. Lo penoso para el PAN es que inauguraron esa manera de hablar por hablar, con la consecuencia de que sus palabras se marchitan apenas salen de su boca acarreándoles descrédito. Y no es que sus adversarios sean prolijos para exponer sus planteamientos, hay excepciones, pero la herencia del habla cantinflesca era un ejercicio de mayor juego político en el manejo del poder.

Hay un encono en la superficie, a cielo abierto, que nos está llevando a la confrontación que no podrá ser contenida por el sistema electoral. Un encono del que no escapa ni la principal cabeza del Estado Mexicano, Felipe Calderón. Ahora sale, en una alocución que tuvo con legisladores panistas en la ciudad de Puebla, que los partidos políticos, esas instituciones reconocidas por el Estado, no son más que una permanente estafa a la sociedad. De veras está el Presidente para hacer ese tipo de generalizaciones. Si es consecuente entonces tendrá que reconocer que su partido también es estafador, que él y algunos de sus familiares también son estafadores.

No desbordemos al país con el lenguaje de la descalificación, ni desfiguremos identidades de partido. Al PAN le cuesta mucho trabajo asimilarse a la historia del Estado mexicano porque desde sus propias filas existe una corriente nada minoritaria que en el fondo se formó ideológicamente en contra de la Guerra de Independencia, de la Reforma juarista y del movimiento revolucionario de 1910. Aceptan como parte de un orden divino la sumisión al extranjero, a la Iglesia y la sumisión de la población a la oligarquía. Y saben que: no quieren dejar el poder civilizadamente. Es el meollo de la disputa y en el PRD no se han dado cuenta, al menos algunas de sus figuras.

viernes, 22 de enero de 2010

Escuchen a México



El lunes 18 de enero, como si no se tuvieran cosas más importantes que hacer, Felipe Calderón anunció el programa de televisión Discutamos México. Acaso una nueva tentativa que desde el gobierno se quiere impulsar en medios electrónicos. Se acuerdan de Fox en vivo, un programa sin pena ni gloria, que se apagó conforme las exigencias le hicieron entender al presidente en turno que nada aportaba su programita radiofónico. Aunque el antecedente que sobrevive es la sempiterna Hora Nacional, que encadena a las radiodifusoras de todo el país desde los tiempos del PRI.

Antes de salir al aire Discutamos México se puede anticipar su inutilidad, no tanto por contenidos o por las personalidades que participen, sino porque se tratará de formar una verdad oficial aunque se niegue de inicio. Sigue existiendo la verdad oficial, lo que no existe es la disposición social a aceptarla. La gente no cree a las autoridades, sean estas federales, estatales o municipales. La gente no pide verdades oficiales, sólo quiere vivir con dignidad. A falta de ello adopta las verdades existenciales de la religión, se sumerge en la industria del entretenimiento, toma el camino de las adicciones o se deprime. Si tiene suerte, el mexicano desarrolla su propia empresa o encuentra un trabajo, o se dedica a robar, el delito más extendido entre la población según la SSPF, pero no quiere saber de verdades oficiales.

Discutamos México como si no existiera el Congreso, las aulas de educación superior, diarios, revistas, libros, internet, que juntos mantienen la discusión sobre México. Una discusión en la que no participan todos, en la que discutirán los de siempre o casi. Por el formato y las ínfulas de “un foro resonante para que el pueblo mexicano conozca, reconozca y confronte diversas ideas sobre nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro” no se encontrarán en la fórmula propuesta el Discutamos México que ocurre sin promoción oficial en el barrio, ejido, comunidad, ranchería, centro de trabajo, transporte público, el lavadero o la cantina.

La propuesta en sí misma evidencia falta de legitimidad de quien lo propone, convencido de que gobernar es levantar una puesta en escena efímera, maniobra de distracción para desviar la atención del sufrimiento real de millones de mexicanos, para ocultar que en julio pasado el voto adverso a su partido lo desplomó y desde entonces el interregno que nadie osa nombrar está ahí.

Discutamos México, sí. Pero bajo condiciones parejas en alimentación, educación y salud. Élites todas, escuchen a México, salgan a la calle, al campo, conozcan al México real que no se reflejan en cifras o indicadores, tampoco con programas televisivos que a pocos atraerán.

domingo, 17 de enero de 2010

El ocaso del Estado Mexicano



Dos informaciones que nos pueden indicar cuando un Estado ha dejado de ejercer su supremacía sobre el territorio que le define un lugar en el mapa y sobre la población a la que le ofrece seguridades garantizándole derechos, de manera soberana, sin someterse o subordinarse a otro Estado de manera indefinida. Una información se refiere al desprecio de la iglesia católica por las leyes del país, la otra información nos remite al papel decisivo que se arroga tener los Estados Unidos en el combate al narcotráfico en México.

Hasta hace bastantes años, en la configuración política del país se tenía claro que el régimen de la revolución mexicana, el Estado social de bienestar que construyó, cedió su lugar a un Estado pretendidamente de mercado. El Estado, también llamado populista, fue abdicando responsabilidades en cuanto a la protección de los sectores o grupos de la sociedad de acuerdo a sus características demandas. Bajo su protección estaban todos, incluidos los empresarios. Empresarios que renegaron de ese Estado e hicieron lo posible por desmantelarlo. El argumento fue que el Estado fracasó en su propósito de beneficiar a la sociedad en su conjunto, los rezagos se iban acumulando y además el régimen era corrupto. Los empresarios ofrecieron generar esa prosperidad siempre y cuando se desmantelara el estado de cosas vigentes. Sus demandas se cumplieron una a una, conclusión de reparto agrario y amilanamiento de los sindicatos en su capacidad para fortalecer las prestaciones de los trabajadores. No quedando satisfechos, los empresarios decidieron impulsar al partido con el que tuvieran mayor afinidad y control. Por algo la alternancia se realizó a favor del Partido Acción Nacional.

Con más de veinte años en los que los grupos más poderosos de los empresarios se han impuesto en la agenda nacional, los resultados no han mejorado respecto al bienestar de la sociedad y, además, la corrupción sigue incontenible. El gobierno de empresarios para empresarios ha quemado con ello los argumentos con los cuales sistemáticamente desprestigió al régimen del PRI. En su proceder no han distinguido la línea que separa entre el cambio de régimen y la anulación de la voluntad soberana del Estado.

El actual titular del Ejecutivo federal, en su obcecación por sentarse y mantenerse en la silla presidencial ha descuidado al Estado del que somos parte. Si la Iglesia se declara en contra de cierta legislación, a través del arzobispo Norberto Rivera, sentenciando que la ley divina está por encima de las leyes que se ha dado la nación mexicana (Desdeñan iglesias leyes humanas; sólo obedecemos a Dios, afirman) No se podría esperar menos de un jefe de Estado mexicano atajar la intromisión política de la Iglesia. Pero no lo hace. Felipe Calderón se calla, deja de actuar y consiente el desacato del orden constitucional. Por qué actúa de esa manera, pues porque en el fondo está de acuerdo con la Iglesia y no con el Estado del cual es el principal representante. Si ése es el camino correcto, que espera Calderón para encargarle a la Iglesia la responsabilidad de enjuiciar, de educar y administrar los servicios de salud dentro de esta provincia Vaticana que llamamos México.

En el combate al narcotráfico las insuficiencias institucionales han dejado ver hasta dónde el crimen organizado ha infiltrado autoridades y policías, así como su papel activador de economías locales como para permitirle formar una base social. Se ha expuesto al Ejército Mexicano y hoy queda bajo la sospecha de violar derechos humanos. Se consigue del Congreso la aprobación de legislación y presupuesto que mejoren la capacidad de combate a la delincuencia para finalmente recurrir a los servicios de Estados Unidos y así lograr golpes espectaculares. La captura de Teodoro García Simental (Capturan a El Teo en el municipio de La Paz ) a quien se le atribuyen cientos de ejecuciones, ha resultado un operativo impecable conducido con la inteligencia proporcionada por la agencia norteamericana antinarcóticos (DEA) poniendo a la intemperie las capacidades del aparato público desplegado contra el crimen organizado. Si ése es el camino correcto, que espera Calderón para declarar la conclusión del ciclo estatal de la nación mexicana.

Y como lo correcto es hablar bien de México, pongámonos de pie y aplaudamos la clausura del Estado Mexicano.


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