lunes, 10 de agosto de 2009

Cumbre y abismo



En el lenguaje de la diplomacia, cumbre es la expresión para significar la reunión de máximos dignatarios para tratar asuntos que los vinculan o amenazan. No siempre colman la mayor elevación de la comprensión mutua entre naciones. En el caso del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que inició su vigencia en el año de 1994, periódicamente convoca a una cumbre que con el paso de los años pierde elevación, es decir, con resignación se alcanza al último grado a donde se puede llegar.


La crisis económica mundial ha obligado a los países a revisar sus estrategias nacionales para posteriormente atender sus prioridades internacionales. A esta cumbre entre Canadá, Estados Unidos y México, que se desarrolló en el Instituto Cultural Cabañas el 9 y 10 de agosto, Felipe Calderón asistió como un anfitrión sin oferta pero con demanda, limitado por la crisis que encuentra su salida en la reactivación de la economía de sus socios en tanto que no se tiene el talento y la audacia para reordenar la casa, por miedo a ofender a los grandes capitales o a la excomulgación de la iglesia católica.


El gobierno de México se mantiene anclado a un paradigma que compró obligado por otras crisis, paradigma resumido en la consigna de menos gobierno más empresas, paradigma que no pudo dar de sí la prosperidad que prometía pues dispuesto en un sendero de corrupción e impunidad no encontró las condiciones de la abundancia que anunciaba. O sí las encontró, pero fue para unas cuantas familias que pudieron influir en las decisiones de política económica a costa de incrementar la pobreza y la desigualdad. La prosperidad de la gente, alentada por las políticas públicas, no fue considerada como fundamento del desarrollo empresarial. La economía informal y el crimen organizado se constituyeron en “alternativa” y terminaron por crear las condiciones hacia la hipótesis del Estado fallido.


El contexto de la cumbre de América del Norte es desfavorable para México si se parte del supuesto de que la demanda que se haga a nuestros socios depende nuestro bienestar, si se considera que la crítica situación económica por la que atraviesa el país se soluciona con un tratado migratorio con Estados Unidos o con la cancelación de la solicitud de visa a los mexicanos que se desplazan al Canadá.


Reordenar la casa no es sólo combatir al crimen organizado y levantar un muro con el nombre de cada uno de los policías caídos. Como tampoco sirvió durante el foxismo la declaratoria de santos, mártires y beatos por parte del Vaticano. Reordenar la casa inicia con la optimización de los recursos del Estado, no como recorte o disminución de los mismos, sino como su aplicación oportuna que efectivamente genera riqueza y la redistribuye. Lo que se dejó de hacer en quince años de vigencia del TLC y que nos pone como país en calidad de compañeros de ruta pero no de socios, a remolque de las decisiones que no nos pertenecen, que se imponen porque la fortaleza interior se encasilló en la agotable provisión de recursos naturales como el petróleo.

La cumbre de Guadalajara ha dejado ver el abismo de la diferencia grande entre las economías y las sociedades representadas en la reunión, precisamente lo que el instrumento del TLC se proponía era acortar la diferencia, al menos esa fue la ilusión al crear un bloque comercial.


jueves, 6 de agosto de 2009

Fuga



Realmente se puede acoger la autoridad al expediente del no pasa nada. De verdad se puede creer que la solución a una mejora de los servicios gubernamentales pasa por una reducción a los subsidios o por un cambio de gabinete sin establecer un cambio de rumbo. No convendría mejor desenmarañar el enredo jurídico, electoral y de competencia de una administración pública que se revuelve entre las oficinas centrales y las delegaciones, entre los niveles de gobierno que terminan por balcanizar el Presupuesto de Egresos de la Federación desviándolo a específicos intereses políticos y privados.


Qué país se ha venido construyendo a lo largo de las últimas tres décadas, sustentado en el desprestigio de lo público y de lo social. Se ha construido un país a la medida de un libre mercado con muletas, las muletas que le dan más al que más tiene (Fobaproa/IPAB, devolución de impuestos y lo que quepa para eludir los riesgos que le son inherentes a la actividad empresarial) Se ha construido un país a la medida de los políticos con una cancha y unas reglas –IFE y COFIPE- que les garantiza un mundo aparte del resto de los mortales.


La abrumadora mayoría de los mexicanos que no somos empresarios, ni políticos, sentimos que el país ya no nos pertenece aunque se nos enjuague la pertenencia con el placebo de la selección de futbol. El país real es para el disfrute de una minoría. Ese es el punto del debate desde el cual se tiene que encontrar la salida frente al deterioro institucional, la crisis económica y la explosiva expansión del crimen organizado (Acaso la delincuencia organizada no representan un desafío para las élites en el reparto del reino de la impunidad y de los subsidios)


Se regresa al viejo debate de sí o no a los subsidios. Parece que el asunto bosqueja una diferencia de opinión, leve si se quiere, entre la Secretaría de Hacienda y el Banco de México. Lo que importa esclarecer, dilucidar, es distinguir el subsidio que llega al que lo necesita y no al que supuestamente ya ha desarrollado capacidades empresariales y de ahorro, un subsidio orientado a fortalecer el mercado interno pero no a formar rentas institucionales. Pero la voracidad es grande y cínica, no encuentra inconveniente entre recibir al mismo tiempo subsidios para guarderías subrogadas y el Procampo, que se conjugan sin rubor con ingresos por fungir como funcionario público.


Sin abrirse plenamente, en las últimas décadas subyace un debate sobre el cogobierno. Por no tener figuras formales para el cogobierno, lo que resulta más bien son emplazamientos pragmáticos que no engranan en un desarrollo nacional. Desde 1997 se tienen gobiernos divididos, no cogobierno, que hacen un verdadero champurrado legislativo que crea más incertidumbre pues no se aclara qué prima sobre qué. Un coctel sobrerregulatorio donde los reglamentos y las circulares terminan por sacrificar el espíritu de las leyes promulgadas.


Con todo, ya se cumplió un mes de las elecciones del cinco de julio, de las cuales no se puede extraer literalmente un cogobierno. Lo contundente, de acuerdo a las cifras trabajadas por el suplemento Enfoque del diario Reforma, es el respaldo ciudadano obtenido por el Partido Revolucionario Institucional en las urnas. La incógnita es qué va hacer con el poder que le fue conferido a ese instituto político, no sólo en términos de trabajo legislativo, sino para efectos del desempeño ejecutivo de sus gobernadores y presidentes municipales. Es ahí, desde la porción de poder ejecutivo bajo su responsabilidad donde el PRI nos tiene que mostrar el para qué. Si ofrece una salida para sacar al país del deterioro en el que se encuentra o se trata de una fuga más que se agrega a la ya existente del gobierno federal.


Gobierno que, a dos meses del incendio de la guardería tantas veces citada, no acierta ni a pedir disculpas y con facilidad genera más irritación, es el caso de la encuesta que el IMSS solicitó a Transparencia Mexicana para conocer el grado de reconocimiento que tienen las guarderías subrogadas de parte de quienes recurren a ese servicio. Qué oportunidad para limpiar el nombre de la institución con encuestas que le conceden elogios, una burla al dolor de las familias afectadas. Familias que piden justicia y el gobierno no muestra interés por ello. Un gobierno en fuga, que pudiendo hacer una investigación a fondo para castigar impunidades no lo ha hecho y ahora no podrá evitar que el caso llegue a la Suprema Corte de Justicia.

miércoles, 29 de julio de 2009

Cuarenta y nueve



La cifra de niños fallecidos a causa del multimencionado incendio de la guardería ABC de Hermosillo, en Sonora, se incrementó el día martes 28 de julio. Juan Carlos Rascón Holguín, de tres años, es el nombre la de víctima 49. El trato de esta información no produjo mayor conmoción mediática. Conforme pasan los días la autoridad apuesta al olvido, a favor del imperio de la impunidad y la corrupción. Su consigna es cínica: un escándalo saca otro escándalo. Eso quiere.


Entre la ciudadanía que ha seguido la información sobre este infanticidio, alberga el deseo de una verdadera revolución de las instituciones, pues el régimen se hace insoportable y odioso conforme se van acumulando los hechos de una autoridad omisa, negligente. Esta historia no ha llegado su fin, lo reportado en Proceso por Marcela Turati es una muestra del sistema de guarderías subrogadas por el IMSS, un arreglo indecoroso de un Seguro Social que simula como que norma y los empresarios que extorsionan para subvertir la norma. Normalidad aberrante de la autodenigración mexicana.


Y por más que uno le dé vueltas para explicar la conducta de esta aciaga alternancia, se propone una osada conclusión: al PAN no le gusta gobernar y si no le gusta no tiene el incentivo básico para aprender. Su esquema es el de gobierno mínimo, ínfimo, resabio del siglo XIX. De la economía que se encarguen los empresarios, de la cohesión social que se encargue la iglesia católica, ahí se compendia la sociedad civil, en el apego a las corporaciones. Al gobierno le corresponde la coerción, de ahí que ordenen mayores recursos para la policía y el papel protagónico que se la ha dado a las fuerzas armadas.


Por eso les cuesta trabajo impulsar la política social y por eso han tenido de aliados a los tecnócratas. Lo de las guarderías subrogadas es demostración del desprecio íntimo por la política social que se desvía en un medio mas para realizar beneficios privados. No hay interés genuino por atender a la población, es sólo un gran pretexto para hacer negocio a costa de la necesidad de las madres trabajadoras y en deterioro de los escasos recursos públicos. Lo de las guarderías no es un caso aislado, es todo un sistema para desvirtuar la política social. Una cadena de voracidad que tiene un eslabón más en el Procampo, como lo ha documentado esta semana El Universal. Y no olvidemos Proárbol, que también alcanzó las palmas del escándalo mediático sin que se sepa de corrección institucional de las desviaciones.


No sorprende entonces que el programa Oportunidades no haya podido contener, no digamos revertir, el crecimiento de la población que vive bajo la pobreza. Una realidad que no se puede ocultar con la publicidad gubernamental, ni con “sofisticados” ejercicios actuariales para maquillar las cifras.


Si no se tienen las soluciones, ni el interés por impulsar la política social, el gobernante en turno prefiere atrincherarse en el relevo de los escándalos. Van de nuevo los casos de los secuestros de Fernando Martí y de Silvia Vargas. Se dan a luz nuevas revelaciones y una certeza permanente: no sabremos la verdad de lo ocurrido a esos jóvenes que fueron asesinados.

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