lunes, 26 de octubre de 2009

Agudizando las contradicciones



Desde que la competencia electoral en México alcanzó un grado mayor de credibilidad, la clase política mexicana ha hecho esfuerzos descomunales para hacer de las elecciones su principal actividad. Los políticos batallan primero para ganar la postulación de cualquier partido político. Si alcanzan la postulación batallan para ganar el puesto deseado. Enseguida, logrado el objetivo, se alistan para una nueva postulación. Y así se les va la vida: en campaña permanente. Cómo gobiernan o qué legislan, según sea el caso, resulta secundario, lo que les importa es que la ciudadanía les asegure una chamba bien remunerada y los libre del desempleo. Y como nada es seguro en democracia, esa misma clase política tiene un incentivo poderoso para corromperse: el cargo es temporal y hay que tomar recursos de donde haya y vender su alma al poderoso que les ayudó, se trate de un gobernador o de un magnate, lo importante es que la política reditúe como mecanismo de acumulación.

Este cuadro ha sido puntualmente reproducido durante el proceso de la aprobación de la ley de ingresos en curso. La propuesta de aumentar los impuestos se ha justificado por el boquete de las finanzas públicas de 300 mil millones de pesos, es lo que se dice. Lo que no se dice es que los afanes recaudatorios tienen, entre otros propósitos, financiar la carrera de Enrique Peña Nieto para llegar a la Presidencia o promover las candidaturas a gobernadores de algunos senadores. Es lo que ha dejado al desnudo el actual debate sobre la recaudación del próximo año. La clase política no escucha recomendaciones, como la que sugiere no incrementar los impuestos en tiempos de recesión o generar intervenciones que amplíen la base de contribuyentes. Tampoco le interesa hacer un esfuerzo serio por rendir cuentas o evitar el subejercicio ¿Para qué entonces pide más recursos que se desvían o simplemente no se gastan? Pues para mantenerse en campaña y realizar personales negocios, el amor a la patria o el combate a la pobreza son engañifas.

Lo que los mexicanos tenemos en el Congreso no son representantes populares. Son súbditos de los gobernadores o personeros del Presidente. La representación popular está secuestrada, por eso el paquetazo fiscal fue aprobado por mayoría y reprobado en la opinión pública. La propuesta ley de ingresos ha sido mal recibida y la porción de diputados que estuvieron en contra siendo minoría tienen, hipotéticamente, un gran respaldo de la ciudadanía. Cosa de verse, la toma de la tribuna por parte del PT y los amloístas del PRD no fue sometida de inmediato a la pira mediática. También hubo diputados del PRI que se resistieron a seguir la línea y votaron a “conciencia” del costo de dicha aprobación. Un gobernador, Humberto Moreira, “instruyó a sus diputados” a votar en contra de la propuesta.

Desde que al país lo alcanzó el gobierno dividido todo se ha ido en disputas estériles, en legislar para simular, en pérdida de crecimiento, en ampliación del número de pobres, en el recrudecimiento de la violencia, en el encono entre mexicanos. Escandalizados y atemorizados, la mayoría de los mexicanos son espectadores de la representación conocida como “agudización de las contradicciones” según lo recuerda a este blog Luis Ángel Gómez (obrerólogo en receso) Se trata de una teorización de Mao Ze Dong en su Tésis sobre la contradicción. En el parecer de los discípulos maoístas, la agudización de las contradicciones es el procedimiento para acelerar el cambio (revolucionario) En una de esas hasta Felipe Calderón resulta émulo del camarada Mao, de tal forma que se cumple aquello de: “Los contrarios se transforman el uno en el otro, pues entre ellos existe una determinada identidad”. Al grado de no saber quién es quién, la ciudadanía y los contribuyentes no ven la suya.

Lo que sucede en el Congreso da lugar a extraña conjunción entre organismos empresariales, el PT, AMLO y Manlio Fabio Beltrones en contra del paquetazo. Conjunción que no tiene mucho de donde sostenerse como para abrigar esperanzas de una clase política con verdadera vocación de servicio público. Y en aras de agudizar las contradicciones, las declaraciones de César Nava para endosarle al PRI la paternidad de la ley ingresos puede no resultar una verborrea ingenua o inexperta ¿Alguien puede asegurar que Cesarín se maneja solo?

El asunto no es contra los impuestos, ellos son parte irremplazable de todo Estado. La cuestión es que no se los roben, que se apliquen bien. Hay una genética de corrupción y de impunidad que el PANgobierno no está dispuesto a combatir. Por el contrario, los consideran derechos adquiridos a perpetuidad después de tanto tiempo de fungir como oposición leal. Para eso llegaron al poder. No es casual que Vicente Fox y Felipe Calderón se hayan entendido tan bien con esa insignia del viejo régimen que es la CTM. Son corruptos.

lunes, 19 de octubre de 2009

Privilegios a debate



Aunque parezca increíble, un país como México, que ha entablado guerras internas causadas por el enojo de muchos en contra de los privilegios de uno cuantos, se encuentra en el umbral de situaciones que se creían superadas. El decreto liquidacionista de Luz y Fuerza del Centro y su sindicato, que publicó el actual gobierno el 10 de octubre, ha abierto sin proponérselo el tema de los privilegios. Desde diversas perspectivas, se ha expresado en la opinión publicada menciones referidas a los privilegios. No se cita para evitar omisiones.

Históricamente, el combate a los privilegios se encuentra asociado a los pasos hacia la modernidad encaminados cancelar las disposiciones exclusivas y excluyentes del orden monárquico feudal. Un personaje fundamental en este debate universal fue Rousseau. No sólo disertó sobre las desigualdades entre los hombres, también propuso un mecanismo para reducir esas desigualdades: el contrato social. Sin ser radical, el ginebrino se proponía un orden que redujera los dictados estamentales para sustituirlos por normas en que cada individuo se viera y se sintiera más igual a su semejante. A su pensamiento quedaron relacionadas las revoluciones burguesas, la francesa en particular, las guerras de independencia en América. México no fue la excepción. Los puntos de quiebre en la historia nacional están marcados por las disputas que generan los privilegios: de los peninsulares frente a los criollos en la gesta de Independencia, del clero y los militares frente a la clase media ilustrada durante la reforma liberal, de los propietarios de minas y hacendados frente a los peones en la guerra de revolución.

Por eso, cuando Felipe Calderón justifica su decreto para liquidar a LyFC y a su sindicato como una definición en contra de los privilegios de los electricistas, no pocos se han preguntado si en realidad se están atacando privilegios poderosísimos, si el gobierno estará dispuesto a combatir privilegios mayores. Este debate lo abrió el gobierno y no se sabe si tenga capacidad para conducirlo y concluirlo, pues su decreto está anclado en el corto plazo: liquidar al SME. Ayudado por plumíferos y vociferantes, Calderón ha ondeado la bandera en contra de los privilegios, tras ella pretende ocultar el abuso de poder en el que ha incurrido. Lejos de producir equilibrios se está apurando la polarización.

En la actualidad, un privilegio es la concesión de una exclusividad que hace la autoridad hacia un ciudadano, empresa o gremio, que le otorga ventajas respecto a otros ciudadanos, otras empresas o el conjunto de los asalariados. El electricista que gana seis mil pesos es un privilegiado respecto a los que no tienen empleo o a los que no tienen una organización que lo respalde (como es el caso de los empleados que laboran en McDonald’s o Wal-Mart) Su privilegio se minimiza y es nada frente a los privilegios del Presidente de la república, de los Senadores, los Diputados, la jerarquía católica, los grandes empresarios. Al gobierno le molestan los privilegios del contrato colectivo del SME pero no dice nada de los privilegios que prodiga en las concesiones de radio, televisión y telefonía, en el mantenimiento del régimen de consolidación fiscal que beneficia a las grandes empresas, en los contratos que empeñan recursos públicos y favorecen a familiares o amigos del Presidente o miembros de su gabinete. Y qué decir de ese gran privilegio dirigido a la banca comercial, el maldito Fobaproa-IPAB. No hay voluntad del Ejecutivo para combatir a fondo los privilegios.

Se ha iniciado la guerra en contra de los privilegios, que puestos sobre la báscula su destino será dividir a la sociedad sino se actua a tiempo para restablecer la paz social. Ya se verá de qué cuero salen más correas.

viernes, 16 de octubre de 2009

Ordenando la calabaza



Veinticuatro horas después, demasiada información se ha difundido sobre la marcha convocada al calor del conflicto entre el gobierno federal y el Sindicato Mexicano de Electricistas. Una marcha pacífica, que como todas y por regla general, plantea demandas máximas y obtiene resultados mínimos, si es que los alcanza más allá de la catarsis. No es por despreciar, así es la realidad. Se prometió una mesa de diálogo sin quitarle la pata del cuello al sindicato.

Se calculan varias cifras para aproximar el número de participantes y la principal dificultad es que no se llega a una compactación de la masa para una fotografía completa. Lo seguro es que no fueron cincuenta mil y sí más de ciento cincuenta mil los que pudieron circular durante cuatro horas.

No todos los marchistas iniciaron desde El Ángel, muchos se iban incorporando por las calles aledañas. En el eje Reforma-Juárez se hacía un doble flujo en un mismo sentido, los que caminaban por el arroyo y los que, más rápido, trotaban por la banqueta. No todos los que marcharon llegaron al Zócalo, ni todos los que llegaban esperaban y permanecían a que llegaran los demás. Eso sí, con toda seguridad estuvieron más del 0.09 de mexicanos y no será la última marcha del sindicato. Fueron más de cuatro causas o razones que animaron el apoyo al SME, entre otras el incremento del número de pobres, el desempleo, la recesión económica. Y de manera muy clara, las ganas de mentarle la madre al Presidente. En las cartulinas improvisadas dos eran los epítetos favoritos que le hacían a Calderón: ratero y corrupto. El estribillo más coreado: “sacaremos a Felipe de los güevos”.

De los contingentes el del SME fue el mayor, seguido de la suma de gremios y estudiantes. Muy por abajo y al final el PRD. Los que no tenían contingente fueron muchos. Es de destacar que gracias a la palabrería oficial se pudo detectar una categoría social, la de los “saltacomidas”, esos que tanto sorprenden al secretario de desarrollo social en sus empeños actuariales y que tuvo que llegar al gabinete para darse cuenta de ellos, que son tan antiguos que ya en los Evangelios se cuenta el milagro que operó Jesús para multiplicar los panes y los peces. Los “saltacomidas” estaban por todas partes. Eran un chingo. A esa categoría quieren reducir a los electricistas y sus familias de Luz y Fuerza.

Es de jurar que la multitud allí reunida no era de privilegiados. O si se quiere, los privilegios ahí reunidos son nada ante el privilegio de los comensales que se reunieron, el día anterior, para celebrar la semana de la radio y la televisión que año con año convida la Cámara que los corporativiza y les sirve para defender sus intereses y sus derechos, privilegios .

Y pensar que todo este conflicto se tenía planeado desde octubre de 2006, según nos lo cuenta Alberto Barranco en El Universal. Se arriba a una fase superior de fascismo – en algo tenía que mejorar el país- el fascismo milimétrico. Un fascismo que no deja de ser corriente, pues como firma una cosa hace otra. (Leer a Ciro Murayama en La Crónica de Hoy)

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Los dictadores, como los asesinos seriales, portan su insensibilidad en la fortaleza de su conciencia tranquila.
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