martes, 22 de julio de 2008

¿Presidente Substituto?


Concluida la jornada electoral del 2006, y debido al manoseo del proceso, los días que siguieron hasta antes de la declaratoria del presidente electo por parte del Tribunal Electoral el mes de octubre de ese año, se esparció la propuesta/opinión de encontrar la salida al conflicto poselectoral por la vía de un Presidente Interino. La idea no prosperó, aunque no le faltaba razón. Se pretextó, razonablemente, el lío que vendría al tratar de decidir al beneficiario de una designación de esa naturaleza. Se construyó una base política para evitar el interinato sobre una precaria alianza entre el PAN, el PRI, los gobernadores, grandes empresarios y sindicatos poderosos como el de los maestros, entre otros.

Al correr de dos años se vuelve a sugerir el relevo presidencial a través de la figura del Presidente Substituto (semanario electrónico Reporte Índigo 91) Se habla de la ruptura que viene, de la ruptura que ya está, pero la verdad es que la precaria alianza no ha resistido más. Después de todas las piruetas, del “haiga sido como haiga sido”, que llevaron a la declaratoria del presidente electo a favor de Felipe Calderón, la propuesta en ciernes parece alentada por la voracidad de las élites que están conflictuadas con el presidente Calderón. La causa: un reparto de pastel que no ha sido del agrado de las minorías selectas. La sugerencia del substituto es endeble, más que la del interino, enfrenta el mismo problema de designación del beneficiario con el agravante de que no hay condiciones para una alianza soporte. Además, no se trata de una sustitución de personas, sino de la putrefacción del régimen realmente existente.

Cómo esta eso. Pues algo complicado querida audiencia cautiva. Al día de hoy aparece con toda claridad el hecho de que la democratización del país, las reformas estructurales con el propósito de afincar una economía de mercado realmente competitiva, no llegaron a buen puerto. Tenemos que el pasaje del autoritarismo corporativo se desvió hacia la oligarquización del país, proceso que inició con el arribo de los tecnócratas y ha tenido su aceleración con la llegada del PAN al Poder. (Justo es reconocerlo, no todo se debe a la incidencia del PAN, en el PRD también han hecho lo suyo en materia de impunidad, nepotismo, influyentismo y prepotencia en la tragicómica reedición de los gobiernos del PRI).

La oligarquización ha traído la desinstitución de lo que formalmente es una república democrática, federal, representativa, libre y soberana, que tiene una clase política que la conduce. Eso no es en la realidad. En este país el poder del dinero y el poder político se han fusionado. Un puñado de grandes empresarios son los que mandan en este país. Tenemos los que pertenecen al capital financiero, donde uno de sus próceres –el sr. Roberto Hernández- se da el lujo de tener funcionarios públicos a su servicio. Y qué decir de los consorcios de las telecomunicaciones que prácticamente, en su rubro de radio y televisión, se dedican a editar la realidad política del país. Ellos son los que con su peso deciden el curso de una elección y el destino de una nación acomodada a satisfacer sus intereses. Lo cual no ha tenido efectos positivos en cuanto a generación de empleos, crecimiento económico, elevación de los niveles de educación. Por el contrario se pueden anotar efectos negativos como la emigración masiva de trabajadores hacia los Estado Unidos, la expansión de la economía informal que tiene en el crimen organizado su actividad más emblemática.

Por ello, es de temerse que la oficialización de una propuesta de substitución del Titular del Ejecutivo, de acuerdo con el 84 Constitucional, no resuelva el fondo de la crisis del régimen si no se realiza más allá de una coalición política, sino que incluya una amplia alianza social que fortalezca la democracia y, de menos, encauce un capitalismo democrático con verdadera economía de mercado.

El presidente Calderón no irá muy lejos con sus amigos e ilusiones a cuestas, debe ir a lo básico, partir de que gobierna un país con una Constitución estatista (Sergio Sarmiento dixit) que va contra su ideología, pero que está obligado a acatar.

viernes, 18 de julio de 2008

Noticias a la sombra


Nutridas por el escándalo, las audiencias se insensibilizan o se polarizan. La función social de quienes hacen periodismo, proporcionar información veraz, comprobable, palidece ante el torrente de giros informativos que se cuecen al calor de la disputa política. Por eso es un notición el visto bueno del presidente Calderón a las propuestas de Ebrard para hacerse cargo de la seguridad pública y la procuración de justicia en el Distrito Federal, se interrumpió momentáneamente la cadena de confrontación entre en panismo y el perredismo hechos autoridad. Hizo bien Felipe Calderón en no disminuir la responsabilidad del gobierno capitalino, que cargue Marcelo con sus propios muertos y que tome nota de las deficiencias que arrastra la administración de la ciudad de México. Así también, el gobierno federal carga con sus propios muertos generados por la guerra contra el narcotráfico. El asunto es que mucho falta por aprender en el reconocimiento oportuno de los errores y el argumento de culpar al viejo régimen ya se desgastó.

Es natural que haya diferencias en un régimen democrático, nada de malo tienen. Lo que pasa es que cuando se elevan en calidad de confrontación permanente el país sale perdiendo. Confrontación ha sido la ruta de la reforma petrolera, que con mejores oficios hubiera tenido un mejor encauzamiento. Hoy vemos que no se trata sólo de posiciones ideológicas contra posiciones técnicas, sino de una abierta disputa por reasignar el reparto del pastel petrolero. También nos damos cuenta que la reforma se reduce, en una de sus aristas, a deliberar sobre una explotación más acelerada o más precavida de las existencias probadas de hidrocarburos. En fin, el oro negro sirve para que cada bando se enrolle en la bandera nacional y poner al desnudo los casi quinientos años en los que este territorio existe para el exterior en tanto explotación de recursos naturales. Ese paradigma que nos asigna el papel de país productor de materias primas permanece por los siglos de los siglos. Atrás ha quedado la discusión sobre la competitividad que saque a flote al país en medio de una reconocida crisis global de la economía. Y si de competitividad se trata, se recurre a las viejas prácticas de contener los salarios, aumentar la jornada laboral. El viejo recetario del capitalismo salvaje. La mejora de la competitividad por la vía de la educación es todavía simulación. Qué decir de los esfuerzos en ciencia y tecnología. Y ni hablar de la pésima administración de los recursos que ayer se expuso en el Foro del senado sobre la reforma petrolera, pues la transparencia y rendición de cuentas es una quimera en la paraestatal.

También hay noticias nonatas, que se espera que lleguen y no se dan, como la protesta del dirigente nacional del PAN, Germán Martínez Cázares, hacia los directivos de Televisa por borrar la imagen del senador Santiago Creel. Protesta que tuvo que ser solicitada en los medios por Creel y que no se ha realizado. Lo que se dio fue un extrañamiento de parte de la secretaria de gobernación a la empresa televisora y una respuesta increíble de parte de Televisa. De esta manera se confirma, indirectamente, que el Partido Acción Nacional, su presidente, no quiere comprar pleitos con las televisoras y por esa razón, entre otras, destituyó al senador Creel de la coordinación de la bancada blanquiazul en Xicoténcatl.

Así vamos, con un orden institucional al servicio de la publicidad. Y con esos modos Manuel espino quiere sorprender a la audiencia con una señala de alerta sobre una regresión que inició hace ocho años por no irnos tan lejos. Regresión que entre otras cosas ha disminuido, por la vía de los hechos, el Estado Laico. El pleito entre panistas debía estar en la sombra, no por ello lo dicho por el ex dirigente es desconocido en medios políticos, se trata de secretos a voces. Espino está dispuesto a convertirse en el Muñoz Ledo del PAN.

lunes, 14 de julio de 2008

¿Y la agenda?


Los días se han extraviado en asuntos que son parte de la invisibilidad de la política: el espionaje. El gobierno federal es acusado de espiar a los legisladores y éste se limita a negarlo de manera defensiva, sin dar el paso proactivo de iniciar una investigación al respecto. No espiamos, nada más recabamos información de manera legal, dice el secretario en gobernación, en apoyo de su subordinado Guillermo Valdés, responsable del Centro de Investigación en Seguridad Nacional.

Es hora que el tema del espionaje no se da por concluido y queda la sospecha, sólo la sospecha, de que la información era recabada para usarla a manera de disuasión en el proceso legislativo de la reforma de PEMEX. Un esquema de extorsión a los legisladores para alcanzar los votos favorables al proyecto del Ejecutivo.

En los hechos, se ha perdido la conducción de la reforma no tanto por la especie del espionaje, sino por la inseguridad oficial a la hora de entablar el debate dentro del foro abierto en el recinto de uno de los salones del Senado. El gobierno se minimizó en el debate y, en consecuencia, minimizó el debate. Lo vio como un trámite que no modificaría el supuesto de un periodo extraordinario y un arreglo con el PRI.

El supuesto ya no está en la percepción oficial. El gobierno se rindió en el debate y se conformó con una anodina campaña publicitaria, representando a una ciudadanía que no se quiere ver consultada en la realidad, pues se prefiere la ciudadanía domesticada que aparece en un mensaje publicitario.

Y si la reforma se perdió, la guerra al crimen organizado amenaza con tomar el camino de la derrota de las instituciones. Eso sí sería gravísimo. En los últimos días, de manera más perceptible, la lucha ha trasgredido los límites de una confrontación entre delincuentes y representantes encargados de mantener el orden público. Ya no es el combate mortal entre sicarios, o entre éstos y la policía, en la cuenta de las bajas ya se incluye a mujeres y niños civiles. El combate ya no está encubierto por el sigilo, la sorpresa, el paraje apartado o bajo el manto de la noche. La guerra es de día a cielo abierto en ciudades como Culiacán, Sinaloa y Juárez en Chihuahua.

Los tiroteos en centros comerciales con persecución incluida ya son moda en Sinaloa. La toma de rehenes en un restaurante de Mazatlán y la espectacular huída de los delincuentes con descarga estruendosa de los AK 47, junto a la corretiza de parroquianos despavoridos que salía de la plaza al sentir su integridad física en riesgo, son sucesos que indican una nueva etapa de la confrontación y obligan al Estado al replanteamiento de su estrategia.

Para colmo, el legislador Manlio Fabio Beltrones -objeto del espionaje- ha estado bajo los reflectores mediáticos de manera continua de manera inusitada dentro de su trayectoria como figura nacional. El no atajar con eficacia las denuncias del senador por parte del gobierno ha tenido un efecto publicitario para el legislador que gratuitamente le ha concedido una pésima operación.


En el gobierno nadie quiere hacer el trabajo de clausurar civilizadamente los disensos, de trabajar seriamente los acuerdos posibles dentro de un gobierno dividido y un Ejecutivo sin un mandato popular contundente. Se actúa como si se tuvieran las condiciones de un partido hegemónico y ese es un cuento del siglo pasado.
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