martes, 27 de julio de 2021

Vamos por el Sí

Durante el gobierno de Miguel de la Madrid se empezó a generar condiciones para el desastre neoliberal. Faltaron reformas de gran “calado”, como les dio gusto decir a los tecnócratas. Eso sí, fue un gobierno de contención de las demandas agrarias, sindicales y de fumar la pipa de la paz con los empresarios. De falsa moralización y fingido combate a la corrupción, de perseverante estigmatización de la inversión pública. De empoderamiento de los cuadros tecnocráticos y la siembra de su núcleo ideológico: los derechos de propiedad primero. Con la desfachatez de seguirse proclamando dentro del nacionalismo revolucionario. Se comenzó a romper los equilibrios, más no efectivos o no plenamente realizados, con los derechos laborales, a la educación y la salud. Los derechos de propiedad se convirtieron en el centro y guía de la conducción del país, sin advertir que serviría de eficaz encubrimiento de la corrupción, el tráfico de influencias, despojos, desfalcos fiscales, formación de empresas fachadas. Nada que ver con un idílico libre comercio. En una alianza entre empresarios y políticos, representada en la metáfora de la puerta giratoria.

Los sucesores del presidente gris se encargaron de hacer los cambios jurídicos para institucionalizar la corrupción, legalizar el robo. Así, de manera sostenida, los gobiernos neoliberales se brindaron continuidad antes que rupturas. Se puede sugerir que el pleito entre Zedillo y Salinas fue más una simulación distractora que una confrontación de políticas. Fue el de Agualeguas el que, con el apoyo del Congreso, instituyó en la ley, el Fondo para atender la eventualidad de insolvencias de la banca reprivatizada por él. Fue el Burro Blanco, el que, de manera despiadada, operó el FOBAPROA (IPAB) para hacer deuda pública la quiebra de los bancos privados. Algo semejante se puede decir de la alternancia, el cambio de partido político en la titularidad del Poder Ejecutivo. Más que nada, se trató de la instauración del “turnopartido” para darle continuidad a un mismo proyecto centrado en el proyecto en el derecho de la propiedad privada y las distorsiones mencionadas en el párrafo anterior. Dotarlo de legitimidad electoral.

Repito. Los cambios jurídicos se orientaron a la apropiación de riqueza en pocas manos y al despojo de la mayoría de la población, de sus bienes y derechos.


Foto de Archivo La Jornada 2002.

Para clarificar, pondré la vinculación privatizadora de una reforma estructural y la respuesta de resistencia de un núcleo de población. La reforma al artículo 27 constitucional impulsada por Salinas de Gortari le quitó el carácter inalienable a la propiedad ejidal. Estatuyó un procedimiento, la certificación de derechos ejidales como la llave para abrir al mercado las parcelas ejidales; Ernesto Zedillo se esmeró en avanzar el programa de certificación hasta concluirlo. No por ello los campesinos se pusieron a vender sus tierras, por el contrario, se hicieron más conscientes de cuidar su patrimonio; Vicente Fox, en alianza con el gobernador mexiquense Arturo Montiel, se montó en esta reforma estructural para promover la primera versión del aeropuerto en Texcoco sobre los terrenos ejidales de San Salvador Atenco. Les ofrecieron una bicoca a los ejidatarios. Éstos se dieron cuenta de que se trataba de un potencial despojo e iniciaron una movilización que hizo naufragar el proyecto foxiano. Con el cambio de gobierno en el Estado de México, todavía dentro del sexenio de Fox, Enrique Peña Nieto -en complicidad con Fox erizo- reprimió a los ejidatarios de Atenco, en venganza por haber frustrado ese proyecto aeroportuario. Peña Nieto hizo una segunda versión de construcción del aeropuerto internacional de la CDMX, secando uno de los remanentes del antiguo Lago de Texcoco. Ya se sabe como acabó ese segundo proyecto, desbarrancado por un nuevo gobierno y una consulta popular; para cerrar sobre las consecuencias depredadoras de la reforma al 27 constitucional, durante el gobierno de Felipe Calderón se concesionaron miles de hectáreas para fundar explotaciones mineras. Otra vertiente del saqueo neoliberal, aplaudida por mineras canadienses y empresarios como Alberto Bailléres y Germán Larrea.

Por todo esto, la consulta del primero de agosto es ocasión para darle un tercer mazazo cívico a los políticos y funcionarios que hicieron de las reformas estructurales una palanca para su propio enriquecimiento. Cuando se tiene claro que la política y el servicio público sólo tienen como fin superior el bien de los ciudadanos.

sábado, 10 de julio de 2021

Ofensiva desinformadora

 Al no alcanzar el objetivo de controlar la cámara de diputados, la derecha lanza una nueva ofensiva mediática. Empresas periodísticas ponen a trabajar horas extras a sus testaferros. Sin dejar de agredir la política oficial que enfrenta a la pandemia, tras la derrota del 6 de junio la derecha se ha parapetado en los asuntos de seguridad y desde ahí proclama ¡Esto está peor! Lo hace sin matiz, sin escrúpulo alguno. La violencia de las últimas semanas bajo la operación de bandas delictivas en Tamaulipas, Michoacán y Chiapas les ofrece un pírrico arsenal para lanzar su acometida.

Hacen tabla rasa, como si se tratará de sucesos nacidos por generación espontánea. Concluyen con su distorsionada visión: Ah, el gobierno no hace nada. Eso sí, protegen o no denuncian a los gobiernos en los que hicieron su aparición las estructuras criminales que obstruyen la paz (nada o poco dicen de la consulta popular para llevar a juicio a los expresidentes). El único responsable es el actual gobierno de la república. Más precisamente, sostienen que el presidente López Obrador no ha sido feroz contra la delincuencia organizada, le reclaman medidas de excepción. Tal vez con ese garlito quieren tener justificación cierta para hablar de la dictadura.



Esas empresas periodísticas y sus pistoleros no ven la estructura gubernamental en su conjunto, todo lo quieren reducir a la voluntad presidencial, cuando de manera muy directa hay responsabilidades del Poder Judicial, de las fiscalías, de autoridades estatales y municipales en los asuntos de seguridad. Si algo está bajo la influencia del presidente son sus colaboradores y no hay indicios de vinculación de altos funcionarios con el crimen organizado. Esto es, no hay un Genaro García Luna que denunciar en la administración de López Obrador. Se ha roto ese vínculo que sí se dio en otras administraciones. Es un cambio que se invisibiliza en los medios tradicionales. Como el hecho de que no se recurra a masacres para combatir al crimen.

Hacen amnesia de todo lo que ha sucedido en Tamaulipas desde el último tercio del siglo pasado, donde algunos gobernadores fueron aliados de los criminales. Desde ese rango de autoridad se ha obstaculizado la intervención federal. Y cuando se inicia un procedimiento, como el que tiene en la mira al desaforado gobernador de Tamaulipas -Francisco García Cabeza de Vaca- hasta el congreso local e instancias judiciales salen en su defensa.

Se les olvida que la declaración de guerra se hizo en Michoacán de parte de Felipe Calderón y lo único que propició fue arraigar organizaciones delictivas, hasta su hermana mantenía conversaciones telefónicas con la delincuencia. Para empeorar, con el presidente Peña Nieto se autorizaron las autodefensas en ese estado de la república y se nombró un comisionado. Acaso es lo que se demanda ahora, la aplicación de medidas discrecionales, francamente ilegales.

El estado de Chiapas no ha tenido relevancia noticiosa como centro de operaciones del crimen organizado, hasta estos últimos días. Pero desde hace años ese estado ha sido puerta ilegal de entrada para las drogas y el armamento. Si las aduanas están funcionando mejor, la Armada se está aplicando a lo largo de la costa chiapaneca, entonces es probable que la disputa entre bandas se agudice por controlar el contrabando. Pero de eso no se habla en las empresas periodísticas y sus columnistas. La nota es celebrar por anticipado un eventual fracaso del gobierno federal en materia de seguridad.

En esas están, cuando el día siete de julio del año en curso se conoce de la captura de Luis Cárdenas Palomino. Se han tardado en salir  a defenderlo. Los que lo contrataron en el sector público y en el privado, como a los que sirvió de fuente, no han dicho algo al respecto. Los medios tienen que comprometerse con la verdad y no escudarse en la libertad de prensa para difundir falsedades y velar por sus intereses particulares. La consulta popular del 1 de agosto puede servir de punto de convergencia para cimentar la transparencia de la vida pública.  

miércoles, 30 de junio de 2021

A barrer

“La cuestión acerca del procedimiento mejor para impedir que arriba de todo se forme una conspiración para obtener impunidad es uno de los problemas políticos más difíciles de resolver.”

Simone Weil

Porque el primero de agosto tenemos una cita, hablemos de la consulta popular y del juicio a cinco expresidentes. Estamos ante el próximo ejercicio de democracia participativa que puede marcar un antes y un después, por lo que a moral pública se refiere. Ello obliga a no dejar pasar esta oportunidad. Si tienes credencial de elector vigente participa. Para que nunca más se vuelvan a tomar decisiones trascendentes sin consultar o consultadas de manera fraudulenta.

No se olvida que Carlos Salinas de Gortari quitó efectividad a postulados constitucionales de soberanía, interés público, propiedad social y otros, para disponer la riqueza del país al servicio de unos cuantos.

No se olvida que Ernesto Zedillo Ponce de León se excedió en los términos de la reprivatización de la banca instruida por su antecesor, la cual instituía el FOBAPROA, convirtiendo a éste en un instrumento de impunidad y de incremento exorbitante de deuda pública a pagar por generaciones de mexicanos.

No se olvida que Vicente Fox Quesada, recibió todas las facilidades de su antecesor para desviar la alternancia y establecer el “turnopartido”. Esto lo llevó a despreciar el mandato popular al definir un gobierno para los empresarios.

No se olvida que Felipe Calderón Hinojosa, ungido por el fraude electoral que le obsequió su antecesor, declaró la guerra al narcotráfico sumergiendo al país en la violencia.

No se olvida que Enrique Peña Nieto, potenciando todos los males de sus antecesores, hizo reformas constitucionales (Educativa, Energética, laboral) para borrar todo contenido popular y social del Estado Mexicano, de esta manera afianza un régimen oligárquico contrario a la Constitución.



Los cinco expresidentes se esmeraron por hacer del servicio público un medio para aumentar sus riquezas personales de manera desproporcionada a sus salarios como funcionarios.

Con los cinco, en México escaló el daño de las actividades criminales que seguimos padeciendo.

Para alcanzar estas deplorables consecuencias se remodeló el edificio jurídico. El Poder Judicial se convirtió en el supremo poder conservador. Así se dio forma, durante el periodo 1988-2018, a la corrupción institucionalizada. Por eso es un poder tan activo para detener la transformación en curso.

Tampoco es de extrañar el que se den ejecuciones como las de las últimas semanas de parte del crimen organizado, actuando como el brazo armado del neoliberalismo. Precisamente ahora que ya no cuenta con la complicidad abonada por la autoridad federal.

Este primero de agosto vota Sí.

 

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