martes, 9 de enero de 2007

Mano negra

La profesora Elba Esther Gordillo, de tiempo atrás, ha sido objeto de periodicazos y la verdad los ha resistido. Eso hay que reconocerlo, se trata de un hueso duro de roer.

Con el cambio de administración federal no le ha ido mejor en los medios a la Profesora. La condena a su actuación como personaje político y magisterial es ya unánime ¡Nadie la defiende! A excepción de su círculo de incondicionales. La punta de lanza de una nueva envestida, en contra de Gordillo Morales, la inició el diario Reforma el pasado diciembre.

El destino de la profesora depende de la única persona que puede acabar con su carrera política, el presidente Calderón, quien para ser efectivo no se ve como eludirá utilizar el expediente autoritario si en verdad quiere reducirla. La decisión no es fácil, no es una situación idéntica a la que vivió el líder petrolero Joaquín Hernández Galicia cuando fue avasallado por el aparato del Estado. Este dirigente hizo todo lo posible a su alcance para hacer fracasar el acceso a la Presidencia del hoy ex mandatario Carlos Salinas de Gortari. Eran adversarios inconciliables. La liquidación política del líder sindical fue inevitable e impresionante, pero no fue más allá de la venganza política, no mejoró la vida sindical del país y no se sabe si mejoró el rendimiento de la paraestatal PEMEX.

Se entiende que no se trata de minimizar a un actor por lo que a sus ambiciones políticas se refiere, lo que se busca es mejorar la calidad de la educación y el sindicato no ha sido el mejor colaborador. La dificultad peculiar estriba en que el SNTE y su dirigente vitalicia fueron aliados valiosos para sacar adelante la elección presidencial a favor de Felipe Calderón, situación diametralmente distinta a la de La Quina, quien se negó a plegarse. Caso contrario fue el de la Profesora, quien se anticipó a levantarle la mano al michoacano, anunciando su victoria antes de cualquier definición de las autoridades en ese sentido.

El asunto es que habiendo intercambios de por medio, fraguados al calor de la lucha electoral entre Calderón y Elba Esther, cómo convencer a una de las partes a que reduzca sus pretensiones políticas y conquistas laborales. Llegarles al precio y comprar su lealtad, la de los dirigentes, es un camino. O abrir una confrontación de resultado incierto, que podría situar en la agenda un tema superado, el del conflicto postelectoral. Se puede reponer en el debate nacional una discusión apenas sepultada, el hecho de que las manos limpias fueron asistidas por la mano negra. No es pura casualidad la reinserción de López Obrador en los medios electrónicos, así sea de madrugada en un programa propio de televisión en canal abierto.

No se trata de tantear. Las decisiones de la actual administración requieren construir un acuerdo en el que los poderes constitucionales, los tres niveles de gobierno y los partidos converjan, para que de manera decidida, ordenen a los factores reales de poder (no sólo al SNTE) a no operar un poder paralelo que negocia beneficios parciales a cambio de apoyo político, tal como ha ocurrido desde que la política ya no tiene la última palabra en las decisiones públicas. De otra manera, la mano negra de los intereses parciales se seguirá imponiendo a los intereses del desarrollo nacional.

¿Cuánto tiempo tendrá que transcurrir para que el presidente Calderón y su equipo logren convocar a la sociedad política? Las ceremonias y los comerciales se desgastan si no hay acuerdos que los apuntalen. Más aún si se insiste en comunicarle a la ciudadanía que las reglas y los acuerdos entre políticos no obligan, son un medio para entretener y engatusar al adversario.

Se requiere que la política funcione desde la cúspide, para que mañana no circule la especie no confirmada que gobierna un presidente dopado, tal como ocurrió con Fox. Tomar una decisión en relación con Elba Esther no se reduce a un acto efectista, publicitario, dirigido a la morbosidad pública como lo fue el quinazo o el arresto de Raúl Salinas de Gortari en los tiempos de Ernesto Zedillo. Esto último por anotar la ruta Zedillo que se ha comentado en la prensa, como inspiración posible de Felipe Calderón a raíz de una reunión comida que se efectuó en Los Pinos entre los dos personajes. El arresto del hermano incómodo no le aportó nada al mejor funcionamiento del gobierno, por el contrario, se vivió un tiempo de incertidumbre política y económica durante el primer año de su gobierno en 1995. Al final de cuentas la ruta Zedillo se fincó en tres decisiones: conseguir el apoyo de Estados Unidos y de los organismos financieros internacionales, cabildear hasta su aprobación la legalización del fraude del Fobaproa y atar de pies y manos al partido que lo llevó al poder. ¿Eso quiere el actual Presidente?

Qué es lo que estamos presenciando después de las primeras cinco semanas del sexenio: la parálisis, según el diagnóstico ¿Presagio? de Rolando Cordera publicado el domingo en La Jornada. Buena llamada hace el experimentado economista. Lo que importa al evaluar el desempeño de un gobierno son sus decisiones y sus resultados, Observar los fuegos fatuos del ceremonial, de la imagen o del estilo personal de gobernar es sólo una parte del análisis pero no lo es todo.

viernes, 5 de enero de 2007

¿La última llamada?

El relevo en la dirección del Partido Revolucionario Institucional no puede quedar distorsionado por la aversión o el desprecio que se predisponga hacia esa organización política. El PRI ha sido una institución nacional de trascendencia epocal, tan sobresaliente como otras instituciones, ya sea el Ejército o la UNAM. No existe organización política vigente que supere las magnitudes alcanzadas por ese partido. El PAN y el PRD todavía están lejos de lograr trascendencia, siguen siendo organizaciones subsidiadas por la cultura priísta. Incluso si toma uno en cuenta detalles nimios encontramos la genética del PRI. Hay que fijarse en como Manuel Espino y Leonel Cota Montaño hablan con el tonito de priístas de viejo cuño, hasta para mentir han aprendido a esconder el rubor.

Por eso es importante adoptar una perspectiva diferente, apreciar el cambio de los dirigentes en el PRI por su imbricación en los usos y costumbres de la política mexicana. Ya quedó demostrado que la alternancia no modificó grandemente el guión de la política mexicana, pese al esfuerzo por imprimirle una simbolización clerical y empresarial. Para adoptar una perspectiva diferente y radical se tendría que empezar no por considerar la desaparición del PRI, sino toda la constelación de partidos existente en la actualidad.

Entre los problemas que tiene el PRI se encuentra el relevo generacional, la última generación de jóvenes políticos se dio con Luis Echeverría. Desde entonces no se ha dado impulso a una nueva generación de políticos pues no se puede considerar a los tecnócratas una nueva generación de políticos priístas. Los tecnócratas provienen de una incubación exógena al PRI, que congeniaron por simple oportunismo y el tiempo les ha acercado el trapecio hacia el latido blanquiazul de su corazón. No son, ni han sido tricolores.

Pero un problema de mayor profundidad que tiene el PRI es que no ha sabido desarticular la leyenda negra que se construyó de su ejercicio del poder. Contenidos sobresalientes de esa leyenda negra lo constituyen la represión del movimiento estudiantil de 1968 y la posterior guerra sucia, los hechos de corrupción denostados por la clase media, los grupos empresariales y la derecha (denostación que palidece ante lo logrado por el foxismo en la materia) Todavía peor resultó para el PRI el haber incorporado la agenda neoliberal a las políticas públicas.

El PRI durante décadas tuvo el control de la agenda socialdemócrata del país bajo la modalidad idiosincrásica del nacionalismo revolucionario. El cambio de agenda sin consensar al interior de esa fuerza indicó la senda de la deserción, senda que más adelante se convertiría en traición abierta cuando se perdió la Presidencia de la República. Ideológicamente el último gobierno priísta terminó en 1982. La adopción del neoliberalismo no reconstruyó derechos sociales, compensatoriamente se abrieron los cauces democráticos que disminuyeron el autoritarismo. Cauces que no modificaron viejas prácticas ejecutadas ahora por otros actores. Mientras tanto, la leyenda negra persiste: el PRI como el principal problema del país.

Lo que suceda en el PRI durante su relevo puede ser el inicio de una nueva forma de hacer política para México y de ello dependen el conjunto de las fuerzas políticas. Del PRI depende construir una nueva coalición socialdemócrata que no está suficiente representada en sus brazos corporativos. Corporaciones que tienen su fortaleza no en su identidad con el PRI, sino por su inveterada subordinación al presidente en turno.

Entre tanto, el presidente surgido del PAN, Felipe Calderón, se aficiona en el uso de disfraces. En la mañana Chiva, al mediodía militar y por la tarde funcionario. Lo típico de un presidente priísta.

miércoles, 3 de enero de 2007

Operación Tijuana

Sin declaración de por medio, las vacaciones impusieron una tregua que puso fin a un convulsionado año de 2006. Por lo mismo, es incierto el día marcado para el reinicio de hostilidades. Sería mejor aprovechar el tiempo y que las fuerzas políticas se propusieran signar un acuerdo para darle continuidad a la paz política y promover la colaboración, la ley propuesta en el Senado para la reforma del Estado es un pretexto a modo, pero la desconfianza que prevalece en el ambiente político no lo permite.

El circo apagó casi todos sus reflectores, a excepción del que se proyecta sobre el equilibrista Felipe Calderón, quien desarrolla una rutina sobre una cuerda llamada guerra contra el narcotráfico. Es una tarea que exige la mirada fija en el extremo de la cuerda, donde se encuentra el descanso hacia la escalera de salvación, no puede distraerse para ver donde coloca sus pies, tampoco se puede dar el lujo de sonreír, la adrenalina se concentra en guardar el equilibrio de todo su cuerpo que avanza en armoniosa tensión con la cuerda.

Las acciones contra la inseguridad se han convertido en la política insignia de la administración que comienza. El vocero de este despliegue es el secretario de gobernación, Francisco Ramírez Acuña, experto en política interior. Al mes de iniciado el serial de operativos, se afirma que la lucha se dará estado por estado. Se trata de una cirugía láser para extirpar un tumor que atraviesa capilaridades y extensiones nerviosas del cuerpo afectado.

Se inició con la operación Michoacán el mes pasado, se continúa con la operación Tijuana desde el 2 de enero de este año que comienza. No se explica porque no se nombró operación Baja California, será porque se trata de un estado gobernado por el PAN, se trata de llamar la atención sobre un presidente municipal priísta, quién sabe. Lo cierto es que el cuidado de los operativos busca enfocarse en un asunto de policías contra ladrones, evitando efectos colaterales. Al menos así ocurrió en Michoacán.

Del informe dado por Ejército se revela la destrucción de plantíos, el decomiso de armas y droga. Se apresó a operadores del narco, ningún nombre ampliamente conocido con anterioridad. Nada que reprochar. El balance de Michoacán no incluye a funcionarios o políticos vinculados a la delincuencia organizada, tampoco habla de empresarios o fachadas empresariales. Se buscó disminuir los daños colaterales ¿ocurrirá lo mismo en Tijuana? ¿Vendrá un operativo Acapulco o Sultana del Norte?

Tampoco se informa oficialmente sobre el peso específico del narcotráfico en la economía del estado de Michoacán, que junto con las remesas que envían los paisanos que se quedan a trabajar en los Estados Unidos, es muy posible que sean el motor de las actividades económicas de la región. Es necesaria tener preparada la compensación económica para la cual la iniciativa privada no tiene disposición o capacidad para surtir, por más que se propaga la insidiosa ideología de que el mercado lo puede todo, el Estado tiene que impulsar las actividades compensatorias.

La guerra ha comenzado.
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